Los incendios en Canarias ya son más voraces que hace dos décadas
Un estudio de la ULL demuestra que la severidad del fuego ha aumentado de manera progresiva
Los efectos del calentamiento global y el abandono de los cultivos están detrás de la tendencia

Un efectivo de la Brifor pasea por la zona calcinada en el incendio de El Tanque, en Tenerife, en julio de 2025 / Andrés Gutiérrez

Los incendios en Canarias son ahora más voraces que hace apenas dos décadas. En los últimos quince años, las llamas han calcinado más de 55.100 hectáreas de montes canarios –un área equivalente a dos islas de El Hierro–, lo que corresponde al 7,4% de todo el Archipiélago. Los investigadores de Canarias advierten que esta tendencia, lejos de ser anecdótica, va a más. No en vano, las llamas se encuentran ahora unas condiciones atmosféricas que los favorecen – temperaturas más elevadas, humedad muy baja y un aplanamiento de la capa de inversión térmica– y que son cada vez más habituales en el Archipiélago. Si a estos factores naturales se les une el abandono de los cultivos más cercanos a la zona de laurisilva, Canarias es ahora un polvorín que alimenta la aparición de grandes incendios.
Son los datos que publica en un reciente artículo un grupo de investigación de la Cátedra de Riesgos de Desastres Naturales y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna (ULL), que insiste en que todos estos factores son suficientes como para invitar a las autoridades a "repensar las medidas de prevención de incendios". Así lo urge la geógrafa Nerea Martín, autora principal del artículo, quien destaca que, si bien se han desarrollado sistemas "muy buenos" para la acción y respuesta frente a la emergencia, la prevención es aún la gran tarea pendiente.
Asignatura pendiente: la prevención
"No es simplemente eliminar toda la pinocha o talar el pinar, hay que tomar medidas desde una perspectiva conjunta y territorial", explica la geógrafa. No en vano, cualquier acción puede tener una reacción, y no precisamente positiva. "Estas medidas podrían conllevar a una mala adaptación, que también es posible", insiste. En este sentido, Martín pone como ejemplo de buenas prácticas las tareas que se están llevando a cabo en Gran Canaria.
Y es que, después de sufrir los efectos de un gran incendio en 2019, la isla capitalina se ha estado preparando para evitar un suceso similar. "Están intentando crear un paisaje mosaico que sirva de cortafuegos", insiste. Así, en una misma extensión se pueden encontrar extensiones de cultivo que conviven con extensiones de vegetación natural, y zonas de pastoreo para mantener ‘limpias’ las zonas donde el entramado urbano colinda con el monte (las llamadas zonas de interfaz).
Las medianías, zona de riesgo
Precisamente esas zonas son las que más riesgos entrañan, tal y como reafirman los investigadores en este trabajo. "Las zonas de medianías altas son las más propensas a sufrir eventos de fuego", explica Martín. Las razones son múltiples. Por un lado, en dicha zona la laurisilva ha desaparecido porque ya desde hace siglos se decidió instalar allí el suelo agrícola. El problema surge cuando esos cultivos quedan abandonados –en Tenerife representan el 20% y en La Gomera el 40%– y la laurisilva empieza a recuperar su espacio lo que, en las etapas más tempranas de este bosque supone un incremento de la masa combustible.
En el otro lado están las condiciones meteorológicas, pues las medianías son una de las zonas en las que más se está notando el efecto del cambio climático. "Son zonas donde se dan esas condiciones meteorológicas propicias de baja humedad, altas temperaturas, la reducción o el descenso y aplanamiento de la inversión térmica", replica la investigadora.
El descenso del mar de nubes
Cabe recordar que fue este mismo grupo de investigación, en un trabajo liderado por el geógrafo de la ULL Pedro Dorta, quienes detectaron que esa capa de inversión térmica –que puede hacer su aparición en las Islas como mar de nubes, panza de burro o neblina– ha descendido 100 metros en el último medio siglo, impulsados por el aumento de temperaturas debido al cambio climático. Este cambio de posición es crítico, pues esta capa húmeda y fresca es precisamente la que, históricamente, protegía a las medianías de los efectos devastadores del fuego.
El último ingrediente que facilita el avance de las llamas por esta zona es donde existe, "en mayor o menor medida", una población que, ya sea por negligencias o causas intencionadas, "puede favorecer la ignición del fuego". Según el Gobierno de Canarias, la gran mayoría de los incendios en Canarias se debe a una causa humana, ya que la causa natural se debe únicamente a la caída de rayos, un fenómeno que no es tan habitual en el Archipiélago.
Los espacios protegidos, en peligro
Otra de las zonas que preocupan son los espacios naturales protegidos. "La mayoría se produce ahí", insiste la geógrafa. De hecho, aproximadamente el 81% de las áreas quemadas en los últimos quince años se encontraban en espacios naturales protegidos, lo que demuestra su alta vulnerabilidad ecológica. "Si bien es cierto que no hay población afectada, desde un punto de vista ecosistémico, los incendios pueden causar erosión, deslizamientos de ladera o propiciar inundaciones, lo que, en última instancia, sí podría llegar a afectar a zonas habitadas", insiste.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores han tomado datos satelitales. "Calculando la diferencia de reflexión de la luz antes y después de las imágenes tomadas desde el espacio se puede calcular la severidad de cada incendio individualmente", reseña la investigadora, que indica que, gracias a ello, han podido comprobar "cómo aumenta año tras año". Aunque la tendencia es clara, los investigadores son precavidos ya que cuentan con pocos datos: "tenemos imágenes de satélite de alta resolución desde 2017, así que los previos tienen poca resolución y no son comparables".
El impacto en las islas no capitalinas
Pese a la contundencia de los datos, uno de los hechos que ha llamado más la atención de los investigadores es el efecto que los incendios tienen en las islas menores. Y es que si bien las capitalinas son las que tienen mayor área quemada, en relación con su tamaño y su población, está lejos de ser la más afectada. "Si relativizar y pasas a términos porcentuales, La Palma se convierte en la isla con mayor superficie quemada", resalta Martín.
Si, por otro lado, se calcula en relación a la gestión de la emergencia, "desde el punto de vista de la afección a la población, podríamos decir que es La Gomera la más afectada", reseña. En La Gomera solo ha habido un incendio en los últimos 15 años, el de 2012, pero tuvo un impacto importante para la isla, ya que se evacuaron 5.000 personas. "Frente a las 26.000 que se evacuaron en 2023 en Tenerife podría parecer poco, pero para La Gomera representa el 22% de la población, casi lo mismo que representó para Tenerife", indica.
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