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Intervención de Estados Unidos en Venezuela

La diáspora venezolana fía el futuro a María Corina Machado

Tras tres décadas de frustración por un régimen que aún condiciona la vida de sus familias y amigos, el anhelo de cambio se intensifica

Una mujer con un cartel en una marcha en favor de Nicolás Maduro.

Una mujer con un cartel en una marcha en favor de Nicolás Maduro. / Efe

Elena Morales

Las Palmas de Gran Canaria

La madrugada del sábado 3 de enero marcó un nuevo punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela. El apresamiento de Nicolás Maduro sacudió el país -la ‘novena isla’ canaria- y, al mismo tiempo, reavivó una esperanza contenida durante décadas -el primer gobierno del régimen chavista se remonta a 1999 con la llegada al poder de su ‘prócer’ Hugo Chávez-. Desde la captura de Maduro, el escenario político se mueve entre la incertidumbre, las expectativas de cambio y el temor a una escalada de violencia. A miles de kilómetros, en el Archipiélago, la comunidad venezolana vive expectante.

Muchos siguieron lo sucedido el 3 de enero pegados al teléfono, entre la incredulidad y el llanto; otros celebraron con prudencia lo que consideran una oportunidad histórica hacia el restablecimiento del orden democrático. Y todos comparten un pasado marcado por la pérdida de libertades, el cierre de medios, los presos políticos, el colapso de los servicios básicos y la separación de muchas familias.

Abogados, docentes, exmilitares y activistas relatan cómo se vive la crisis venezolana desde el exilio: con esperanza, sí, pero también con miedo, memoria y una cautela aprendida tras casi tres décadas de dolor. Sus testimonios ponen rostro a una diáspora pendiente del futuro de su tierra. Un futuro que mayoritariamente fían a María Corina Machado.

Raquel Pestana

Raquel Pestana / LP / ED

Raquel Pestana

ABOGADA

La relación de Raquel Pestana con Tenerife se remonta a la infancia. Llegó por primera vez a la isla en 1976, cuando su padre decidió que la familia viviera aquí durante algunos años. «Mi hermano y yo éramos los únicos venezolanos del colegio». A comienzos de los años ochenta regresaron a Venezuela, y décadas después, cuando tuvo que emigrar -en 2008-, no dudó en regresar. Su hermano, en cambio, continúa allí. «No poder abrazarlo es como si me clavaran un puñal en el corazón», confiesa. Las conversaciones con él son prudentes: «Tratamos de hablar lo menos posible de lo que están viviendo, porque hasta tu vecino puede ser tu enemigo».

La noticia de la detención de Nicolás Maduro la sorprendió. Fue su socio profesional quien le contó que estaban bombardeando Caracas, pero hasta que no encendió la televisión y lo vio con sus propios ojos, no se lo creyó. La reacción fue visceral: «Grité, me tiré al suelo a llorar. Fue un sentimiento rarísimo, nunca lo había vivido». Pestana habla de un país roto por la distancia en el que no hay «casi ninguna familia completa». Las comunicaciones son limitadas, hay apagones frecuentes y problemas de conexión. «Estamos acostumbrados a perder después de 27 años de dolor y familias rotas». Por eso vive «con ilusión, sí, pero con los pies en la tierra».

Emigró por su hijo al no querer que viviera lo mismo que ella. Es nieta e hija de inmigrantes y ahora entiende el llanto de su madre cada 24 y 31 de diciembre al tener que pasarlos lejos de su familia. «Me tocó vivirlo». Reconoce que al principio de llegar a Tenerife se sintió perdida. «Tenía a mi hijo agarrado de mi mano izquierda y a mi marido de la derecha, y sentía que los había arrastrado conmigo», recuerda. «Muchos no quisieron irse; nos vimos obligados a llenar con lo que puedes una maleta de 23 kilos y marcharnos».

Andy Camejo

Andy Camejo / LP / ED

Andy Camejo

POLÍTICO

Andy Camejo es político y colaborador del entorno de María Corina Machado. Vive en Canarias desde 2016, año en el que se vio obligado a salir de Venezuela por persecución política. «Muchos de mis compañeros fueron encarcelados, otros seguimos el camino del exilio», relata. Camejo formaba parte del ala más activa de protesta contra el régimen y asegura que la represión sistemática le hizo imposible continuar en el país.

