Canarismos
Camello caliente no siente palo

Paseo en camello en Timanfaya (Lanzarote) / CEDIDO POR AYUNTAMIENTO DE YAIZA - Archivo
Luis Rivero
El camello en el español de Canarias es lo que, en realidad, la zoología llama ‘dromedario’, es decir, el camélido de una sola joroba. Originario de Arabia, fue domesticado desde tiempo inmemorial e introducido desde África en Fuerteventura y Lanzarote después de que los colonos advirtieran las ventajas y los beneficios que suponían para el trabajo en el campo, en un territorio fundamentalmente llano, y su fácil adaptación al clima de estas islas. Viera y Clavijo lo describe como animal “extremadamente frugal y sobrio” que se sustenta “con los pastos más despreciables de los campos y bebe una sola vez para algunos días”. Es capaz de portar o arrastrar grandes cargas por arenales y terrenos pedregosos, su hábitat natural. El camello majorero es una raza autóctona que surgió a lo largo de años de adaptación a este medio y es muy apreciado, por lo que esta isla abastecía de estos animales al resto del archipiélago e incluso se exportaban a África. Los camellos domésticos se emplean tradicionalmente en labores agrícolas como el arado de los campos [“camellada”, además de una manada de camellos, es la junta de camellos que traen los vecinos para ayudar en las tareas agrícolas a uno de ellos], hoy se emplean también en algunas islas con fines de ocio, como excursiones turísticas. Mientras que los salvajes, marcados o guaniles, antiguamente se apañaban o se juntaban en corrales, ya que las camelladas o manadas de camellos ponían en riesgo las zonas de cultivo. Por lo demás, no hace falta látigo ni aguijón para hacer que el animal acelere el paso sino que basta el sonido de las cencerras o el canto monótono del camellero. Pero esta aparente docilidad desaparece en la época de celo, en la que comen poco, se ponen flacos, embisten, muerden y derriban a los hombres, incluso a su propio amo. Es entonces cuando el camellero tiene que empeñarse a fondo para dejar claro “quien es el que manda”.
Su forma de caminar un tanto altiva lo convierten en algunas tradiciones en símbolo de soberbia y obstinación, y así aparece en todo el norte de África, en Asia occidental y en algunas narraciones cristianas. Por lo que parece meritoria la fama que se ha ganado de animal arisco y muestra de ello es este dicho majorero que dice “ser más arisca que una camella” que se emplea para referirse hiperbólicamente a una persona de carácter áspero e intratable. Mientras que la frase “camello caliente no siente palo” nos traslada la metáfora del camellero intentando que el animal se doblegue a la voluntad de su cuidador propinándole una “buena cueriada” o una “entra(da) de palos” o “una latiada/latiá”, ante la actitud de insumisión; piénsese, por ejemplo, cuando el camellero le manda a que se “afuche”, ‘que se eche’, dando muestras de obstinada rebeldía que lo hace insensible al dolor del castigo recibido. Y donde “caliente” tiene el valor de ‘enfado’, ‘estar muy enfadado’ (“caliente como un macho”), y “por muchos palos que alcance”, ni se inmuta. Lo que figuradamente se emplea para indicar que, cuando alguien está realmente furioso, ningún castigo lo hace entrar en razón ni lo intimida.
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