Entrevista | Josefina Domínguez Mujica Catedrática de Geografía Humana
Josefina Domínguez Mujica: «La vivienda de promoción pública que se hizo en los años 60 está hoy en una posición terrible»
La catedrática de Geografía Humana de la ULPGC Josefina Domínguez Mujica analiza en esta entrevista la realidad de la segregación socioeconómica en las ciudades canarias, desde los fenómenos históricos a los nuevos factores como pueden ser la turistificación y la gentrificación

Catedrática geografía Josefina Domínguez Mujica. / José Pérez Curbelo
¿Cómo se manifiestan las desigualdades en las ciudades canarias?
Las desigualdades de renta son evidentes y son de clase social. El primer factor condicionante es el precio del suelo y de la vivienda. Un hogar con un nivel de renta limitado no puede adquirir o alquilar una vivienda en La Minilla, por ejemplo. Eso sucede en todas partes, también en Santa Cruz de Tenerife. Son factores de segregación territorial en prácticamente todas las ciudades del mundo. Hay ciudades donde los contrastes no son tan manifiestos, pero en España en general sí que se dan y a mayor dimensión urbana, estos son mayores. Probablemente, si hiciéramos un análisis comparativo, Madrid tiene más fracturas y más diversidad en cuanto a niveles de renta y riqueza que las capitales canarias. A mayor gigantismo urbano, mayores es segregación socioeconómica.
¿Pesan factores históricos en la actual segregación de las ciudades canarias?
Pueden pesar, pero no son condicionantes. Hay centros urbanos que han perdido el carácter de ser el ámbito preferente de residencia de las clases privilegiadas. Pongo un ejemplo, Vegueta probablemente no tiene unos precios de suelo tan elevados como tienen barrios recientes, como La Minilla. Hay un casco histórico que ha ido perdiendo dinamismo, que está en cierto modo obsoleto. Ahí ha habido un cambio. No digo que este sea un barrio pobre, pero evidentemente hay mucha vivienda abandonada y hace que pierda cierto valor. Al mismo tiempo pueden intervenir agentes nuevos que confieren distinto valor a los espacios urbanos. Por ejemplo, la turistificación, que ha hecho un impacto muy fuerte.
Eso serían factores nuevos frente a históricos.
Algunas veces los agentes históricos no garantizan que en la actualidad se mantenga ese carácter original de ese barrio. Por ejemplo, la primera línea de Las Canteras siempre ha sido una zona con un precio del suelo muy elevado porque originalmente era un lugar en el que veraneaban clases privilegiadas de la sociedad insular. Pero, en el caso del Istmo, hubo un declive importante cuando empezó la competencia del turismo en el Sur. Esos apartamentos de los años 50 y 60 empiezan a quedarse obsoletos, por lo que se quedan sin turistas y pasan a alquilarse como vivienda fija. Como son establecimientos de reducidas dimensiones y en los que no se había invertido en mantenimiento, se destinan a un mercado del alquiler asequible para población de menores ingresos. Sin embargo, la economía colaborativa entra la década pasada y ese proceso de turistificación expulsa a antiguos residentes porque se revalorizan esos inmuebles y muchas empresas empiezan a intervenir para rehabilitarlos para demandantes con un mayor poder adquisitivo.
También hay dinámicas muy localizadas en un barrio.
Los barrios muchas veces tienen una dinámica propia. Hay barrios obreros, históricamente, como La Isleta, que han tenido un proceso de transformación mucho más intenso y diferenciado que otros como pueden ser los Riscos de Las Palmas de Gran Canaria.
Ahí sí hay un proceso histórico de segregación.
