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El Sistema de Protección a la Infancia de Canarias cree en segundas oportunidades: "Lo ideal es que el menor pueda volver a su hogar"

Un total de 149 niños que habían sido declarados en desamparo han sido reintegrados en su familia desde julio de 2023

La directora general de Protección a la Infancia, Sandra Rodríguez

La directora general de Protección a la Infancia, Sandra Rodríguez / Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

En Canarias, un total de 149 niños que habían sido declarados en desamparo han sido reintegrados en su familia desde julio de 2023, mes en el que arrancó la legislatura. Cuando el proceso culmina en este punto, con el protagonista de vuelta en su hogar, se puede decir que ha sido un éxito para la familia y también para el propio sistema.

Según los últimos datos de la Consejería de Bienestar Social, en la actualidad hay 1.747 niños canarios declarados en desamparo. De ellos, el 55% (963) se encuentran acogidos por una familia, mientras que el 45% está en un centro. Entre todos ellos, hay 63 chicos que están esperando a que culminen sus expedientes para ser adoptados por una nueva familia.

Sin embargo, antes de llegar a este último eslabón de la cadena, lo ideal sería que el peque no tuviera que alejarse de su entorno. «El objetivo en el que todos estamos inmersos es la preservación familiar, lo que intentamos es que los padres aprovechen todo aquello que tienen a su alrededor –la red de apoyo social, vecinal, la educativa…– para que la vulnerabilidad desaparezca o, al menos, se atenúe, consiguiendo así que el niño esté siempre en su hogar», explica la directora general de Protección a la Infancia y las Familias, Sandra Rodríguez.

El gran desconocido

El Sistema de Proyección a la Infancia, diseñado para prote a los peques más vulnerables, es uno de los engranajes públicos más desconocidos. Se trata de un procedimiento que comienza, por ejemplo, cuando se detectan las primeras faltas injustificadas en el instituto y que se puede alargar durante muchos años, incluso tiempo después de que el menor cumpla la mayoría de edad. El final de la cadena puede ser muy distinto para cada niño, pues mientras algunos vuelven a sus hogares, otros encuentran una nueva familia que les llene de amor.

Todo este entramado integra a todas las administraciones de Canarias implicadas en esta materia, desde los ayuntamientos, al Gobierno regional, pasando por los cabildos insulares. La Dirección General de Protección a la Infancia y a las Familias es quien, de alguna manera, coordina y supervisa todo el entramado. Los equipos de prevención de los consistorios municipales detectan, a través de distintos indicadores, si un menor se encuentra en situación de riesgo. Las primeras alarmas pueden saltar en cualquier ámbito, por ejemplo, en el educativo, si un docente percibe que un alumno se ausenta sin motivo aparente o que no trae desayuno; en el sanitario, tras una revisión con el pediatra; en la propia familia o en su entorno social.

El hecho de que exista cierto riesgo no significa que ese joven tenga que ser declarado en desamparo, es decir, que el Ejecutivo asuma su tutela. Esa decisión solo se toma en aquellos casos en los que sus padres incumplen sus deberes de asistencia y protección. Lo más común es que detrás de esta situación, considerada de extrema vulnerabilidad, haya un menor víctima de abandono, malos tratos, drogadicciones o cualquier otro ambiente familiar inadecuado.

Proceso

Lo ideal sería que ningún menor tocara las puertas de la prevención ni de la protección. «Cuando lo hacen significa que todo los demás ha fallado», reconoce Rodríguez. Una vez que se declara en situación de desamparo, la Administración mira hacia la acogida, que puede producirse de dos formas distintas: en extensa, si el menor se queda con sus abuelos, sus tíos o algún otro pariente; o en una familia ajena, sin vínculos previos, que pueda proporcionar a ese niño los cuidados que requiere. Si estas fallan o si no son posibles, los menores terminan en centros.

Acogida

En los últimos años, una reorganización del sistema ha permitido que ningún recién nacido tenga que pasar por un recurso residencial, en su lugar, todos se quedan en acogida. «Tenemos familias de urgencia de las que se tira en esos primeros momentos», apunta la directora general.

A su juicio, prestarse a la acogida es de lo más desprendido que puede hacer una persona: «Cuidas de un niño que te necesita y te conviertes en su referente, pero al mismo tiempo tienes que ir trabajando para que vuelva con su familia o para que se integre en una nueva». Sea cual sea el destino de este menor, las distintas administraciones llevan un seguimiento exhaustivo con el que siempre se prioriza el bienestar del menor.

Adopción

La adopción, recuerda, no es un derecho de la familia, sino una medida de protección a ese niño. Además, Europa está avanzando hacia un nuevo modelo: la adopción abierta, para que el niño mantenga la relación con su familia de origen. Aunque, advierte, que lo que realmente necesita el Archipiélago son familias de acogida. «La adopción no debe entenderse desde el anhelo de ser padre, no va por ahí; lamentablemente, se produce cuando todo el sistema anterior ha fallado. Por eso, queremos apostar por los otros eslabones», defiende.

Al tiempo que se refuerza todo este sistema se trabaja en la prevención, para que cada vez sean menos los niños atendidos. Uno de los principales problemas es que, por ejemplo, el último diagnóstico de la situación de la infancia en Canarias –que se utilizó para elaborar la estrategia vigente– se elaboró hace ocho años. «La sociedad ha evolucionado muchísimo desde entonces y los peligros que enfrentan los jóvenes son distintos», afirma haciendo referencia a cuestiones como las nuevas tecnologías.

Prevención

Para conocer estas nuevas amenazas, la Dirección General ha destinado parte de su presupuesto a un nuevo análisis que realizarán las dos universidades públicas de las Islas. Ese nuevo diagnóstico estudiará cada enclave del territorio, para conocer la realidad desde lo local hacia lo insular y hacia lo autonómico. Este enfoque, en palabras de Rodríguez, les permitirá adelantarse a posibles situaciones de violencia. «Queremos sentar las bases de cara al futuro porque no podemos olvidar que, detrás de cada dato, hay un niño que forma parte del sector más vulnerable de toda la sociedad. En muchos casos son menores que solo tienen al sistema y, por tanto, el sistema no puede fallarles».

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