Amalgama
Pareto y el capitalismo

Vilfredo Pareto / City Journal
Juan Ezequiel Morales
A finales del siglo XIX, el ingeniero y economista italiano Vilfredo Pareto hizo algo simple con los datos, recopiló los registros fiscales de Italia, Francia, Inglaterra y Prusia, y compiló las cifras del dinero ganado por personas reales, y lo que encontró fue incómodo. La riqueza no se distribuía como la altura humana ni como el coeficiente intelectual, no había un ingreso promedio representativo, ni una curva de campana, una curva normal, sino que se mostraba una cola larga hacia la derecha, enorme y persistente. En datos, eso se leía como que un pequeño porcentaje de personas concentraba una parte desproporcionada de la riqueza, y eso ocurría con todas los países aunque tuvieran diferentes sistemas políticos. Pareto comenzó a analizar los datos, y vio que si aplicaba a la curva una transformación logarítmica, la distribución dejaba de ser una curva y se transformaba en una línea recta; matemáticamente una línea recta es la firma de una ley de potencias. Formalmente significa que el número de personas con ingresos mayores a x es proporcional a 1/x elevado a una potencia. La conclusión brutal de esto es que la desigualdad extrema es una regularidad estadística, y no hay anomalías morales, ni hay atrocidades históricas.
Por lo tanto, el capitalismo, y las colas estadísticas, no son ideología, sino dinámica. Visto desde los datos y su desarrollo, el capitalismo moderno activa mecanismos que no suman sino multiplican, como los rendimientos en cadena, los efectos de red, las economías de escala, la preferencia por lo ya existente, o la acumulación de activos. Un proceso multiplicador deja de ser gaussiano. No hay centro estable, el promedio miente, y los extremos mandan. Eso es lo que hace al capitalismo formalmente robusto. Se puede intentar hacer algo más o menos social, gestionar, redistribuir y regular. Pero las colas vuelven por pura estructura. Es inocente en sentido estadístico ese voluntarismo redistributivo y regulatorio, aunque se apoye en la moral. Es como estremecerse y lamentarse de un terremoto o de un meteorito.
El comunismo y el socialismo es la ilusión de cortar colas. Al igualar la distribución, el comunismo clásico era el equivalente a eliminar la propiedad privada, centralizarla o imponer un solo nivel de ingreso. Pero aquí viene la ironía de la que Pareto nos advierte, y es que las colas no desaparecen, simplemente se mueven. Si elimina la cola de dinero, sin desenredar las mismas colas de poder, información y control, aparece la cola de los fanáticos políticos, del acceso a los bienes escasos, la capacidad de decisión, o la vulnerabilidad de la ley. La historia lo confirma una y otra vez, y la realidad es que la nomenklatura llega y se apodera de la cola. No lo debemos interpretar como un acto de traición al ideal, sino como la estructura de eventos, porque el sistema sigue siendo no normalizable y la única variable es que tratamos de encubrirlo. Es matemático que el socialismo y el comunismo fallarán, no porque sea más moral o menos moral, sino porque está imponiendo una campana de Gauss en un mundo que opera por la ley de Potencia. La verdad incómoda aquí es que no se trata de la equidad o la injusticia, sino de la matemática. Pareto nos obliga a una conclusión desagradable para la mayoría, es decir, vivimos en un mundo donde las medias son engañosas y los eventos extremos no son excepcionales sino estructurales. Y eso cambia la forma en que se articula la pregunta política, que ya no es “¿Cómo lo redistribuimos?”, sino “¿Qué mecanismos generan colas y cuáles son los que podemos amortiguar sin crear otros peores?”. El capitalismo funciona porque opera en y sobre un mundo de colas, Y el comunismo clásico falló porque quiere fingir que la matemática de las colas estadísticas es manipulable.
Es posible que la política, si quiere ser algo más que moralina, no deba luchar contra la desigualdad como pecado, sino contra el mecanismo matemático que la hace inevitable y explosiva. Entonces, la paradoja final es que no es el malvado capitalismo el que hace que la cola de concentración de riqueza sea larguísima y delgada, sino más bien que la estructura estadística del mundo social se resiste a nuestras fantasías igualitarias.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Cascada de Colores de La Palma, en peligro: de diez metros de altura a menos de dos por la acumulación de piedras
- La inquietud danesa por Groenlandia llega hasta Canarias
- La Universidad de La Laguna abre sus puertas a futuros alumnos que llegan 'sin miedo y con muchas ganas
- Apagón total en La Gomera por el fuerte temporal que azota Canarias
- Canarias aspira a convertirse en el Puerto Rico de la música europea
- Un médico joven cobra 3.000 euros más en Canarias que en Madrid
- La batalla de Santiago para recuperar a su hija, declarada en desamparo: 'No me imagino un futuro sin ella
- Investigadores de la ULL registran por primera vez un tiburón duende vivo en aguas de Canarias