Ahí sí que se produce un fenómeno de cierto abandono, de envejecimiento y de empobrecimiento y no ha habido fuerzas que inviertan esa dinámica. Depende también de la regeneración que se adopte por parte de los Consistorios. La promoción pública que se hizo en los años 60 hoy está en una posición terrible. Por ejemplo, San Francisco, con inmuebles que necesitarían una inversión importante para regenerar su tejido, las personas adjudicatarias de esas viviendas en los 60 tienen mucha edad y no están en condiciones de subir hasta cuatro plantas sin ascensor. Cuando al envejecimiento de los barrios sumamos el de la población y el hecho de que los que tuvieron un ascenso social se fueron, se suman distintos factores: la pobreza, más la falta de inversión y unos edificios que se hicieron con materiales que no eran los más adecuados y no han tenido mantenimiento.
Nombraba los Riscos, que están a diferente cota que la ciudad baja. Esta diferencia en la topografía también ocurre en Tenerife. ¿El relieve juega un papel esencial en la segregación urbana?
No necesariamente. El paseo de Chil tiene la misma topografía que los Riscos. Si se planifica adecuadamente el acceso y la construcción puede dar lugar a un barrio de una renta media alta con chalecitos, como sucede allí. También es verdad que entre los propios Riscos hay diferencias. En San José, el paseo tiene muchísimos ejemplos de viviendas de una población que tenía un cierto nivel adquisitivo superior al de la ladera. Los contrastes también se dan dentro de los barrios.
¿Se están dando los fenómenos de turistificación y gentrificación en las ciudades canarias?
Sí. El fenómeno de la turistificación y de la gentrificación afecta y está teniendo impacto porque está revalorizando zonas que históricamente tenían un menor valor y han empezado a verse encarecidas. Ese proceso de cambio, fundamentalmente para usos turísticos, expulsa antiguos residentes. Se incrementan las rentas porque las personas venden, se mudan y les ofrecen un precio ventajoso o porque también mueren los vecinos anteriores.
La actual crisis habitacional, con una gran subida de los alquileres especialmente, ¿se está notando en esa segregación?
El panorama de la vivienda es muy complejo. La crisis que vivimos creo que es más una consecuencia que un factor condicionante de transformaciones. Lo que sí se puede apreciar es que en una situación de especulación inmobiliaria, se está incrementando el precio de la vivienda incluso en áreas donde el precio del suelo es muy bajo y se están pidiendo alquileres desproporcionados en zonas de la ciudad en las que no hay una correspondencia entre ese precio y las condiciones habitacionales que tiene ese inmueble. Las dinámicas de escasez de vivienda también determinan esa situación. Pero es pronto para saber cómo afecta a las desigualdades. No sabemos si esta crisis habitacional va a tener una solución a medio plazo. Además, llevamos muchísimos años sin promoción de vivienda nueva.
Y la población ha seguido creciendo en Canarias.
Sí, pero no tanto, por ejemplo, en Las Palmas de Gran Canaria no ha habido un crecimiento intenso de la población, desde el año 1981 prácticamente no hemos crecido. Ha crecido más la urbanización. En Santa Cruz de Tenerife las cifras también son muy parecidas. Lo que han cambiado son los hábitos de vida. Eso es importantísimo tenerlo en cuenta. Antes en un piso de 60 metros cuadrados podía convivir una familia de ocho o diez miembros. En la actualidad hay muchos hogares unifamiliares, de parejas sin hijos o muchos de ancianos que viven solos. Eso implica una demanda mayor de vivienda. Eso sí que determina una crisis habitacional. Pero también el hecho de que durante mucho tiempo no se ha construido vivienda; y la construcción de vivienda pública todavía tiene más antigüedad. Hubo una crisis habitacional en la década de los años 60 y 70 y se resolvió con una promoción masiva de vivienda. Luego también a finales de los 90. Después llegó la crisis inmobiliaria y se paralizó la construcción.
¿Se han planificado mal las ciudades en Canarias o sin contar con las diferencias que ya existían?
