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Canarias multiplica por diez su riqueza desde la entrada en la UE

El Archipiélago es una de las tres comunidades autónomas donde más ha crecido el PIB desde la incorporación a la comunidad europea en 1986

Agricultores canarios se manifiestan en Bruselas contra los recortes.

Agricultores canarios se manifiestan en Bruselas contra los recortes. / Efe

Santa Cruz de Tenerife

Hace ahora 40 años, España y también Canarias se estrenaban como miembros de la entonces Comunidad Económica Europea. Han pasado cuatro décadas en las que los cambios han sido notables en el Archipiélago. Canarias se ha beneficiado de un estatus especial dentro de la Unión Europea (UE) como región ultraperiférica (RUP), ha recibido una lluvia de millones de financiación comunitaria, ha visto crecer su economía, mejorado sus infraestructuras y transformado sus derechos sociales. Que las Islas han protagonizado un avance económico en estos años es algo innegable. Desde enero de 1986 el territorio ha multiplicado prácticamente por diez su Producto Interior Bruto (PIB) y es, además, una de las tres autonomías que más ha visto crecer sus niveles de riqueza en estos años. Aunque esto no significa que se haya acabado por completo con algunos problemas estructurales que persisten en el territorio, como la desigualdad o los significativos niveles de pobreza. Pero, ¿habría crecido tanto Canarias si la comunidad no hubiera pertenecido a la UE?

El consenso en este punto es abrumador: la respuesta es no. Y aunque plantear un escenario en el que Canarias no formara parte de Europa es una utopía –ya que para que se diera toda España tendría que haberse mantenido fuera, porque Canarias al formar parte del Estado no hubiera tenido capacidad de decisión para quedar al margen de la UE–, lo cierto es que es uno de los territorios que ha salido más beneficiado. Los datos no mienten. En 1985 –año en el que España firmó el Tratado de Adhesión, que se hizo efectivo en enero del año siguiente– Canarias tenía un PIB valorado en algo más de un billón de pesetas, es decir, 6.364 millones de euros al cambio actual. En 2024, la riqueza generada en el Archipiélago ascendió a 58.144 millones de euros. Una cantidad a la que si se le aplica el 3,5% de incremento del PIB el año pasado –según las previsiones porque todavía no hay datos oficiales–, da como resultado que los bienes y servicios producidos en el territorio superaron los 60.100 millones de euros en 2025. Lo que significa haber aumentado en 9,45 veces la cantidad registrada en 1985. Solo Madrid y Baleares han elevado sus niveles de PIB por encima del Archipiélago.

«Indudablemente el análisis de la integración de Canarias en la Unión Europea es positivo», recalca la consejera de Hacienda y Relaciones con la UE del Gobierno regional, Matilde Asián. El Archipiélago no solo ha recibido una cantidad ingente de fondos europeos, sino que gracias a ellos contamos con infraestructuras que hubieran sido impensables. Aeropuertos y puertos internacionales, parques tecnológicos, un instituto de astrofísica, una red de cables submarinos o que incluso se hayan llegado a proyectar líneas ferroviarias en Gran Canaria y Tenerife, sería algo implanteable si no se pudiera contar con financiación europea. «Su implicación en el desarrollo de infraestructuras es innegable», sostiene Asián, quien afirma que para el Archipiélago poder contar con el euro abrió «un campo amplísimo que nos permite hablar a través de la moneda única de tú a tú con monedas como el dólar o la libra».

Beneficios

Pero, ¿de qué manera ha favorecido su integración en la UE el desarrollo económico de Canarias? Como integrante de pleno derecho dentro de la UE, Canarias se ha visto beneficiada directamente por los que son dos de los pilares fundamentales de la comunidad europea: la libertad de circulación de bienes y de personas. Dos factores que le han permitido potenciar su motor económico: el turismo. La inmensa mayoría de los visitantes que vienen al Archipiélago han llegado desde países pertenecientes a la UE –antes de la salida del Reino Unido más del 85%, aunque ahora estos ciudadanos también pueden entrar sin visado, de nuevo, gracias a los acuerdos entre Bruselas y Londres. Pero además compartir el mismo régimen jurídico es un factor determinante a la hora de escoger lugar de vacaciones. Gracias a todo esto, Canarias puede medirse con otros destinos turísticos de primer nivel.

Pero estos principios fundamentales de la UE también han permitido la instalación de nuevas empresas, han favorecido la exportación de bienes o la importación de productos. «Imaginemos que estuviéramos fuera y tuviéramos que importar sus productos pagando los impuestos que se cobran a terceros países, que para exportar plátanos o tomates tuviéramos que pagar aranceles y competir en igualdad con otros territorios donde existen grandes explotaciones o que no compartiéramos el mismo régimen jurídico, hubiera sido un error terrible», sostiene el profesor de Derecho Internacional Privado y director del centro de documentación europea de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Lucas Pérez.

Pero el Archipiélago no solo se beneficia de la propia gestión ordinaria del presupuesto europeo –que históricamente ha dado más a aquellos territorios con menor nivel de desarrollo– sino que también ha recibido más fondos por su condición de región ultraperiférica (RUP). En 1992 se reconoció que los territorios alejados del continente –como es el caso de Canarias pero también de otros que pertenecen a Francia y Portugal– necesitaban un régimen legal, fiscal y económico diferente. A través de esta condición se refleja que «cualquier normativa de la UE, debido a las mayores dificultades de desarrollo que tienen estas regiones, tiene que ser adaptada», explica Pérez. Esta condición implica también que Canarias tenga ventajas fiscales propias, que han favorecido, por ejemplo, el desarrollo del sector audiovisual. También mejores condiciones de acceso a los fondos estructurales, lo que se traduce en la llegada de más millones, por ejemplo, en el caso de los fondos Next Generation. E implica otra serie de ventajas como que las administraciones canarias puedan quedarse con la recaudación de impuestos como el Arbitrio sobre Importaciones y Entregas de Mercancías en las Islas Canarias (AIEM) o el IGIC, cuando buena parte de los recaudado en otros territorios va a engrosar el presupuesto de la Unión Europea.

