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Canarismos

Llenársele la cachimba (a alguien)

Llenársele la cachimba (a alguien)

Llenársele la cachimba (a alguien) / LP / ED

Luis Rivero

Esta expresión isleña se emplea cuando alguien se muestra impertinente hasta el extremo de molestar o resultar cansino por su majadería («Me estás llenando la cachimba»). “Cachimba” se le dice en Canarias a la ‘pipa para fumar’. En cuanto a su etimología -según Corominas- estaríamos en presencia de un americanismo introducido por conducto del portugués y significa ‘hoyo (lleno de agua)’, ‘pipa’; “cachimbo” (probablemente del quimbundo, “kixima”, ‘hoyo, poza’, aparejo de fumador compuesto de un hornillo, en el que se deposita el tabaco, y de un tubo por donde se sorbe el humo). Se sugiere otro foco de difusión además del portugués: el cubano. De modo tal que la voz pudo haber llegado a Canarias a través del español (apunta Morera). Con independencia del origen, es lo cierto que el término tomó carta de naturaleza en el español canario con varias acepciones derivadas de la más usual (‘pipa para fumar’). Derivativo de este es “cachimbada” que denomina la cantidad de tabaco que cabe en una cachimba y que se fuma en cada momento.

La figura del hombre canario togado con el cachorro y la sempiterna cachimba en la boca, ya sea apagada o encendida (como mismo se lleva el virginio sin filtro apagado en la comisura de los labios), se ha integrado en el imaginario colectivo casi como un arquetipo. Como mismo se ha integrado también la idea de la cachimba como una prolongación en la anatomía facial del sujeto y quizá sea lo que explique expresiones como la que dice “romperse alguien la cachimba” (que figuradamente quiere decir “romperse la cabeza o la crisma”) para referir cuando alguien recibe un golpe fortuito o voluntario en la cabeza con riesgo de “romperse la cabeza” (así, por ejemplo, cuando se presencia una caída accidental en la que se ha hecho daño, puede exclamarse: “¡Ños!, ¡ya se rompió la cachimba!”). Así, por metonimia, la cachimba ha pasado a denominar la cabeza, mientras que por derivación “cachimbazo” se ha convertido en sinónimo de golpe fuerte y violento. Pero echarse una cachimba, fumar en pipa, posee también un componente ritual y como tal, una carga simbólica. El humo que se exhala es símbolo universal del contacto entre la tierra y el cielo, momento culmen del día en el que se enciende la cachimba. El rito de fumar en pipa exige un momento de descanso, de reconciliación y en cierto modo de contemplación. Este estadio que se alcanza es el antagonista de la expresión comentada, “llenársele a alguien la cachimba” (afín a “me tiene loco de la cabeza”). Que se entiende mejor en estas dos variantes al uso: “llenársele la cachimba de tierra” o “llenársele la cachimba de barro” para referirse a quien está harto por las molestias e impertinencias de otra persona, es decir, exactamente lo contrario al estado de placidez y quietud que procura el humo del tabaco que se consuma en la cachimba. Son frases afines o de uso similar: “chingar/llenar la borrega) [borrega es una especie de petaca o saco de goma para llevar el tabaco para el consumo personal] que es hartar a alguien con impertinencias, majaderías y un comportamiento fastidioso; “llenarle el saco (a alguien) hasta rebosar” o “joder la pavana”, ambas con sentido similar a la anterior. En suma, “se me está llenando la cachimba” equivale a “¡estoy/me tienes hasta la coronilla!” que coloquialmente se emplea en castellano para referir que se está cansado y harto de que le den la pejiguera.

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