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Los crímenes de Pilar y Czarina, los dos primeros asesinatos machistas del año, ponen en jaque a Viogén: "El sistema no funciona"

Los dos crímenes registrados han reabierto las críticas al funcionamiento de los mecanismos de protección y a la respuesta institucional ante situaciones de riesgo extremo y continuado

Primer asesinato machista del 2026.

Primer asesinato machista del 2026. / ED

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Los dos primeros asesinatos machistas registrados en lo que va de 2026 —y, por ahora, únicos— han vuelto a situar en el centro del debate la eficacia del sistema de protección a las víctimas de violencia de género, Viogén. En ambos casos, las mujeres —Pilar, de 38 años, asesinada en Jaén el 4 de enero por su expareja, y Czarina, de 43, a quien mató su marido un día después en Las Palmas de Gran Canaria— habían tenido contacto previo con recursos institucionales y constaban en el programa, lo que ha reavivado las críticas al funcionamiento de Viogén y a la respuesta de las administraciones ante situaciones de riesgo.

Desde la Red Feminista de Gran Canaria advierten de que estos crímenes no son hechos aislados, sino la consecuencia de fallos estructurales que se repiten. Su portavoz, Nereida Vizuete, señala que el sistema de protección «no está garantizando la seguridad real de las mujeres», y reclama una revisión profunda de los mecanismos de seguimiento y evaluación del riesgo, así como una mayor coordinación entre las instituciones implicadas.

Falsa sensación de protección

Una visión que comparte Elisa Pérez Rosales, portavoz del Foro contra la Violencia de Género de Tenerife, quien considera que lo ocurrido confirma una problemática que el movimiento feminista lleva años denunciando. «El sistema no funciona», afirma, subrayando que estar inscrita en Viogen «no implica que la vida de una mujer esté protegida». En el último de los casos, recuerda, la víctima figuraba en el sistema y aun así fue asesinada.

Pérez Rosales identifica uno de los principales fallos en el seguimiento de las denuncias, que en muchos casos se limita a llamadas telefónicas. Según explica, este método puede resultar ineficaz cuando la mujer se encuentra con su agresor en el momento de la llamada. «Evidentemente no va a contar ninguna dificultad», señala, lo que genera desconfianza y refuerza la sensación de desprotección.

Mujeres fuera del sistema

Ambas organizaciones alertan también de que el sistema deja fuera a muchas mujeres que no denuncian o que retiran la denuncia. Eso fue lo que pasó con Czarina C., la mujer asesinada en la capital grancanaria. Su marido fue detenido en junio tras una pelea en la vivienda, pero quedó absuelto después de que ella dijese que no le tenía miedo. Precisamente, factores como el miedo, la dependencia económica, la falta de redes de apoyo o la violencia institucional influyen de forma decisiva en estas decisiones. Para Pérez Rosales, se trata de una problemática compleja que no puede analizarse de manera aislada ni atomizada.

En la concentración convocada este viernes para condenar el crimen machista, el Foro cuestionó "un mecanismo que reduce la seguridad de las mujeres a una etiqueta de riesgo —bajo, medio o alto— sin garantizar su protección real". "Las carencias del sistema no son solo fallos administrativos: constituyen una forma de violencia institucional que incrementa y agrava la desprotección de las mujeres", advirtieron los manifestantes.

Otro de los elementos que sigue pesando en la percepción social es el fracaso de las pulseras antimaltrato. Desde el Foro consideran que este episodio reforzó la desconfianza de las víctimas hacia los mecanismos tecnológicos, al evidenciar que "otro recurso vuelve a fallar" sin una evaluación clara de las políticas públicas de igualdad.

Prevención pendiente

Las portavoces coinciden en que la violencia machista es un problema estructural que requiere respuestas estructurales. «No es un problema individual, es un problema social», insiste Pérez Rosales, quien reclama que la prevención sea el eje central de las políticas públicas. A su juicio, sin campañas continuadas en educación, sanidad y justicia, y sin una evaluación real de las medidas adoptadas, los asesinatos seguirán repitiéndose.

Tanto la Red Feminista como el Foro de Tenerife exigen que la violencia contra las mujeres permanezca de forma constante en la agenda política. Advierten de la inacción institucional, la devolución de fondos del Pacto de Estado y la proliferación de discursos negacionistas como factores que agravan una situación que, lamentan, vuelve a empezar el año con nuevas víctimas.

Grietas en la protección con pulseras antimaltrato

Las pulseras antimaltrato fueron presentadas como una herramienta para reforzar la protección de las víctimas de violencia machista. Sin embargo, su implantación ha estado marcada por fallos técnicos, escasa implantación y una eficacia limitada. En varios casos, los dispositivos tecnológicos no evitaron agresiones ni asesinatos, lo que generó desconfianza entre las mujeres y los colectivos feministas. Desde las asociaciones denuncian que estas medidas se han utilizado como un parche, sin reforzar de forma paralela el acompañamiento humano, el seguimiento presencial ni los recursos sociales. Además, la activación de las pulseras depende de decisiones judiciales y de una correcta valoración del riesgo, lo que deja fuera a muchas mujeres en situación de peligro. El fracaso de este sistema evidenció, según las expertas, que la tecnología por sí sola no garantiza la seguridad y que sin coordinación institucional, recursos suficientes y prevención real, las medidas de protección se convierten en una falsa sensación de seguridad. Las portavoces recuerdan que ninguna herramienta tecnológica puede sustituir a una red sólida de prevención y acompañamiento. Insisten en que la protección real pasa por el seguimiento continuo, la atención especializada y la coordinación institucional. Advierten de que confiar la seguridad únicamente a un dispositivo puede generar una falsa sensación de protección.

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