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Una 'boutique' del músculo para cumplir las metas de Año Nuevo

Más pequeños, personalizados y con grupos reducidos. Los gimnasios boutique se abren paso como respuesta a una creciente demanda de entrenamiento de mayor calidad. Este modelo de negocio se enfrenta a importantes desafíos que ponen a prueba su sostenibilidad

Un grupo de personas que entrena en La Sala.

Un grupo de personas que entrena en La Sala. / La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

Más pequeños, más personalizados y con grupos más reducidos. Los gimnasios de formato boutique ganan cada vez más protagonismo en Canarias se posicionan como un modelo exclusivo para tachar los objetivos relacionados con el deporte del año nuevo. Pese al auge de este sector en el panorama deportivo del Archipiélago, los retos a los que se enfrentan estos negocios —especialmente los de carácter económico— son numerosos. En las Islas, el deporte aporta de forma directa 2.586 millones de euros anuales a la economía regional, lo que representa un 4,45% del PIB, además de generar 28.667 empleos directos, según el primer Estudio de Impacto Socioeconómico de la Industria del Deporte en Canarias. Unos datos que sitúan al Archipiélago como la quinta comunidad autónoma con mayor número de empresas deportivas del país.

Los datos contradicen la situación de los pequeños gimnasios. Su aportación sigue siendo mínima y una parte muy significativa del impacto deportivo en la Comunidad Autónoma corresponde al deporte turístico y al federado. La contribución de los gimnasios continúa siendo reducida y, en palabras de Isaac Rojas, CEO de Health Space Tenerife, se sitúa muy por debajo de la registrada en otras comunidades autónomas.

En paralelo, el sector de los gimnasios ha experimentado una profunda transformación. Si bien cada vez más personas destinan parte de sus ingresos a entrenar en este tipo de centros, la tendencia actual apunta a la búsqueda de experiencias más adaptadas, con programas de entrenamiento ajustados a las necesidades de cada usuario. Así, hace ocho años se consolidó en Las Palmas de Gran Canaria La Sala, un espacio centrado en el entrenamiento personal. Sus sesiones, con una duración de 30 minutos o una hora, se desarrollan en grupos muy reducidos —un máximo de cuatro personas por entrenador—, lo que permite ofrecer un servicio semiindividualizado. La cuota mensual es de 175 euros para dos sesiones semanales de 30 minutos, mientras que asciende a 233 euros en el caso de tres sesiones por semana.

Los centros

El modelo del centro —explica Marta Capdevila, propietaria de La Sala— presenta, por norma general, una rentabilidad inferior a la de las grandes superficies o a la de otros gimnasios con grupos más numerosos. En este sentido, reconoce que, aunque se ajusten al máximo los márgenes para mejorar la rentabilidad, se trata de un servicio que no está al alcance de todos los bolsillos. Un factor que condiciona directamente el crecimiento del negocio, pese a que muchas de las personas que buscan servicios más individualizados y de mayor calidad lo conciben como una inversión a largo plazo.

Instalaciones de uno de los centros de Health Space Tenerife.

Instalaciones de uno de los centros de Health Space Tenerife. / La Provincia

Aunque el filón de negocio es evidente, la oportunidad presenta luces y sombras. En el sector de los pequeños gimnasios ha aumentado la presencia de intrusismo y de profesionales sin la cualificación adecuada. Una situación que se ve agravada por la ausencia de una ley que regule las competencias profesionales. "Es la doble cara de la moneda", explica Rojas.

Retos económicos

Las instalaciones deportivas en Canarias también se enfrentan a importantes dificultades como la carga fiscal derivada de la aplicación del IGIC, actualmente situado en el 3%. La circunstancia condiciona la rentabilidad del sector. Las perspectivas de futuro se afrontan con cautela. "No sería honesto negar que cada vez resulta más complejo gestionar centros de este tipo cuando la filosofía es intentar contener los precios", subraya Capdevila, quien añade que el aumento de los costes de personal, cotizaciones, suministros y material genera "una tensión constante" entre lo que realmente se cobra y lo que sería necesario cobrar para alcanzar niveles de rentabilidad similares a los de otros modelos de negocio.

El impacto real de cada cuota mensual resulta innegable en este tipo de empresas, por lo que "las bajas se viven de forma más intensa", apunta Marta Capdevila. A ello se suma que, como pequeña empresa, "el margen de maniobra ante posibles imprevistos es mucho menor".

En el caso de Health Space Tenerife, tras 15 años de trayectoria, Rojas considera que anteriormente la rentabilidad era mayor porque "había más fraude". A su juicio, el problema radica en que muchas empresas carecen del background necesario para construir proyectos con calidad social y laboral. Los números, sostiene, deben hacerse teniendo en cuenta contingencias habituales, como las bajas por enfermedad o los periodos vacacionales. Se persigue un determinado volumen de facturación sin considerar que "mantener una empresa implica asumir un conjunto amplio de gastos".

Los clientes

Ampliar el abanico de servicios y extender el trabajo a otros ámbitos, como la osteoporosis, el suelo pélvico o la gestión de grupos y la comunicación, figura entre los principales objetivos de La Sala. Por el momento, la demanda continúa en aumento y, según sostiene Capdevila, "cuesta pensar que quienes han experimentado este tipo de acompañamiento vuelvan a entrenar en grandes instalaciones".

La necesidad de una mayor conciencia social también es clave. "Hay que entender que cuidarse y ponerse en manos de profesionales cualificados —graduados, con máster universitario — puede implicar un coste superior. Quizá ya no sean 60 euros al mes, sino algo más. Pero eso permitiría que las empresas ingresen lo que realmente les corresponde y que el modelo sea sostenible", concluye Isaac Rojas.

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