Un pacto histórico
La alianza Europa-Mercosur reordena el mapa del comercio internacional
El acuerdo da lugar a un mercado integrado de 780 millones de consumidores potenciales y más de 111.000 millones de volumen de negocio

Varios trabajadores realizan la vendimia en una finca del municipio de La Aldea, en Gran Canaria. / Andrés Cruz
La Unión Europea (UE) y el bloque del Mercosur -que agrupa a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- han sellado ante el Consejo de la UE su histórico y decisivo acuerdo de libre comercio después de 25 años de negociación. El pacto crea una zona comercial para 780 millones de personas, considerada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como «la mayor zona de libre comercio del mundo» por población y PIB combinados. El comercio bilateral actual entre la UE y el Mercosur supera los 110.000 millones de euros anuales (53.300 millones en exportaciones de la UE y 57.000 millones en importaciones de Mercosur en 2024), y con el nuevo acuerdo aprobado se prevé un aumento del 39% en exportaciones de la UE (hasta 49.000 millones adicionales).
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) generó un comercio regional de más de 1,8 billones de dólares en bienes y servicios en 2024, según los datos disponibles. Y su equivalente asiático, el Área de Libre Comercio del Sudeste Asiático (Asean), situó el volumen de comercio total en 3,8 billones de dólares en 2024, de acuerdo con las estadísticas del bloque Asean y los datos de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. Si se atiende a la población y el PIB nominal, la UE y el Mercosur suman 780 millones de personas y 22,5 billones de dólares; mientras que TMEC alcanza los 512 millones y 30,6 billones; y Asean, 3,9 millones pese a contar con 680 millones de ciudadanos.
Una de las principales características de este pacto es que elimina los gravámenes sobre los bienes de estos países, lo que supone un desafío para Washington y Donald Trump en plena era de la guerra arancelaria. La alianza aún está pendiente de algunos flecos: Von der Leyen viajará a Paraguay hoy para firmar el acuerdo oficial y todo quedará ya en manos del Parlamento Europeo.
El acuerdo ha sembrado nerviosismo en el campo, pero ha sido acogido con entusiasmo por otros sectores que se beneficiarán de la reducción de las barreras de entrada a otros mercados. Este es el caso del sector vitivinícola y el corazón industrial del país. Esto se debe en gran medida a que el grueso de la canasta exportadora de la Unión Europea hacia esta región se concentra en maquinaria y aparatos (28,1%), químicos y farmacéuticos (25%) y equipos de transporte (12,1%). En el caso del vino, la cancelación de los aranceles en estos países supone una oportunidad para agilizar la importación hacia otros mercados.
Tensiones comerciales
La Federación Española del Vino (FEV), además del Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV), llevan tiempo exigiendo la adopción del acuerdo con urgencia para combatir el efecto negativo de las tensiones comerciales con Washington. «Este acuerdo representa más que solo acceso al mercado, también representa una oportunidad geoestratégica para nosotros», manifestó el secretario general de la CEEV, Ignacio Sánchez Recarte, en junio del año pasado.
Para el campo canario no es todo de color de rosa. Preocupan varias cuestiones. La primera es la competencia desleal que genera la entrada de productos que no cumplen con las normas fitosanitarias, medioambientales y de bienestar animal que exige el marco comunitario. Los países de Mercosur producen con exigencias mucho más laxas, lo que genera un agravio comparativo. Desde las asociaciones agrarias de las Islas denuncian que entra carne procedente de animales alimentados con piensos transgénicos prohibidos en la UE desde hace 20 años, lo que genera un posible debilitamiento de los estándares europeos de seguridad alimentaria.
Los agricultores y ganaderos de Canarias temen que sus productos se queden fuera del mercado. Aunque la ganadería ya ve cómo el Régimen Específico de Abastecimiento (REA) permite la entrada de carne sudamericana sin ningún tipo de arancel.
