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El rojo 'esperanza' de los bomberos inunda los pasillos del Hospital Universitario de Canarias

Casi una veintena de efectivos del consorcio de Tenerife se encargan de apagar miedos y amenizar la jornada de los más pequeños del centro

Bomberos del Consorcio de Tenerife visitaron ayer a pacientes pediátricos del HUC, como Valeria Medina.

Bomberos del Consorcio de Tenerife visitaron ayer a pacientes pediátricos del HUC, como Valeria Medina. / Arturo Jiménez

La Laguna

En los jardines del Hospital Universitario de Canarias no predomina el verde como de costumbre. Unos camiones de color rojo esperanza se abren paso entre la multitud y captan la atención de cualquiera que pasea por allí. Hoy es el día, aunque muy pocos lo saben. Es parte de la gran sorpresa. Tras unos minutos de expectación, una de las puertas de las furgonetas se abre y, poco a poco, el misterio comienza a desvanecerse. Un grupo de hombres uniformados desciende del vehículo y como si de otra misión se tratase empiezan a equiparse. Ya están aquí: «¡Bomberos, bomberos!».

El primero en recibir la visita de estos «héroes» es el pequeño Derek Castellano, un paciente oncológico que afronta una leucemia. «Toc toc», suena tras la puerta. «Pero si no es el horario de visita de las familias aún», exclama su madre, Alba Delgado. Y antes de que ambos puedan asimilar lo que sucede, unos siete bomberos están dentro de su habitación. La cara del pequeño es de asombro y alegría, apenas puede creérselo. Él siempre ha sido más de bomberos que de policía por los famosos camiones de estos equipos especiales. Y hoy, al fin, ha cumplido un sueño.

Veintena de efectivos

Así comenzaba la mañana de ayer en la planta de Pediatría del Edificio de Hospitalización del HUC. Casi una veintena de efectivos se encargaron de apagar miedos y amenizar la jornada de los más pequeños que, por un motivo u otro, debían pasar el día allí. Eduardo Betolaza, uno de los presentes, sacó una bolsa azul con regalos en su interior: libretas, bolígrafos, llaveros y también una pizarra digital.

Aunque lo que más le gustó a Derek fue la acreditación de «bombero honorífico». Se trata de un carnet que le permite el acceso a uno de los parques y que además lo reconoce como un auténtico colaborador de estos profesionales. «Tenemos un pronóstico bueno y dentro de muy poquito estaremos por ahí», aseguró Delgado. Bajo su lema familiar «cada día que pasa es uno menos en el hospital», el pequeño demostró ser un guerrero a la altura de sus invitados.

Pero no fue el único. Valeria Medina, otra de las pequeñas hospitalizadas, tuvo la oportunidad de probarse uno de los cascos de estos bomberos, casi más grande que su cabeza. Ella, a diferencia de Derek, es más de policías que de bomberos. Pero los presentes no se lo tuvieron en cuenta. Entre ellos, Juan Manuel Martín, un bombero jubilado desde hace 16 años que por nada del mundo se pierda esta cita tradicional. A sus 77 años continúa visitando los pasillos del HUC –y también los del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria– con la ilusión de ver la cara de alegría de los más pequeños. «Para mí es una fecha muy especial porque los menores lo disfrutan, pero nosotros aún más», confesó.

Una opinión que resulta compartida entre sus compañeros. Pedro Valladares, otro de los bomberos protagonistas de la jornada, también lleva varios años acudiendo. «Es toda una satisfacción disfrutar de este día con ellos», agregó. Su misión no es otra que la de amenizar la estancia de los pacientes. «Les sacamos una sonrisa, aunque también intentamos que lo disfruten los padres. Hay que entender que tampoco están pasando un buen momento», señaló.

Halagos de pequeños y mayores

La visita se enmarca dentro del programa de la Asociación Cultural que tienen los propios bomberos en el Consorcio. Y aunque comenzó en la planta de Pediatría, contó con otras paradas. Pasaron por el Hospital del Día, la zona de Consultas y la Guardería del centro. Y entre trayecto y trayecto, recibieron halagos de todos los visitantes del centro. Entre ellos el de una abuela, Rosa Jorge, que acudía a una de las consultas con su nieta, Leire Pérez, y se mostraba aún más sorprendida que la pequeña. «No me lo esperaba para nada, ha sido todo un detalle», confesó.

Por su parte, el supervisor del área Materno-Infantil del HUC, Daniel González, recordó que este tipo de actividades permiten a los menores distraerse de la rutina hospitalaria en la que están sumergidos. «Es muy beneficioso para ellos, pero también lo es para sus padres, que al final quieren que sus hijos estén cómodos», concluyó.

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