Desarrollo

Todo esto ha permitido «condiciones de desarrollo muchísimo mejores que las que tendríamos en el caso de que no nos compensasen», valora Pérez, quien insiste en que estas compensaciones «no son caridad, ni un regalo, es de justicia que nos tengan que compensar, pero hay que reconocerlo también».

Pero aunque la economía en el Archipiélago ha tenido un avance global positivo, cabría preguntarse por qué buena parte de la población canaria no vive mejor que hace 40 años o por qué a pesar de la lluvia de millones persisten problemas como los altos niveles de pobreza, los bajos salarios o la importante desigualdad. «La pregunta realmente profunda es si se ha hecho una buena gestión de los recursos desde el año en el que Canarias se incorpora a la UE», expone Marcel Bonnet, profesor titular en la Facultad de Derecho en el Departamento de Economía Aplicada y Métodos Cuantitativos de la Universidad de La Laguna (ULL). Él mismo detectó a través de su tesis doctoral en 1998 que el dinero procedente de los fondos europeos llegaba de forma escasa a las pequeñas y medianas empresas de las Islas. Aunque puntualiza que sería necesario un nuevo análisis a conciencia porque «el escenario económico ha cambiado completamente».

Pero si hay que buscar una evidencia de si la riqueza que se ha generado en Canarias en estas cuatro décadas se ha repartido entre la población basta con analizar el PIB per capita. Se trata de un indicador que se utiliza para medir el nivel medio de riqueza de la población de un territorio, diviendo la cantidad que genera en bienes y servicios entre sus residentes para conocer cuánto le tocaría a cada uno. Y en este caso, su ascenso no ha sido tan boyante como el PIB general. Mientras este último, recordemos, se ha multiplicado casi por diez, lo que le correspondería de ese PIB a cada ciudadano tan solo se ha duplicado. Y aunque se trata de un incremento muy importante –ha pasado de los 10.242 euros, al cambio, de 1985 a 25.861 euros en 2024– lo cierto es que está a años luz del crecimiento general de la riqueza. Para hacernos una idea, si el PIB per cápita hubiera crecido en los mismos niveles este indicador sobrepasaría los 100.000 euros. Algo que se explica, en parte, por el incesante incremento de la población que ha experimentado el Archipiélago en los últimos años. Un aumento del número de habitantes que se debe, en gran medida, a la llegada de población extranjera atraída, precisamente, por el marco jurídico y el buen tiempo –principalmente jubilados de países europeos– y de población de países terceros que llegan por las oportunidades laborales que se han generado en las Islas.

Redistribución

«El incremento del PIB es una cosa y la distribución de la riqueza va otro lado», sentencia Bonnet, quien aclara que la redistribución sigue siendo una de las grandes tareas pendientes. «Es un contrasentido, mientras todo funciona muy bien, y el REF mejora la productividad y la empleabilidad, la distribución de la renta y de la riqueza no ha variado significativamente».

Además, la brecha entre el PIB per cápita canario respecto a al española y el europea lejos de recortarse no para de crecer. En 1985, la riqueza media por habitante de Canarias alcanzaba el 93,3% de la media nacional española. O lo que es lo mismo, en aquel momento, la riqueza media por habitante en Canarias era solo ligeramente inferior a la del conjunto de España. En el momento de su entrada en la Unión Europea, el PIB per cápita español era del 71,6% que la media de los países que integraban entonces la Comunidad Económica Europea. España estaba retrasada, sí, pero el Archipiélago no iba demasiado atrás respecto a la media del Estado. Con el paso de los años, esa diferencia que existe entre los indicadores canario, español y europeo se ha acrecentado.

La convergencia entre el PIB per cápita del Archipiélago con respecto al Estado ha aumentado y mucho. La riqueza media de los canarios ahora representa un 79,5% de la media española. Por el contrario, la brecha entre España y el resto de Europa sí se ha reducido, del 71,6% de 1985 hasta el 82% actual. Mientras en las Islas, a pesar de los millones recibidos, la mejora en las infraestructuras, la fortaleza del marco jurídico comunitario y el avance de los grandes números económicos, el PIB per cápita apenas es un 65% que el de la media europea.

La estructura del modelo productivo, basado principalmente en los servicios, las dificultades propias por las características del territorio, el crecimiento poblacional y las sucesivas crisis que, como la de la pandemia, han impactado de manera más importante en el Archipiélago son algunos de los factores que explican este distanciamiento. Por eso, no solo recortar esta brecha, sino evitar que se siga ensanchando como en los últimos años, se convierte en uno de los principales retos para el territorio.

Combinar la fortaleza de nuestra principal industria –que tiene que seguir adaptandose a los nuevos tiempos para continuar siendo líder en el mercado– con el ensanchamiento del resto de los sectores es un desafío que ya está enfrentando Canarias. Y en el que, de nuevo, su especial estatus dentro de la Unión Europea le puede ayudar. Las ventajas fiscales, el mercado único y la libertad de circulación pueden propiciar la llegada de profesionales y empresas especializadas en otros sectores con la innovación y las nuevas tecnologías como bandera. Y también puede impulsar a aquellas que se desarrollen en el ecosistema propio de las Islas a venderse en el exterior.

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