No creo que haya sido un factor de inadecuada planificación. Lo que ha fallado ha sido la gestión de las administraciones públicas, desde mi punto de vista. En Las Palmas de Gran Canaria a partir de los años 80 se planificaron nuevos equipamientos, como el Hospital Dr. Negrín o los grandes centros comerciales que intentaban articularse con la nueva red viaria [la circunvalación] y luego se calificó suelo para que pudiera crecer la ciudad. Esa es una cuestión y otra distinta es la gestión de lo construido. Además, se ha planificado escasamente la construcción de vivienda pública y tampoco ha habido una inversión considerable en la promoción de vivienda privada desde que impactó la crisis de 2008.
Entonces, ¿cuáles son los mayores problemas?
Los problemas más importantes son los que tienen que ver con la conservación, con la gestión de los barrios. Por ejemplo, en la vivienda pública, si se sabe que la población que reside allí no tiene capacidad económica para afrontar su reforma, hay que habilitar procedimientos, como fue la reposición de El Polvorín. La reposición de cualquier barrio en condiciones deplorables [ahora están en marcha las de Las Rehoyas en la capital grancanaria y Las Chumberas en La Laguna] garantiza un dinamismo social; y la inversión para estimular el tejido urbano puede tener consecuencias muy importantes. Una intervención urbanística puede contribuir a dinamizar la estructura socioeconómica y, sobre todo, a dignificar a la población que reside en determinados barrios.
Luego está la lentitud de las administraciones públicas.
Ahora hay viviendas sin entregar de Las Rehoyas, lo que no puede suceder es que la burocracia dilate los procesos en el tiempo porque son actuaciones necesarias y urgentes. Los procedimientos burocráticos están ejerciendo un freno muy importante, las administraciones públicas tendrían que ponerse las pilas para facilitar y agilizar unas intervenciones de calado, porque esas actuaciones de regeneración inciden en los barrios.
¿Hay algo que singulariza a la desigualdad socioeconómica de las ciudades canarias?
Si analizamos la evolución urbana de las ciudades españolas en las últimas décadas, los procesos son muy semejantes. Eso sí, hay decisiones de los gobiernos municipales que pueden diferenciarse. Por ejemplo, las grandes transformaciones que se vivieron después de los años 80; en el caso de Bilbao para regenerar la ría del Nervión. Una actuación parecida podría ser la del paseo de Las Canteras y el Auditorio en Guanarteme. También está el Palmetum y alrededores en Santa Cruz de Tenerife. Son procesos comunes a muchas ciudades desarrolladas. Luego hay casos y casos; el nivel de turistificación de Málaga, probablemente, sea muy superior al de Las Palmas de Gran Canaria y al de Santa Cruz de Tenerife, pero también porque Málaga tuvo una apuesta decidida que hoy la hace insufrible desde el punto de vista turístico y algo parecido está sucediendo en Barcelona.
¿Qué tendencias se están viendo en Canarias?
Depende de nosotros, de la tendencia que queramos marcar. No hay soluciones sencillas. Cualquier Consistorio que tenga que afrontar, por ejemplo, una solución para los Riscos, lo tiene muy complicado. La estructura topográfica original, los callejones, salvo que se demolieran un número considerable de inmuebles de esos barrios; podemos poner ascensores o escaleras mecánicas, unas guagüitas chicas, pero evidentemente hay unas realidades de tipología urbana que hacen difícil encontrar una solución para algunos barrios. Evidentemente, hay realidades que hay que afrontar. Ponía antes el ejemplo de San Francisco. Está conformado por un muro urbano con una gran cantidad de antenas en las azoteas, creando una imagen de deterioro en un entorno privilegiado, con unas vistas preciosas del Guiniguada.
¿Cuáles cree que deberían ser las prioridades?
En orden de prioridades, en primer lugar estaría minimizar la crisis habitacional; y luego desde el punto de vista urbanístico, atender a los barrios más desfavorecidos. Debería haber más promoción de vivienda pública, y también acuerdos público-privados para que sea atractivo construir, porque además el sector está teniendo problemas para encontrar mano de obra.
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