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¡Candela y ruido!

Txetxo y la edad

Curtido en el rock de Canarias, el músico se estrena en solitario

Txetxo en la imagen de la portada del disco, obra de Silvia G.F.

Txetxo en la imagen de la portada del disco, obra de Silvia G.F. / Silvia G.F.

Job Ledesma

Si llevas en esto de la música alternativa canaria un tiempo, sabes que Txetxo Baucells estaba ahí casi antes que nadie. Recuerdo un festival en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife en la segunda mitad de los ochenta (se montó la trifulca habitual de los conciertos de la época) donde un enjuto Txetxo ya hacía malabares con su guitarra con Conemrad. El mismo Txetxo alucina con el tiempo que ha pasado: «Fueron cuatro décadas de proyectos (uff, ¡qué vértigo!) de los que, por cierto, estoy enormemente orgulloso. Jamás lo he pasado tan en grande en un escenario como compartiéndolo con mi hermano, el Txino; y con Conemrad». Por el camino estuvieron también Gran Banda Mandinga y varias cosas más. O sea, Txetxo fue ese guitarra certero, con cara de mala leche, talentoso compositor, pero siempre músico de «acompañamiento» entre gigantescas comillas. ¿Por qué ahora se lanza en solitario? «Imagino que es fruto de una evolución natural. En realidad, nada hubo de premeditación, pero el tiempo te va demandando satisfacer ciertas necesidades. Es verdad que ya en los 90 me surgió esa sensación de tener que dar salida a ideas que, sencillamente, no tenían cabida en Conemrad, donde participaba en las composiciones de los temas, pero nunca en las letras. Luego, hay otra cosa: poco a poco me apetecía mucho cantar todo lo que componía y que no podía hacerlo porque trabajaba para otros».

Esa necesidad se fue plasmando primero con una parada de actividad pública y luego lanzando temas en redes. «Llevo los últimos años prácticamente sin pisar locales de ensayo y escenarios porque el cuerpo, y la mente, me pedía parar y experimentar. He estado componiendo, grabando y puntualmente publicando en las plataformas y empecé a valorar la idea de hacerlo en formato físico». El resultado final es un vinilo conceptual doble pero de solo una pieza. Explicación: cada cara tiene una idea: «Fui guardando temas inéditos y luego me di cuenta que agrupados de cierta forma podían dar cuenta de dos conceptos dialécticos: la oscuridad, los momentos difíciles (Fatiga y pastillas) y la luz (Resurrección)», cada una de las caras del disco.

Todo con un enfoque absolutamente personal que muestra eso que llamamos madurez. «Bueno, es cierto que desde hace unos años me resulta ya totalmente imposible escribir algo que no tenga que ver con mi vida, mis sensaciones, mis experiencias. Todas las canciones son reflexiones muy personales. No cuento historias de otros, por lo general, sino siempre de lo que me pasa; es un desnudo total, lo sé, pero una vez le escuché decir a Saramago que ‘cuanto más viejo, era más libre’ y me lo he apropiado como lema vital», sentencia.

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