Dietas milagro, soluciones rápidas que afectan a la salud
Los planes nutricionales muy restrictivos no solo provocan un efecto rebote, también tienen repercusiones en el metabolismo

Imagen de un desayuno. / Europa Press
Tras los excesos propios de las fiestas navideñas, la urgencia por recuperar la figura lleva a muchas personas a buscar soluciones rápidas para perder el peso ganado. En este contexto, las llamadas dietas milagro se presentan como una opción muy atractiva, a pesar de los riesgos que entrañan para la salud y a su limitada eficacia a largo plazo. Estos patrones alimentarios prometen resultados espectaculares en poco tiempo y con un esfuerzo mínimo, una combinación tan atractiva como engañosa que preocupa a los especialistas.
«Estas dietas suelen ganar protagonismo en esta época por el sentimiento de culpa que experimenta una parte de la población por haber comido y bebido más de lo habitual en las reuniones sociales», explica Roshni Peswani, dietista y nutricionista en el Hospital Perpetuo Socorro (HPS) de la capital grancanaria.
Ahora bien, estos cambios bruscos en la alimentación pueden tener serias consecuencias en el organismo. Tal y como afirma el doctor Julián Tamayo, especialista en Endocrinología y Nutrición en el mismo centro, el hecho de pasar de consumir comidas muy abundantes a dietas muy bajas en calorías favorece la aparición de una serie de alteraciones metabólicas. Entre ellas, destaca la reducción del gasto calórico en reposo y el incremento de la eficiencia energética, lo que dificulta la pérdida de peso sostenida en el tiempo. «El organismo deja de gastar y aumenta el ahorro. Además, disminuye la producción de hormonas como la leptina o la insulina, y se incrementa la de otras como la grelina, por lo que aumenta mucho el apetito y se produce el conocido efecto rebote», aclara el facultativo.
Funcionamiento metabólico
Y es que mantener durante largos períodos dietas muy bajas en calorías puede alterar el funcionamiento normal del metabolismo. «Cuando el cuerpo no recibe suficientes hidratos de carbono ni grasas, busca energía donde puede, incluso en las proteínas de los músculos. Como consecuencia, la masa muscular puede verse afectada», anota el endocrinólogo. Esta pérdida de masa muscular reduce el gasto energético diario, algo que facilita que el peso perdido se recupere con rapidez al retomar una alimentación normal.
Entre las dietas milagro más populares, se encuentran las détox -basadas en jugos o batidos-, los ayunos intermitentes mal planteados, aquellas que eliminan grupos completos de alimentos como los hidratos de carbono o las grasas, y las que se centran en un solo ingrediente, como la piña, el limón o la alcachofa. Al listado se suman las dietas hiperproteicas, que muchas veces son promovidas por influencers en las redes sociales.
«Suelen ser muy restrictivas e insostenibles a largo plazo. El problema está en que, al no reeducar ni corregir los hábitos perjudiciales que condujeron al sobrepeso, cuando se abandonan estas dietas, se tiende a recuperar todo el peso y, normalmente, con kilos extra de regalo», insiste Roshni Peswani.
Asimismo, la profesional recuerda que aunque al principio se pueda observar una rápida disminución de peso en la báscula, esta no suele ir de la mano de una pérdida real de grasa corporal. «En las primeras semanas, lo que se pierde principalmente es líquido y masa muscular, no grasa, que es lo que deberíamos intentar reducir», asevera.
Menos de mil calorías
Además, muchas dietas milagro contemplan una ingesta inferior a las mil kilocalorías diarias, lo que expone a quienes las siguen a múltiples riesgos para la salud. Entre ellos se encuentran los déficits nutricionales, que pueden manifestarse con caída del cabello, fragilidad de las uñas, sequedad de la piel, mareos, irritabilidad y alteraciones del estado de ánimo.
A nivel psicológico, estas dietas también pueden tener efectos negativos importantes. «Suelen clasificar los alimentos como buenos o malos, lo que genera frustración y culpa cuando no se pueden seguir», detalla Peswani. «Esto favorece una mala relación con la comida y puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria», agrega.
Pero el conflicto es más profundo. De hecho, el déficit energético y nutricional es capaz de causar alteraciones hormonales como la amenorrea, en el caso de las mujeres -ausencia de la regla-, así como problemas hepáticos o renales y molestias intestinales por los cambios que se producen en la microbiota.
Para volver al peso deseado de forma sana, los expertos aconsejan retomar las rutinas, apostar por una alimentación equilibrada basada en patrones reales, regular los horarios de las comidas y practicar ejercicio físico de forma regular. «Normalmente, si partimos de un peso saludable, volveremos poco a poco al peso inicial desde que recuperemos los buenos hábitos. Sin embargo, si ya contamos con un exceso de kilos y se suman los de las fiestas, el problema se agudiza», apunta la nutricionista, que subraya que para que la pérdida de peso sea saludable siempre debe ser progresiva. «Es importante desconfiar de las promesas rápidas y acudir a las consultas de los nutricionistas para que podamos elaborar un plan adaptado a cada persona», concluye.
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