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Del lienzo al escenario: la danza conquista el Museo de Bellas Artes

El XXIV Festival de Danza Canarias dentro y fuera arranca en el enclave capitalino con las propuestas de María Mora y Daniel Abreu

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

No solo de cuadros y esculturas se nutre un museo. Cada día que pasa, más personas apuestan por convertir estos espacios en un lugar habitado, de tránsito, que pueda contener acciones más allá de la mera exposición. Las artes en movimiento son una de esas disciplinas que se están empeñando en conquistar estos enclaves museísticos puesto que juegan la baza de ser conocedores de que la danza y el arte maridan a la perfección. El Festival de Danza Canarias dentro y fuera arrancó este viernes 26 de diciembre su XXIV edición precisamente con su propuesta para el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, hasta donde llegaron dos piezas de estreno y creadas ex profeso para la ocasión.

Este enclave museístico, construido durante la primera mitad del siglo XX invitó, una vez más, a que el público se acercara al arte de forma literal. La memoria, la permanencia y la identidad, tres aspectos que rigen la historia y funcionamiento de este espacio desde que abriera sus puertas en 1929, se entrelazaron a la perfección con el espíritu del festival, que inauguró de esta forma su XXIV edición. Sin embargo, el museo no actuó como mero contenedor de la acción artística, sino que se configuró como materia misma de la danza.

María Mora

Las dos piezas que se pudieron ver durante la mañana en cuatro pases cada una de ellas fueron creadas en específico para esta iniciativa y tan solo se pueden ver en este contexto puesto que el diálogo con las obras de arte y con las salas del museo es imprescindible para poder llevarlas a cabo. La primera de las paradas de la jornada tuvo lugar en el almacén visitable ubicado en la primera planta del museo chicharrero, donde el público prácticamente pudo tocar a María Mora durante su actuación. «La danza es movimiento y el movimiento es cuerpo», dice la veterana bailarina, quien le otorga tanta importancia al cuerpo «físico, tangible y real» como al espacio que habita. En sus propias palabras el «espacio nos inspira, nos atrae y nos mueve», lo que se vio traducido a la perfección en su pieza de estreno, en la que quedaba claro, tal y como reza la sinopsis de la obra, que las «paredes nos gritan, nos calman, nos empujan o nos rechazan». De este modo, la pieza propuesta por Mora surge del entendimiento con el entorno, «la fluidez y rigidez del cuerpo acorde a lo que lo rodea, a la energía de la gente que lo ocupa o al vacío que lo llena» y celebró que, con el Festival Canarias dentro y fuera, «el arte inunda cada una de las esquinas del Museo Municipal de Bellas Artes».

María Mora actúa en el almacén visitable del Museo de Bellas Artes.

María Mora actúa en el almacén visitable del Museo de Bellas Artes. / María Pisaca

Sobre una mesa por la que seguro que han pasado parte de los tesoros artísticos que alberga este museo chicharrero, María Mora esperaba a los espectadores, como si se trata de una escultura expuesta más. La bailarina fue despertando poco a poco y desperezándose, activando primero sus manos y sus brazos, aprendiendo a moverse como un bebé que va descubriendo su cuerpo poco a poco y sin abrir sus ojos. Con los sonidos de la música, la vida y la curiosidad terminó por conquistar el cuerpo de María Mora, quien sin perder el apoyo de su compañera de escenario, la mesa, danzó frente a las obras colgadas en las paredes, con las que parecía que conversaba sin palabras.

Daniel Abreu

El segundo protagonista de la jornada en el Museo de Bellas Artes fue Daniel Abreu con su pieza Entre obras, que fue interpretada en la sala del piano, en la segunda planta del edificio. Con una sinopsis enigmática, el Premio Nacional de Danza ha querido hacer presente el cuerpo humano en mitad de un ruido constante. «Una figura se cae, un sonido que ensordece», avanzaba el bailarín tinerfeño quien parecía un espectador más al inicio de la pieza, sentado en uno de los bancos ubicados en la sala y contemplando el impresionante óleo De la conquista de Méjico (Otumba), de Manuel Ramírez Ibáñez, uno de los fondos del Museo del Prado depositado en el enclave santacrucero.

Entre los retratos de María de las Mercedes y el rey Alfonso XII, Daniel Abreu alabó el amor que se profesaron aunque recordó, justo antes de comenzar a danzar, que su matrimonio tan solo duró cinco meses, a pesar de que se trataba de un amor fuerte y real. El coreógrafo y creador tinerfeño, referente en la danza contemporánea en España, demostró una vez más por qué recibió en el año 2014 el Premio Nacional de Danza y se atrevió a interpretar parte de la música él mismo gracias al piano que le da nombre a esta sala del museo.

Diálogo

Con un lenguaje coreográfico propio, caracterizado por la intensidad física y la investigación del movimiento, parecía que Daniel Abreu dedicara su coreografía a los personajes ilustres que pueblan los imponentes cuadros que cuelgan sobre las paredes de ese espacio.

Las notas interpretadas por el tinerfeño se fundieron poco a poco con la música que comenzó a sonar en la sala y que animó a Abreu a bailar sostenido por los objetos preciosos que lo rodeaban, pero también para ellos, en una danza que invocaba la belleza, no solo del baile sino también del arte que alberga este museo capitalino. Al igual que cómo empezó, Abreu volvió a su posición inicial para compartir con el público una vez más la bella imagen de las obras de arte en una mañana en que la danza fue una pieza más del museo.

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