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La Ciencia de cien años atrás: umbral del Universo moderno

Los felices años veinte del siglo pasado muestran una extraordinaria fertilidad intelectual y científica, impulsada por un ambiente de pensamiento libre y riguroso. Los avances investigadores de la época fueron decisivos para sentar las bases de la biología molecular, incluyendo la estructura de la doble hélice del ADN

La Ciencia de cien años atrás: umbral del Universo moderno

La Ciencia de cien años atrás: umbral del Universo moderno

Fernando Hernández Guarch

¿Quién entre nosotros no estaría contento de levantar el velo tras el que se esconde el futuro; observar los desarrollos por venir de nuestra ciencia y los secretos de su desarrollo en los siglos que sigan? (David Hilbert, 1920)

Un siglo representa el horizonte idóneo para una revisión histórica y epistemológica del «estado del arte» en la ciencia fundamental. ¿Qué podemos destacar de la Matemática, Física, Química, Biología y Geología que se gestó en torno a 1926? Más allá de las personalidades, el foco debe estar en los hallazgos: ¿cuáles son los avances que en 2026 celebrarán su centenario como pilares fundacionales de la ciencia contemporánea?

En Física, 1926 es sinónimo del nacimiento formal de la Mecánica Cuántica, una disciplina fundamental que transformaría el entendimiento de la materia. Este año se distingue por tres aportaciones cruciales.

Citaremos en primer lugar la Ecuación de Schrödinger, publicada por Erwin Schrödinger, que proporcionó la herramienta matemática esencial para describir los estados cuánticos y los niveles de energía de los sistemas atómicos. En segundo lugar, la interpretación probabilista de la función de onda (Ψ) propuesta por Max Born (Premio Nobel en 1954), que estableció un pilar conceptual de la teoría cuántica. Por último, la Estadística de Fermi-Dirac, desarrollada de forma independiente por Enrico Fermi (Premio Nobel en 1938) y Paul Adrien Maurice Dirac (Premio Nobel de 1933), esencial para comprender el comportamiento de partículas como los electrones. Estos avances sentaron las bases para la aceptación de la Física Cuántica en la V Conferencia Solvay de 1927.

En Química, la irrupción de la mecánica cuántica permitió una comprensión físico-matemática de los enlaces covalente e iónico, superando los modelos puramente descriptivos de Gilbert N. Lewis y Walther Kossel gracias al formalismo introducido por la ecuación de Schrödinger en 1926.

La Biología de 1926 consolidó avances decisivos en Genética con la Teoría Cromosómica de la Herencia, desarrollada por Thomas Hunt Morgan (Premio Nobel en 1933), que estableció la localización lineal de los genes en los cromosomas y sentó las bases de la futura biología molecular.

En Geología, 1926 estuvo marcado por el rechazo de la Deriva Continental de Alfred Wegener, debido a la falta de un mecanismo físico explicativo. No obstante, se produjeron avances clave en sismología, mediante el estudio de las ondas P y S, que mejoraron el conocimiento de la estructura interna de la Tierra y prepararon el camino para la futura Tectónica de Placas.

En Matemática, el periodo estuvo dominado por la Crisis de los Fundamentos, liderada por David Hilbert, cuyo programa buscaba demostrar la consistencia de la matemática formal mediante un sistema finito de axiomas, antes de su refutación por Gödel.

Todos estos conocimientos contribuyeron de forma decisiva al progreso científico. Este repaso revela la extraordinaria fertilidad intelectual de los «felices» años veinte y recuerda que nada impulsa tanto a la Ciencia como un ambiente de pensamiento libre, riguroso y feliz. ¿Qué dirán de la ciencia de 2026 dentro de cien años?

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