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Último pleno del Parlamento de Canarias en 2025

Presupuestos, lo de siempre y dulces gomeros

El presidente Clavijo apela al consenso: “Vienen curvas y necesitamos unidad política”. Los demás fueron a lo suyo: a poner a parir al Gobierno de Canarias o al Gobierno de España

Sebastián Franquis (PSOE) durante su intervención en el Pleno del Parlamento.

Sebastián Franquis (PSOE) durante su intervención en el Pleno del Parlamento. / Efe

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

Las Palmas de Gran Canaria

Casimiro Curbelo es un hombre que adora las tradiciones. Las suyas. La que más ama es ganar elecciones. En cuanto a las fiestas navideñas, como ya no puede inventar ni los villancicos, ni los belenes, ni los árboles iluminados, el eterno presidente del Cabildo de La Gomera reparte dulces de su isla en el último pleno parlamentario del año a los diputados, a algunos funcionarios, a directores de medios de comunicación y a los periodistas, salvo a los que escriben crónicas parlamentarias, por ejemplo. Galletitas, tortas de vilana, tortas de cuajada, rosquetes de manteca y bollitos.

Además, las reparte personalmente, como cuando va a pedir el voto y lo hace o hacía, generalmente, llamando a cada votante por su nombre y a veces por su apellido. Al término de la sesión plenaria -acotada excepcionalmente al martes- todas sus señorías portaban una bolsa roja que incluía una cajita con muestras de la repostería de La Gomera, que es muy sabrosa, pero exige una dentadura -como mínimo- en buen estado.

El rifirrafe de enmiendas y el control al Ejecutivo

El pleno contó con dos partes: la terrible sesión de control al Ejecutivo y el debate final y aprobación definitiva de la ley de presupuestos generales de la Comunidad autonómica para 2026 después del rifirrafe habitual de enmiendas negociadas y enmiendas rechazadas entre el Gobierno, los partidos que lo sostienen y la oposición, es decir, el PSOE, Nueva Canarias y Vox. Quizás quepa pedir disculpas por la obviedad, pero es que un servidor ha tenido que escuchar en la Cámara a más de un diputado proclamar que a través de las enmiendas de los grupos parlamentarios de Coalición y el PPel Gobierno se enmendaba a sí mismo”. La confusión entre Gobierno, grupos parlamentarios y partidos es bastante indigna de la izquierda y ajena a la naturaleza de la democracia parlamentaria, aunque en las últimas décadas el fenómeno de la gubernamentalización de los parlamentos ha convertido a los grupos en cheerleaders del Ejecutivo, frente al que han perdido casi toda la autonomía.

En esta ocasión ni la mayoría fue tan generosa con la minoría como pregona ni la minoría se vio aplastada por la mayoría, e incluso en alguna ocasión, como señaló irónicamente José Miguel Barragán, los socialistas “se pusieron de perfil”, negándose a negociar y transaccionar un buen puñado de enmiendas. La mayoría que sostuvo al Gobierno presidido por Ángel Víctor Torres aplicó el rodillo un poco más intensa y despreocupadamente que la mayoría actual, y a izquierda, con un desquite muy evidente, les parecía el suyo un comportamiento maravilloso, justo y benemérito.

El control a la gestión del Gobierno y la pregunta incómoda

El control a la gestión de los consejeros, y sobre todo al presidente, ha sido concienzudamente desnaturalizada por los portavoces de todos los grupos; el único que sigue preguntando cosas es, tal vez, el diputado de la Agrupación Herreña Independiente, Raúl Acosta, y parece tan raro que se antoja casi estrafalario. El presidente le dio la razón: la condenación de la deuda autonómica propuesta por el Ministerio de Hacienda era una trampa porque lleva en su interior la imputación de los recursos del REF a la financiación canaria y el principio disparatado de la ordinalidad como exigencia del independentismo catalán. “Vienen curvas y necesitamos unidad política”, apuntó Clavijo. Los demás fueron a lo suyo: a poner a parir al Gobierno de Canarias o al Gobierno de España, a discursear contra el presidente Clavijo o a dirigirse al jefe de Gobierno como los trabajadores argentinos en la ópera Evita se dirigían a Perón: qué grandes sos/mi general/siempre en lo alto/nuestro ideal. Casimiro Curbelo, más modestamente, se ocupa, aparte de la repostería, a posar como un estadista que ya ni piensa en las próximas elecciones (para qué, si las va a ganar), sino en las próximas generaciones. Clavijo nunca olvida tratarlo con admirativo respeto y comienza a responderle invariablemente así: “No puedo menos que estar de acuerdo con usted”.

El pleno tuvo dos partes: la terrible sesión de control al Ejecutivo y el debate final y aprobación definitiva de la ley de presupuestos generales de la Comunidad autonómica para el próximo año

A estas alturas casi cabría esperar que pidiera el alta en la Agrupación Socialista Gomera. Todo lo demás es un incendio de palabrería que a veces parece abusiva y otras directamente chiflada. Ese orate tranquilo y sonriente que ejerce como portavoz de Vox, Nicasio Galván, se dedica a segregar imbecilidades racistas por las que está a un paso de acusar a Pedro Sánchez, a Fernando Clavijo o al que se le ponga por delante de destruir la raza aria y arruinar a la Comunidad autónoma por lo que le cuestan los menores no acompañados. Galván nació en Portugalete, allá en Vizcaya, a casi 2.500 kilómetros de distancia de Canarias; es muy probable que la mayoría de los menores migrantes hayan nacido más cerca, y cuestan al erario público mucho menos que lo que se mete el voxista en el bolsillo todos los meses.

Otros debates y el clima en la Cámara

Luis Campos se está reduciendo a una versión canarista de Charles Bronson en Yo soy la justicia. La siempre moderada Luz Reverón hace tiempo que aprovecha una supuesta pregunta para llamar a Pedro Sánchez un monumento a la maldad sin mezcla de bien alguno. El joven nacionalista David Toledo disfruta visiblemente empleando su quincenal pregunta al presidente para llover sarcasmos sobre los socialistas. Y last but not least, el portavoz socialista, Sebastián Franquis, ha renunciado hace media eternidad a formular preguntas a Clavijo en sus intervenciones, optando por discursos tremebundos en los que advierte con voz estrangulada que el fin de los tiempos está próximo, que Clavijo tiene rabo (con perdón) y cuernos y que la única forma de mostrar arrepentimiento es votar de nuevo a Pedro Sánchez y manifestarse para que Ángel Víctor Torres vuelva a estas islas ingratas para hacer el bien.

Después les tocó una traca similar al vicepresidente y consejero de Economía del Gobierno, Manuel Domínguez, especialmente la tradicional catalinaria (¿Quo usque tandem abutere, Manolo, patientia nostra?) a cargo de Nira Fierro. No fue el único consejero o consejera interrogado, pero las intervenciones fueron ganando en velocidad, como si sus señorías quisieran entrar directamente en materia presupuestaria para terminar con el asunto y marcharse de vacaciones navideñas, salvo los pertenecientes a un par de comisiones que se celebran esta semana. El debate final de los presupuestos no dio para mucho política ni retóricamente. Casi 12.500 millones de euros para impulsar mantener el Estado de Bienestar e impulsar políticas públicas en un contexto de acechanzas e incertidumbres políticas, financieras y excepcionales. El próximo año será cualquier cosa, menos aburrido.

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