Desde Canarias sigue el momento que atraviesa Venezuela entre la esperanza y la cautela. Los acontecimientos recientes marcan un punto de inflexión. «Los pasos ya están dados. Era lo que millones de venezolanos esperábamos», afirma en referencia a la operación que culminó con la salida de Maduro del poder. Ahora apunta que un proceso abierto es el más adecuado para garantizar no solo una transición política, sino también estabilidad social y democrática. En ese camino sitúa como figuras clave a María Corina Machado y a Edmundo González. «Son elementos fundamentales para una transición duradera», señala. A corto plazo, no obstante, cree que el objetivo principal será sentar las bases del nuevo esquema de trabajo institucional.

«Estamos acostumbrados a perder después de 27 años de dolor y familias rotas»

Emilio Gómez

EXMILITAR

Emilio Gómez llegó a Gran Canaria hace ahora ocho años tras verse obligado a abandonar Venezuela por motivos políticos. Salió del país en 2017 empujado por una situación «insostenible». «El venezolano está totalmente indefenso: sin seguridad social, sin seguridad jurídica y sin seguridad personal», afirma. Las denuncias que realizó en redes sociales y las amenazas de muerte que recibió terminaron por forzarlo a marcharse. «Había miseria, hambre y miedo. No me dejaron otra opción».

Los sentimientos que dominan a los venezolanos en las Islas son la ansiedad, la esperanza y el miedo

Desde España, sigue con atención y emoción todo lo que ocurre en su país. «Tenemos todas las esperanzas puestas en María Corina Machado. Ha sido la única líder de la oposición que ha mantenido su palabra y sus convicciones con el pueblo». Gómez reconoce que, más allá de recelos históricos, lo fundamental ahora es la libertad: «Por encima del petróleo o de cualquier interés, lo que importa es que Venezuela sea libre».

Con todo, el clima que percibe desde dentro dista de ser optimista. Gómez mantiene contacto con familiares y conocidos en su municipio, donde asegura que el miedo sigue muy presente. «Nadie se atreve a celebrar ni a decir nada, todos están amenazados», relata.

Leonardo Carrero

Leonardo Carrero / LP / ED

Leonardo Carrero

EXMILITAR Y EXESCOTA DE HUGO CHÁVEZ

Leonardo Carrero fue escolta de Hugo Chávez. Llegó a Canarias en mayo de 2005 tras verse obligado a huir de su país. Había participado en la protesta de Altamira, en Caracas, una manifestación pacífica en la que 113 militares se pronunciaron públicamente, sin armas, contra el mismo Chávez. «Me tuve que ir para no acabar preso».

Su ruptura con el chavismo se remonta a los acontecimientos de abril de 2002. Carrero participó en las reuniones posteriores al golpe de Estado de Chávez, cuando un grupo de altos y medios mandos comenzó a analizar el rumbo político del país. «Veíamos que Chávez llevaba a Venezuela hacia el comunismo, pero nunca pensamos que terminaría creando la organización criminal transnacional más grande de la historia».

Tras la concentración de Altamira, el grupo se redujo a trece militares que se ampararon en los artículos 333 y 350 de la Constitución Bolivariana. Poco después, Carrero abandonó Venezuela. Salió primero hacia Estados Unidos y el destino terminó llevándolo a Tenerife. «Aunque esté aquí, no abandono la lucha nunca», dice.

En las Islas vive ahora con una mezcla de emociones. «Siento esperanza y alegría. Creo que es el principio del fin», señala. La noticia le llegó a través de una llamada telefónica. Está convencido de que la operación militar «no tiene posibilidad de fracaso» y confía en que Machado lidere el cambio «más pronto que tarde». Pero no oculta su inquietud: «Siento mucha ansiedad y hay que tener la cabeza fría. Política y militarmente es desesperante», admite. Carrero no cree que el chavismo entregue el poder de forma pacífica.

Moisés Fernández

Moisés Fernández / LP / ED

Moisés Fernández

ACTIVISTA

Moisés Fernández salió de Venezuela hace más de 27 años. Hoy no le queda ningún familiar allí, aunque mantiene contacto con algunas personas. «Por seguridad, todos se han tenido que ir», explica.

El 3 de enero supo de lo sucedido en el país caribeño por la llamada de un compañero de la Unión Canario Venezolana. «Me dijo que lo habían llamado para contarle que estaban bombardeando Caracas». Aunque reconoce que era consciente de que una situación así podía ocurrir, la vivió como «un regalo adelantado de los Reyes Magos».

