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Canarias registra nueve intoxicaciones al año por ciguatera: el mero y el medregal están detrás de la mayoría de brotes

Cuatro brotes de los 28 registrados desde 2008 los han provocado especies que no están controladas

Botes de análisis de pescado realizados en el Instituto Universitario de Salud Animal de la ULPGC

Botes de análisis de pescado realizados en el Instituto Universitario de Salud Animal de la ULPGC / ULPGC

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Las intoxicaciones alimentarias provocadas por la ciguatera han afectado a más de 150 personas en toda Canarias en los últimos 17 años, es decir, desde que se detectara su presencia por primera vez en las Islas en 2008. Aunque las cifras son relativamente bajas –supone unas nueve intoxicaciones al año por esta razón– y la vigilancia de la pesca comercial mantiene a raya los posibles brotes que se pudieran producir en el Archipiélago, los investigadores advierten de la necesidad de seguir ojo avizor. No en vano, en los últimos años se han descrito nuevos brotes en los que las especies de pescado consumidas no se encontraban en la lista que utiliza la Dirección General de Pesca para automatizar la vigilancia.

En concreto, tal y como explican los investigadores del Servicio de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias y el Instituto de Sanidad Animal y Seguridad Alimentaria (IUSA) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), en un reciente estudio, cuatro de los 28 brotes que se han producido de ciguatera en Canarias desde el 2008 han sido con especies que no están controladas por Programa de Control de Ciguatoxina.

De hecho, el último brote de esta intoxicación alimentaria que se ha registrado en el Archipiélago se produjo esta primavera después de que varias personas comieran una bicuda (Sphyraena viridensis) de 2 kilogramos adquirida en un supermercado de Fuerteventura. La picuda o bicuda –también conocida como barracuda– no se contempla como especie susceptible de pasar por ese análisis. "La información que tenemos siempre va variando porque vamos aprendiendo más", resalta María Fernanda Marín, técnico del servicio de Calidad Alimentaria de la Dirección General de Salud Pública en Canarias, que indica que la Dirección General de Pesca, adscrita a la Consejería de Agricultura cada año toma nota sobre los nuevos hallazgos y adapta los criterios de vigilancia a la evidencia científica. No sería la primera vez que se modifica esta guía de actuación. "Antes por ejemplo, solo se analizaban los meros de más de 15 kilogramos, y ahora hemos tenido que bajar el límite a los siete kilos", destaca.

Más ciguatoxinas en el medregal y el mero

Pese al hallazgo de ciguatoxinas en especies que, en principio, no están contempladas en la vigilancia, a día de hoy lo más habitual es encontrar estas toxinas alojadas en dos peces en Canarias: el medregal (Seriola spp.) y el mero (Epinephelus spp.). Según los datos publicados por Salud Pública, en 2024 se identificaron 348 especímenes de medregal positivos en ciguatoxina y otros 187 de mero. Otras especies sobre las que también existe un estricto control el hallazgo de ciguatoxinas es más residual. En el caso del pejerrey (Pomatomus saltatrix), por ejemplo, apenas se han detectado una treinta de muestras positivas de las 36 especies recogidas. En el caso del peto (Acanthoocybium solandri) o el abade (Mycteroperca fusca) apenas suman ambos una decena de casos positivos. No obstante, cabe remarcar que en estos casos, el número de especies recogidas y analizadas son mucho menores. 

Para Marín, el hecho de que solo se hayan registrado 28 brotes en estos últimos 17 años (entre 2008 y 2025) pone de manifiesto que el protocolo de vigilancia temprana "funciona". "Se siguen estrictos controles que aseguran que lo que se comercialice sea inocuo", indica Marín. No obstante, y si bien la pesca comercial en Canarias cuenta con su propio aval sanitario, este no llega a la pesca recreativa.

"Casi todos los brotes que hemos registrado en los últimos años se deben a piezas que se han consumido después de ser pescada por un particular", argumenta Marín, quien advierte de que esta práctica puede conllevar problemas más graves incluso que los de salud. Y es que, si ese pescado en mal estado es adquirido por una tasca o guachinche, una intoxicación puede obligar a tomar represalias contra quien lo distribuya. "No sería la primera vez que alguien acaba en la cárcel", advierte la técnico. Por esta razón, recuerda que los análisis realizados por el IUSA –que desde 2012, es el laboratorio de referencia regional para el control de la ciguatera en Canarias– son gratuitos. "Solo hay que hacerse cargo del transporte y la logística", recalca.

Especies importantes para la pesca

Lo complicado de la gestión de la ciguatera en Canarias es que las medidas que se implanten deben ser consecuentes con el volumen económico que genera la pesca. Y es que tanto los medregales como los meros están entre las 20 especies de pescado que más dinero revierten a Canarias. Según los datos de la Dirección de Pesca del Gobierno de Canarias, en lo que va de 2025 se han vendido 512.277 euros en capturas de este animal, lo que lo sitúa en la onceava posición –de más de 160 especies capturadas – en toda Canarias. En lo que respecta al mero, se han vendido ejemplares por un valor de 305.093 euros, lo que lo coloca en la posición 17 del total de especies con mayor producción en las Islas. "Esto complica la puesta en marcha de medidas, pues no se puede prohibir su consumo como han hecho en otros lugares del mundo", revela Marín.

Canarias es una de las pocas regiones cercanas afectadas por la ciguatera. Esta toxina, más común de zonas tropicales, llegó a las Islas por primera vez en 2004. Ya por aquel entonces, aquella intoxicación se consideró de las primeras evidencias de la irrupción del cambio climático en las Islas. "Hace 30 años la ciguatera no existía en el Archipiélago", describe Marín, quien advierte que, aunque esta toxina solo se ha encontrado por ahora en Canarias y en Madeira, "pronto podría llegar al Mediterráneo". Y es que allí ya se han encontrado las microalgas que inician esta tóxica cadena trófica.

Cabe recordar que la ciguatera es una microalga con toxinas que se acumula en el organismo de los individuos que lo consumen. Esto provoca que los peces más grandes –y los que, por tanto, consumen peces más pequeños– tengan más posibilidades de tener acumulaciones de ciguatoxinas mucho mayor.

Nuevas fórmulas de detección

Estos hallazgos sirven para planificar la gestión de la ciguatera para a los próximos años, pero también son un aliciente para seguir buscando fórmulas de mejorar dicha vigilancia. De hecho, tal y como explica Marín, en los últimos años han estado trabajando por crear un test rápido de detección. "La toxina que está en Canarias es diferente a la que se encuentra en otros lugares del mundo, ya que se adapta al entorno, por eso hay que tener pruebas específicas para detectarla", insiste la técnico, que revela que, de llevarse a cabo, esto podría acelerar las detecciones de ciguatera en el Archipiélago.

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