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Un regalo de Reyes por adelantado: Muriel, la primera niña nacida en Tenerife, llega al mundo sin cuartos ni campanadas

Muriel Reyes es la primera bebé nacida en Tenerife y la tercera de Canarias del año 2026

Muriel, la primera bebé de 2026 en Tenerife

Andrés Gutiérrez

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

En una habitación de la tercera planta del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, los tenues rayos de luz del lluvioso primer día del año 2026 iluminan el rostro cándido de Muriel Reyes. Con apenas 12 horas de vida, la pequeña duerme en los protectores brazos de su madre, Saray Guevara, que no le quita el ojo. Sus cachetes sonrosados y su sonrisa inocente — que le dedica de vez en cuando a su madre cuando la escucha hablar — son uno de los mejores regalos que podría haber traído el nuevo año a su familia, que, sin embargo, no la esperaba hasta el día de Reyes. Pero un adelanto imprevisto de la fecha señalada en el calendario ha hecho que, después de nueve meses, ya le pongan cara a su pequeño gran tesoro.

Muriel Reyes, con un peso de 3.415 gramos, es la primera niña nacida en 2026 en Tenerife y el tercer bebé nacido en las Islas en este primer día del nuevo año. De hecho, el primer nacimiento del año en Canarias ocurrió apenas siete minutos después de que la última nota de las campanadas.

Ocurrió en el Hospital Universitario de La Palma, donde un niño de 2 kilos 800 gramos de peso evitó que su mamá pudiera empezar el año tomándose las uvas. Veintidós minutos después a 256 kilómetros de la Isla Bonita nacía en el Hospital Materno Infantil de Canarias, en Gran Canaria, el que se convertiría en el segundo niño del año en Canarias . Esta vez, sin embargo, pesó un kilo más de peso que su predecesor: 3 kilos 800 gramos.

Muriel fue la tercera. Nació justamente a las 00:46 horas, después de un parto que se produjo íntegramente en el año nuevo. La pequeña dormita plácidamente en los brazos de su madre envuelta en una sábana y cubierta con su gorrito de lana rojo con una borla blanca, al más puro estilo Papá Noel.

Un nombre poco común

Muriel no es un nombre muy común. De hecho, solo lo tienen 575 personas en toda España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, es un nombre más común en Gran Canaria, donde se registra una alta densidad de mujeres llamadas Muriel en concreto en el municipio de Las Palmas de Gran Canaria. En Santa Cruz de Tenerife se calcula que 0,02 mujeres de cada 1.000 se llaman así.

Para Saray y su pareja, es el recuerdo de una novela que solían ver juntos fue la que les dio la idea. «Nos pareció un nombre muy bonito», recuerda la madre, que deja caer que lo habían pensado incluso antes de concebirla.

Una niña muy tranquila

Su tranquilidad parece contagiar a toda la planta de maternidad, pues ni un solo llanto rompe la paz que se respira. Iba a llegar el 6 de enero, pero prefirió adelantarse. «Es un regalazo», confiesa su madre, que se muestra reconfortada por poder disfrutar de una fecha tan señalada como la visita de los Reyes Magos también con sus dos niñas mayores: Mariam, de 14 años, y Melany, de 13. "Ahora lo podremos pasar las tres juntas", asegura.

"Ellas están contentas y están bien, les pareció un nacimiento muy rápido también", explica su madre. Será la cuarta de los hermanos de ambas adolescentes, ya que hace poco también nació su hermanastro. "Están ahora más acostumbradas a estar con bebés porque su hermano nació hace dos años", revela la madre. Mariam y Melany son hijas de su primera pareja, con la que afirma, tuvo hijas muy joven. Ahora tras rehacer su vida con otra persona, Guevara se animó a repetir la experiencia de la maternidad. "Mi pareja no tenía hijos y decidimos ir a por todas", sentencia.

Explorando el mundo

A Muriel aún le cuesta un poco saber siquiera qué ha ocurrido. Hace apenas 12 horas flotaba en la calidez del vientre materno, el único lugar que había conocido en estas últimas 39 semanas. Ahora, lucha por abrir los pequeños ojos que habían permanecido cerrados durante tanto tiempo, pues aunque lo que vea sean aún siquiera espejismos del mundo, cualquier pequeño estímulo es excitante en este nuevo lugar.

Y, a tenor de sus prisas por nacer, parece que tenía ganas de contemplarlo por sí misma. "Llegó muy rápido, ingresé a eso de las 12 y a las 12:46 ya había dado a luz", explica Guevara, mientras entrelaza sus manos con los deditos de las manitas de la niña. Sus dos hermanas la visitarán por primera vez a lo largo del día.

Un parto sin cuartos

Con nueve centímetros de dilatación, a su llegada al hospital no hubo tiempo ni para ponerle medicación. "No llegaron a ponerme la epidural", explica. "Tenía dolores y malestar desde la mañana y cuando vi que no podía más, pedí que me llevaran al hospital", rememora la mujer. La experiencia es un grado, aunque asegura que sus dos embarazos anteriores fueron muy diferentes. "En ese momento, con 25 años, me comía el mundo, ahora casi me come el mundo a mí", explica.

Para Guevara no hubo cuartos ni campanadas en año nuevo, pero no se iba a quedar sin tomarse las uvas. "Me las comí a las cinco de la mañana", confiesa entre risas. La llegada de la pequeña le cogió de sorpresa, en plena comida en casa de sus primos en Barranco Hondo. "Por suerte estábamos muy cerca, si llegamos a vivir en el sur, no sé dónde habría nacido la niña", afirma, mientras bromea con la posibilidad de haberla tenido en la ambulancia o en el coche.

Sentada en la cama, Guevara reconoce que ya no se acordaba de lo que era un parto. "Ha pasado tanto tiempo que eso se olvida", explica. Razón por la cual, pese a ser su tercera visita al paritorio, sentía algo de miedo por el resultado. Quienes le ayudaron a superarlo fueron, precisamente, los sanitarios. "Fueron superatentos en paritorio, así que me sentí muy segura", revela. Con su mamá casi sin secuelas, Muriel se enfrentará en un par de días al mundo real, en el que podrá aprender en cada latido de su pequeño corazón el verdadero significado de la aventura de vivir.

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