El sector teme que el incremento masivo de la oferta en productos como la carne, el azúcar, el arroz, la miel o la soja reduzca los precios en el mercado y debilite -aún más- la viabilidad y rentabilidad de un sector primario canario que lleva años debilitado. Una excesiva oferta puede inundar mercados sumideros -como Canarias- incluso con precios por debajo del coste de producción (dumping).
Los plataneros también están muy atentos al impacto que el acuerdo pueda tener en su actividad exportadora. Los países del Mercosur no exportan banana, pero Ecuador (país asociado) sí lo hace. Lo que abre una vía indirecta de competencia. Y también podría estar en riesgo la papaya canaria. Brasil es exportador y una mejora en la logística -ahora el proceso de maduración de esta fruta obliga a enviarla por vía aérea, lo que la encarece- podría desplazar la producción local.
La creación del mercado común ha levantado polémica por el efecto desigual que tendría en la industria española. En este sentido, el acuerdo ha sido recibido con brazos abiertos por la industria vitivinícola, que acoge la erradicación de aranceles, así como el sector del aceite de oliva, la principal exportación a Brasil, según Tomás García Azcárate, especialista en economía agraria e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Brasil, que domina en la producción de carnes y cereales, ha sido el socio comercial más importante de España en Sudamérica hasta la fecha, con Argentina por detrás. La preponderancia de Brasil en materia del sector bovino, el principal exportador a nivel mundial, ha provocado cautela por parte de los agricultores europeos. «A medio y largo plazo, la industria cárnica española estará en condiciones de salir reforzada, porque compite en calidad, seguridad alimentaria, transformación y valor añadido», explica Giuseppe Aloisio, director general de la Asociación de Industrias de la Carne de España (Anice).
La carne de pollo que se vende en los supermercados, la que sirven los restaurantes y la que ofrecen a los turistas los hoteles del Archipiélago procede, en su gran mayoría, de Brasil. En concreto, del total de las importaciones de este alimento congelado, el 70% proviene del país sudamericano.
El bloque económico de Mercosur está lejos de socios comerciales como Estados Unidos o el conjunto de la Unión Europea: a día de hoy la región concentra solo el 2% de las exportaciones españolas, según datos del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. No obstante, el Club de Exportadores e Inversores Españoles (ICEX) contempla que esta cifra se disparará un 37% tras la entrada en vigor del acuerdo. Además, la eliminación de las barreras de entrada tradicionales, como los aranceles, supondría un ahorro equivalente a 4.000 millones de euros anuales.
El panorama en los mercados es algo distinto. Para Daniel Lacalle, economista jefe de la banca privada Tressis, el acuerdo representa pocas oportunidades en los mercados. «No buscaría el Mercosur trade, a menos de aconsejar que se invierta en bonos estatales», explica Lacalle. «El efecto en los mercados será muy pequeño y muy marginal», añade.
El trato comercial entre Bruselas y el bloque sudamericano ha despertado la ira del campo durante más de dos décadas de negociaciones, con tractoradas y protestas en España, Francia, Italia, Irlanda y Polonia. El próximo 21 de enero hay otra protesta convocada en Bruselas como la celebrada en víspera de las fechas navideñas y que reunió a miles de trabajadores del campo europeo, con representación canaria incluida.
En un esfuerzo para apaciguar la inquietud en el campo, Bruselas se planteó abrir el grifo a unos 45.000 millones de euros en ayudas de la Política Agrícola Común (PAC). Esta lluvia de millones también tenía como objeto disminuir el malestar y arrinconar a Italia, que figuraba entre los países más reticentes a dar el visto bueno a Mercosur. Francia y Polonia también se han opuesto a la formación de la alianza. También el colectivo ecologista ha señalado sus preocupaciones a lo largo de los años. En 2024, un análisis de la oenegé Greenpeace Alemania concluyó que el acuerdo «no cumplía con la ley internacional» y que su adopción «incrementaría la deforestación» y multiplicaría los gases de efecto invernadero.
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