Abrazos encadenados
Una madrugada hablando de ‘La voz de Hind’ (Kaouther Ben Hania), ‘Valor sentimental’ (Joachim Trier) y ‘Los puentes de Madison’ (Clint Eastwood)

Stellan Skarsgàrd y Elle Fanning en ‘Valor sentimental’ / LP / ED
Luis Roca
La conversa transcurre con los dos en el dormitorio a altas horas de la madrugada, hace rato que han vuelto de cenar en casa de unos amigos. Él está tumbado en la cama, atrofiado todavía por los efectos del alcohol, camiseta blanca y bóxer negro. En la mesilla de noche, una botella de tequila reposado con vaso de chupito junto a un despertador digital desenchufado, nada admira tanto como su espalda cetrina desnuda. Ella no es del todo ajena a sus miradas. Termina de prepararse para acostarse, entra y sale del baño, guarda los aretes de oro en su cajita sobre la cómoda. Él observa detenidamente el gesto de su boca al quitarse los pendientes. Ella se tumbará junto a él, harán el amor.
- Dale, cariño. No bebas más. Acuérdate de Hind, ese genocidio insoportable.
- No seas aguafiestas, nena.
- No dejo de pensar en esa niñita. En sus cinco años, en sus mensajes reales diciendo a su interlocutor de la Luna Roja que se estaba muriendo, en el terror que expresaba al oír el tanque acercándose.
- Es Gaza, pero también cualquier guerra, amor, pasa en todas, y cosas más atroces, recuerda el cadáver del niño sirio ahogado en la orilla de la playa griega, angelito.
- Pues maldigo también a Háfez al Asad. Y a Putin por protegerle. Y por Ucrania.
- Si para algo sirve La voz de Hind es para recordarnos la naturaleza humana, acabaremos como en “Bugonia” (Yorgos Lantinos), ¿recuerdas? Por mucho que el amor se empeñe en abrazar, estamos condenados a la destrucción, que es su reverso.
- Tienes razón: amar es construir.
- Pero yo no quería volver a hablar de Hind, sino de otra cosa.
- Arranca, colchón.
- A veces leo un libro, o veo una película, y me tengo que parar, como si me faltara el aire.

Hind Rajab en ‘La voz de Hind’. / LP / ED
- (…)
- Es algo físico, una opresión en el pecho por la emoción, como una felicidad… psicosomática.
- Hazme hueco.
- Es en serio. Me pasó con Valor sentimental . Me hubiera salido dos o tres veces, pero la entrada…
- En Madrid son 10,90.
- ¡Qué gusto la versión original en pantalla grande los martes en Las Arenas! Pero no quiero que hablemos de Valor sentimental, te va a encantar. Dos hermanas noqueadas por culpa de un padre director de cine egocéntrico y un poco cabrón. Es Noruega. Preciosa.
- Interesante.
- Sí, tiene esa luz de las películas escandinavas, que parece que acarician personas, objetos, árboles, casas. Y qué dos actrices, sobre todo la que hace de Nora (Renate Reinsve). Qué guapas y qué poco noruegas.
- ¿Qué se cuenta la señorita?
- ¿Pocoyó?
- Es una orden, ven aquí.
- Te quería hablar de Los puentes de Madison ¿la recuerdas?
- Bastante bien, Meryl Streep es Francesca, una ama de casa de Iowa que se queda cuatro días sola en su casa y recibe por casualidad la visita de un fotógrafo que le pide ayuda para encontrar unos puentes.
- Bingo. ¿Has pensando en por qué precisamente puentes?
- Los puentes generan algo nuevo uniendo obstáculos que parecían insalvables. Esos de Madison unen a dos personas que, de otra manera, jamás se hubieran comunicado, ni tocado.
- Y hacen que esa relación sea eterna, ¡chupito por los puentes!
- Dale, amor, no bebas más. Ven, no te separes.

Clint Eastwood y Meryl Streep em ‘Los puentes de Madison’ / LP / ED
- La saboreé a sorbitos, la primera vez la dejé cuando Francesco observa a Robert desde la planta alta de la casa, él se refresca sin camisa en el jardín. Ahí ya ha decidido que a ese hombre se lo emplata.
- Obvio. Gírate, amor.
- Pasaron semanas cuando la cogí otra vez, por eso la empecé desde el principio. No recordaba que empezara con los hijos y el abogado abriendo las cajas cerradas tras el fallecimiento de Francesca… Y la volví a dejar cuando ella y Robert se abrazan por primera vez, ¿recuerdas? Logra un tempo igual a como esas cosas pasan en la vida real.
- Así es. Es un momento cinematográfico precioso, único, nada más que con una sucesión de fundidos encadenados.
- Reivindiquemos los encadenados. ¡Sí! Chup…
- ¡Para, cariño, ya!
- … por los abrazos encadenados. ¿Te diste cuenta de que la forma cómo se seducen esos dos daría para una tesis? Es elocuente cómo Meryl Streep va expresando su ardor modificando su lenguaje corporal.
- Meryl Streep reina.
- En un momento dice: “Después de los abrazos, empecé a actuar como otra mujer. Pero, de pronto, me di cuenta de que esa mujer en realidad es la que siempre había sido”. ¿Has pensado en que casi todas las personas vivimos nuestras vidas renunciando a nuestro verdadero yo, como Francesca?
- Pero si casi nadie sabe lo que quiere.
- Yo quería ser astronauta, por un segundo en el espacio regalaría toda mi carrera. Nosotros somos los dioses, querida. Nous sommes de dieux. Creamos dioses sin entender que los dioses están en cada uno de nosotros. Inventarlos es una forma de hacer soportable la conciencia de serlo.
- Como si externalizáramos una parte del negocio.
- Eso es. “Rezar es luchar contra la desesperación”, se dice en Valor sentimental.
- Ven tú ahora, te toca.
- No dejes de verla.
- ¿Y qué me dices de Clint?
Él no la escuchó, se acariciaba las orejas con la cara interior de sus muslos. En la calle había empezado a llover a raudales ¿O era en su cabeza? Levantó la vista. Fuera seguía seco como desde hace meses. Tampoco había viento. El tintineo de las luces navideñas del vecino se reflejaba en su ventana, el muy cursi las había puesto ayer. ¿Y si de repente apareciera una camioneta, qué haría?
Se durmió por fin. En su sueño se vio con él en el coche en la ciudad. Y de pronto vio a Robert en la acera, empapado bajo la lluvia torrencial. Parecía un sintecho, lo veía vestido y desnudo a la vez. Él la miraba fijamente. Ella se incomodaba, se ponía la mano en los labios, se contorneaba como si le doliera la barriga. De pronto oyó el traqueteo del tanque avanzando hacia ella, se asfixiaba, las orugas metálicas chirriaban de forma cada vez más atronadora, oyó la voz de Hind Rajab dentro del coche entre los cadáveres de sus seis familiares, preguntaba cuándo iban a venir a rescatarla, sonó un cañonazo atroz. Abrió los ojos sobresaltada. Estaba sola en la cama, la despertó el ruido del exprimidor en la cocina.
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