El Pergamino de Clío
La gran muralla china

La gran Muralla China / LP / ED
Lara de Armas Moreno
La Gran Muralla China conforma en sí misma un gran y complejo entramado histórico que involucra a millones de personas de diferente rango social y procedencia durante 2.200 años.
Se concibió desde sus inicios para ser una fortificación destinada a proteger los estados del norte del país de las incursiones de los pueblos nómadas que desde el siglo V atacaban el sur cuando se quedaban sin recursos en la estepa y encontraban dificultad para alimentarse de la caza. Las primeras construcciones se hicieron de madera y tierra, materiales poco resistentes al paso del tiempo.
El emperador Qin Er Shi unificó los territorios durante el siglo V, a partir de este momento, los futuros emperadores pondrían todo su empeño en frenar la amenaza procedente del norte. Para conseguirlo utilizaron dos estrategias, la primera consistía en pagar subsidios a los norteños para que no atacaran o lo hicieran con la menor asiduidad posible. Pronto los nómadas se dieron cuenta de que podían utilizar los ataques para presionar al estado chino y conseguir mejores subsidios.
La segunda se basaba en construir defensas para evitar las incursiones. Durante siglos los emperadores construyeron fortificaciones aisladas y, con la llegada de la dinastía Ming, se fueron unificando hasta llegar a la Gran Muralla. Los Ming hicieron algo diferente a sus predecesores y es que modificaron los materiales de construcción. Cambiaron el adobe por los ladrillos y la piedra, algo que, si bien incrementaba la resistencia de la muralla, también lo hacía con los costes y la mano de obra necesaria.
La Gran Muralla China, por su longitud y envergadura provocaba respeto a quien la miraba, sin embargo, presentaba algunos problemas. Su propia extensión hacía muy difícil su vigilancia ya que las distancias entre los puntos clave eran extensas y complicaban la comunicación entre ellos, algo que los nómadas conocían y aprovechaban a su favor.
Hay datos que certifican que la suma de todos los tramos de la muralla construidos llegaría a superar los 20.000 km. Tiene una altura media de 7 metros y unas 24.000 torres de vigilancia que llegan a alcanzar los 15 metros. De su construcción se encargaron soldados, civiles, esclavos, campesinos y presos que trabajaron en condiciones extremas.
Existe un documento oficial del imperio de mediados del siglo XV: «Los soldados en la frontera noroccidental están expuestos al viento y el frío. Ya sirvan como vigías en las torres de señales o como guardias en los pasos […] pueden estar fuera durante meses o años sin regresar a su base, y sus familias e hijos, careciendo de ropa y comida, están en una situación desesperada. Ciertamente, reciben un salario mensual, pero muy a menudo tienen que gastarlo en armas o caballos y sus sufrimientos por el hambre y el frío son indescriptibles».
Muchos de los soldados desertaron y se pasaron al bando de los nómadas. La muralla evitó los ataques de los norteños que eran expertos en disparar sus flechas mientras montaban a caballo, pero no evitó que buscaran otras estrategias efectivas de ataque. Tampoco evitó que los soldados se hicieran amigos de los nómadas, un comandante militar escribió en 1550 una queja que decía: «Nuestras tropas y exploradores a menudo van al territorio mongol para comerciar con ellos y han hecho amigos. Los cuatro caudillos Altan, Toyto, Senge y Usin han incorporado torres de observación de nuestra Gran Frontera a sus campamentos. Los mongoles reemplazan a nuestras dotaciones como vigías y nuestros soldados reemplazan a sus tropas como pastores, con el resultado de que ninguna información estratégica de nuestras defensas pasa inadvertida a los mongoles».
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