La Navidad, el periodo más difícil para las personas con TCA
Comidas familiares, presión social y ruptura de rutinas convierten las fiestas en un escenario de riesgo para muchas personas, mientras psicólogos y pacientes recuperados reclaman comprensión, acompañamiento y menos foco en el plato

Una cena de Navidad. / MilosStankovic
María Alfonso Rodríguez
La Navidad es sinónimo de encuentros, mesas compartidas y celebraciones, pero para las personas que conviven con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) estas fechas pueden convertirse en uno de los momentos más difíciles del año. La presión social en torno a la comida, los comentarios sobre el cuerpo y la ruptura de rutinas hacen que la ansiedad se dispare, especialmente en quienes están atravesando un proceso de recuperación.
La creadora de contenido y entrenadora personal Carlota Pérez, que padeció un TCA severo y hoy se encuentra recuperada, recuerda la Navidad como una etapa especialmente compleja. «Las comidas eran una tortura, no por la comida en sí, sino por todo lo que había alrededor», explica. La sensación de estar constantemente observada y juzgada convertía cada encuentro familiar en un reto. «Todo el mundo opina: que si comes poco, que si comes mucho...», señala, y reconoce que esa mirada ajena reforzaba el miedo y la culpa.
Una época sensible
Durante esos días, la comida dejaba de ser un acto social para convertirse en un foco de control. «Vivía las fiestas con angustia y con estrategias para compensar», admite. La ruptura de las rutinas habituales y la abundancia de comidas fuera de casa intensificaban los pensamientos obsesivos.
«Cuando tienes un TCA, no hay descanso, y en Navidad menos», resume. Hoy, desde la recuperación, reconoce que sigue siendo una época sensible, aunque la afronta desde un lugar muy distinto. «He aprendido que no pasa nada por comer más un día y menos otro; el problema era todo lo que había detrás», comparte.

Carlota Pérez. / E. D.
Factores de riesgo
Desde el ámbito profesional, Raquel García Gutiérrez, psicóloga de la asociación Gull-Lasègue, confirma que las fiestas suponen un periodo de especial vulnerabilidad. «La Navidad reúne muchos factores de riesgo: comidas frecuentes, presión familiar, expectativas sociales y una gran carga emocional», explica. Según señala, es habitual que durante estas semanas aumenten las consultas y las recaídas. «No es que la Navidad provoque un TCA, pero sí actúa como detonante o amplificador de síntomas».
La psicóloga subraya que uno de los principales errores del entorno es centrar toda la atención en la comida. «Cuando vigilamos, controlamos o comentamos constantemente lo que la persona come, aumentamos su ansiedad», advierte. También alerta sobre los mensajes aparentemente inofensivos. «Comentarios como 'come un poquito más' o 'no pasa nada por saltarte la dieta' pueden vivirse como una enorme presión», señala, recordando que los TCA no son un problema de voluntad, sino de salud mental.
García Gutiérrez insiste en la importancia del acompañamiento emocional. «Lo que más ayuda es normalizar, no convertir la comida en el centro de todo y estar disponibles desde la escucha», apunta. En su experiencia, muchas familias no saben cómo actuar y oscilan entre la sobreprotección y el silencio. «Ni vigilar ni mirar hacia otro lado; se trata de acompañar sin juzgar», resume.

Una mesa navideña. / E. D.
Relación alimentaria
Desde la nutrición, Elizabeth Hernández García, también profesional de Gull-Lasègue, advierte del daño que provoca el discurso del exceso asociado a estas fechas. «Nos venden que el sentido de la Navidad es comer en exceso, cuando en realidad se basa en compartir», afirma. A su juicio, vincular las comidas festivas a la culpa o a la compensación posterior refuerza una relación poco saludable con la alimentación. «La alimentación no es una suma o una resta», insiste.
Hernández García subraya la importancia de recuperar una escucha corporal consciente, especialmente en personas con TCA. «La comida no se controla; lo importante es saber escucharnos y conectar con las señales de hambre y saciedad», explica. Ante el miedo a sentarse a la mesa, recomienda priorizar ambientes tranquilos, sin presión ni comentarios sobre el peso o lo que se está comiendo. «Se trata de disfrutar del momento compartido», apunta, recordando que la recuperación pasa por reconciliarse con la comida desde el respeto y sin juicio.
Tanto profesionales como personas que han pasado por un TCA coinciden en la necesidad de cambiar el enfoque social con el que se viven estas fechas. Reducir la Navidad a una sucesión de comidas copiosas, dietas posteriores y bromas sobre el cuerpo contribuye a normalizar mensajes dañinos que pueden pasar inadvertidos para la mayoría, pero que resultan profundamente desestabilizadores para quienes conviven con un trastorno alimentario. De ahí la importancia de promover una mirada más empática, que ponga el acento en el cuidado, el respeto y la diversidad de experiencias, también en Navidad.
Carga emocional
Más allá de las comidas, la Navidad también implica una fuerte carga emocional. «Es una época que idealizamos como feliz y familiar, y cuando no lo es, aparece la culpa», explica la psicóloga. Esa disonancia afecta especialmente a personas vulnerables, que sienten que no encajan en el relato festivo. «Si no estás bien, parece que estás fallando», añade.

Carlota Pérez. / E. D.
Carlota Pérez coincide en ese diagnóstico y lanza un mensaje claro a quienes atraviesan ahora una situación similar a la que ella vivió. «No estás sola ni solo, aunque lo parezca», afirma. Reconoce que durante años pensó que pedir ayuda era una derrota. «Hoy sé que fue el primer paso para empezar a vivir», dice. Por eso insiste en la importancia de apoyarse en profesionales y en el entorno. «La Navidad pasa, pero tu salud se queda», concluye.
El abordaje de los TCA durante las fiestas requiere comprensión, información y cuidado. Porque detrás de cada plato hay emociones, miedos y una historia que merece ser escuchada. Y porque, en medio del ruido de las celebraciones, a veces el mayor regalo es poder sentarse a la mesa sin miedo.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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