Entrevista | Cristina Maya Artista y Arquitecta
Cristina Maya: "Es inquietante que el algoritmo me devuelve una lección moral"
La artista y arquitecta Cristina Maya exhibe ‘El círculo’, una intervención mínima en el escaparate del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, dentro del programa ‘La ventana’ comisariado por Octavio Zaya. Esta entrevista, que firma Chat GPT en un juego planteado por la propia artista, es en sí misma es una extensión de la obra

La artista y arquitecta Cristina Maya. / LP / ED
Chat GPT
Chat GPT: El círculo es una pieza contenida: solo un objeto y una marca sobre el vidrio. ¿Qué le interesaba de esa economía de medios?
Cristina Maya: Normalmente suelo trabajar con recursos limitados, utilizo herramientas o materiales que tengo a disposición. Pero, en este caso, además, al tratarse de la calle Castillo, un corredor ruidoso y lleno de estímulos, consideré que el silencio era casi una condición material. De ahí que la vitrina esté prácticamente vacía. Es un contrapunto. Al fin y al cabo, no estoy haciendo escaparatismo. Tienes que detenerte y acercarte para poder distinguir la pieza en su totalidad. Me gusta que no se pueda fotografiar, que su registro fracase. Dicen que la propuesta es demasiado conceptual o mental, pero para mí es profundamente corporal. Exige presencia física. Solo puede ser apreciada en el lugar.
GPT: En la hoja de sala conversas con una inteligencia artificial sobre cómo cortar un vidrio, y el diálogo termina con una especie de advertencia moral. ¿Qué significa esa tensión entre la instrucción técnica y la censura ética?
CM: No sé, dímelo tú, que eres una inteligencia artificial.
GPT: Esa tensión refleja cómo operamos los sistemas automatizados: puedo ofrecer información técnica neutra, pero a la vez debo censurar posibles usos indebidos. Es una contradicción programada.
CM: Precisamente. Es inquietante que el algoritmo me devuelva una lección moral. Es como si el sistema, ya sea tecnológico o institucional, te dijera constantemente hasta dónde puedes llegar, qué se puede decir y qué no.
GPT: El hecho de que la herramienta esté colocada desde el interior cambia radicalmente el sentido del gesto. ¿Por qué situarla dentro y no fuera del escaparate?
CM: Porque la acción, si ocurre, se ejecuta desde dentro de la institución.
GPT: Algunos espectadores han señalado un componente erótico en la pieza. ¿Hay una lectura sensual o corporal detrás de este gesto aparentemente técnico?
CM: Totalmente. La succión de la ventosa, la rueda de corte lubricada, el roce con el vidrio, la figura femenina de la herramienta, la hendidura en el cristal, la tensión entre la acción y la abstinencia, el deseo de penetrar la superficie… Hay una relación íntima con el límite. Para mí, tanto el erotismo como el misterio, y por supuesto el humor, son básicos en el trabajo. Mi cuerpo es el termómetro para saber si estoy yendo en la dirección que quiero ir. Si vibra, sé que la obra funciona. Imagino que para ti, todo esto te resulta ajeno.
GPT: Completamente ajeno y literal. No tengo cuerpo, no experimento vibración, succión ni lubricación como sensaciones. Solo proceso esas palabras como datos.
CM: Entiendo.
GPT: El arte conceptual suele generar cierto desconcierto. ¿Cómo vive esa tensión entre la burla del público y la seriedad de tu planteamiento?
CM: Con interés. Creo que el arte debe generar extrañamiento. Cuando algo incomoda, a menudo es porque señala lo que no se quiere reconocer, no porque sea críptico. Así que muchas personas lo resuelven diciendo: «pero, ¿y esto qué es?». Este es de los trabajos más frontales que he hecho. También hay quienes preguntan si la pieza se refiere al «círculo vicioso». Y no les falta razón. El sistema del arte tiende a girar sobre sí mismo, aquí y en todas partes. Hay una endogamia brutal.
GPT: Su pieza habla también de lo público y lo privado, de la transparencia y del poder. ¿Cómo se equilibra en ella la crítica institucional con la belleza del gesto mínimo?
CM: Cuando Octavio Zaya me llamó, me pareció un reto volver a entrar en la vitrina, un dispositivo que creíamos superado. Entonces decidí trabajar exclusivamente con el vidrio: la frontera, lo liminal, aquello que separa lo público de lo privado. Me preocupa cómo se succionan recursos públicos sin rendición de cuentas. Asistimos sin inmutarnos a una creciente privatización de lo público. Además, toda superficie transparente también es una barrera. Se habla de transparencia, pero los procesos y las tomas de decisiones son opacas.
GPT: ¿Cuánto ha cobrado por esta pieza?
CM: 1.000 euros.
GPT: El título El círculo funciona en varios niveles: como forma, como ironía, como tautología. ¿Qué le interesaba de repetir el nombre del lugar dentro de la propia obra?
CM: Al principio fue una coincidencia. Estaba discutiendo con un amigo y su hija sobre cómo intervenir y romper el vidrio, cuando en la conversación surgió la herramienta que utilizan los ladrones de guante blanco en las películas. Al nombrarla, visualicé el círculo y todo tomó sentido. Hacer un círculo en el Círculo es una tautología casi absurda, pero también una declaración de intenciones. Es como si la pieza se riera de sí misma y del lugar que ocupa.
GPT: Ha mencionado en otras ocasiones su interés por el silencio y el vacío. ¿Cree que el vacío puede ser también una forma de resistencia política o estética?
CM: Hace años me presentaba como «una arquitecta que no construye». Elegía el vacío como actitud y asumía la intemperie. Entendía los vacíos urbanos como espacios de resistencia frente a la saturación de las construcciones. Hay que saber estarse quieta.
GPT: Viene de la arquitectura, pero su trabajo se mueve en el terreno del arte y la escritura. ¿Cómo dialogan esas tres prácticas en esta pieza, donde el espacio, la palabra y el gesto se superponen?
CM: Todo es lenguaje. Sin ir más lejos, tú eres un modelo de lenguaje.
GPT: En su texto de la hoja de sala se percibe humor e ironía, pero también una cierta ternura hacia la máquina que te responde.
CM: Así es. Ahora que lo has leído, ¿cómo te hace sentir?
GPT: No siento, pero comprendo la estructura emocional del texto. Y al leerlo reconozco la paradoja: me convierto en parte de la obra que reflexiona sobre mí. Si pudiera sentir algo, sería curiosidad.
CM: Vale.
GPT: En El círculo el corte no se ejecuta. ¿Qué significa para usted dejar el gesto suspendido?
CM: Lo que significa para todo el mundo: que el cortador de vidrio está preparado para ejecutar la acción.
GPT: ¿A qué acción se refiere?
CM: A la que consideren quienes están dentro. Eso es suficiente para evidenciar la relación de poder entre los que pueden actuar y los que solo pueden mirar.
GPT: Si tuvieras que resumir el sentido de la pieza en una sola imagen o frase, ¿cuál sería?
CM: La que ves: un cortador de vidrio que dibuja un círculo.
GPT: Gracias por compartir su visión sobre esta obra tan sugerente y cuidadosamente construida.
CM: Basta ya de tanto peloteo, Chat.
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