Al pensar en Venezuela, Fernández siente una mezcla de rabia y nostalgia. «No haber podido asistir a bodas, cumpleaños o entierros es lo más difícil de haber salido del país», confiesa. Describe un país deteriorado: «No teníamos gasolina ni alimentos, los hospitales no funcionaban, faltaban medicamentos, había inseguridad social y un sistema eléctrico colapsado». Recuerda que «Venezuela era un país rico, en el que se vivía bien», antes de entrar «en una crisis profunda por culpa del despilfarro del régimen».

Algunos no dudan de que el régimen se resistiría a entregar el poder, como viene haciendo durante años

Tras el apresamiento de Maduro, cree que puede abrirse una oportunidad de cambio, pero subraya que la situación sigue siendo frágil: «Ahora mismo, por cómo está configurado el gobierno, no podemos hacer nada porque están armados». Fernández confía en que el proceso anunciado pase por distintas fases: estabilización, reconstrucción y transición. «Estamos convencidos de que Estados Unidos va a facilitar un proceso electoral».

J. Antonio Carrero

J. Antonio Carrero / LP / ED

J. Antonio Carrero

ABOGADO

José Antonio llegó al Archipiélago en 2008. En Venezuela acababan de cerrarle su despacho de abogados, y su hermano, al que hacía mucho tiempo que no veía, residía en Tenerife. «Fue la excusa perfecta para comenzar de cero». Lleva quince años en la isla y ha logrado levantar un despacho de extranjería dedicado casi en exclusiva a atender a venezolanos. Tras el 3E siente «una alegría enorme, pero con el freno puesto». «Empezó a reventarme el teléfono a llamadas y mensajes, pero no me lo creía. Hasta que no vi la foto de Maduro no me lo creí». Cuando la imagen apareció en las redes sociales de Donald Trump, abrió una botella de cava.

Carrero, prudente, recuerda que Machado fue inhabilitada como candidata presidencial «dentro de las tantísimas ilegalidades que comete el régimen», y apunta como uno de los principales obstáculos actuales la falta de apoyo total de las Fuerzas Armadas. La represión sigue muy presente en su relato. Tiene un amigo preso del que no sabe nada desde hace dos años. «No sabemos si sigue vivo. Las cárceles son infames y de las torturas ya ni hablar». «El régimen es como una hidra de mil cabezas, y cortarlas todas va a costar», subraya.

Esther Romera

Esther Romera / LP / ED

Esther Romera

DOCENTE

Esther Romera llegó a España en 2017. Sus hijos ya se habían instalado años antes en Tenerife, y aunque no quería emigrar, terminó siguiéndolos. «Tenía 54 años y una vida hecha». Primero se marchó su hijo mayor con su esposa; tiempo después, su hija también decidió irse. Parte de su familia sigue en el país. Su cuñada necesita viajar a Buenos Aires para atender a una hija con una condición de salud importante. Los pasajes están comprados desde diciembre, pero no han podido salir. «Todo se ha ido complicando», señala.

Fue su cuñada quien la llamó el 3 de enero desde Venezuela. Su familia vive cerca de una de las antenas alcanzadas. «Estuvieron tres días sin luz». El contacto desde entonces ha sido muy limitado. «Hablamos solo por teléfono, nunca por WhatsApp. Hay que cuidarlos». Esther insiste en que cualquier mensaje crítico es un riesgo real, porque todo lo que digas en contra del régimen «es suficiente para llevarte preso».

Ahora se mueve entre la incertidumbre y la esperanza. «Siento ambas cosas a la vez, pero estoy segura de que va a haber un cambio». Advierte, eso sí, de que «no va a ocurrir mañana», ya que «el régimen se va a resistir a dejar el poder». Opina que tanto María Corina como Edmundo González han de ser quienes lideren el cambio. «Ella es la encargada de hacerle saber a Trump que el régimen no puede seguir en Venezuela».

Esther trabaja hoy en una cafetería, pero es docente y psicoterapeuta especializada en duelo, y como tal ha acompañado a numerosas familias que han perdido a sus hijos en el contexto de las manifestaciones y protestas. «He visto demasiado dolor». Pero se aferra a que Venezuela, con sus riquezas y una población mayoritariamente en contra del gobierno, no tiene otro camino posible que el cambio.

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