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Tres jóvenes canarios, entre los 24 mejores del mundo en robótica tras su paso por Singapur

Martín Marzo, Martín Cabrera y Aarón Rodríguez, de entre 13 y 16 años, compitieron contra estudiantes de 95 países

Martín Cabrera, Aarón Rodríguez y Martín Marzo, en el mundial de robótica en Singapur.

Martín Cabrera, Aarón Rodríguez y Martín Marzo, en el mundial de robótica en Singapur. / E. D.

Las Palmas de Gran Canaria

De un simple hobby por la robótica a convertirse en los 24º del mundo entre otros 111 equipos de alrededor del globo. Los alumnos Martín Marzo, Martín Cabrera y Aarón Rodríguez de Breña Baja, en La Palma, de 13, 13 y 16 años respectivamente, recorrieron medio mundo para demostrar sus conocimientos en robótica. Los jóvenes participaron en el mundial de la robótica en Singapur: la World Robot Olympiad (WRO), en representación de Canarias y de España tras conseguir el primer puesto en el campeonato nacional que se celebró, en esta ocasión, en Cáceres.

Jair Batista, es su profesor y entrenador. Lleva dos años impulsando la evolución en tecnología de los estudiantes con el programa Robootics Education –que ofrece cursos especializados en robótica en las Islas desde hace dos años– y describe el aprendizaje de los chicos con un simple pero apasionado «brutal». Batista les ha acompañado durante dos de los momentos más importantes en su carrera en materia robótica: un campeonato de España con medalla de oro y un mundial con sabor a victoria.

Singapur fue la sede en la que se desarrollaron unos robots que juegan a una especie de partido de tenis en el que unas pelotas deben cruzar la red y otras deben pasarse por alto. No se trata de un episodio de serie de animación, sino del reto al que se enfrentaron los estudiantes palmeros en la modalidad RoboSport. El desafío combina robótica, estrategia y espíritu deportivo, diseñando y programando robots autónomos capaces de enfrentarse en un desafío tecnológico que simula un partido de dobles de tenis.

Preparación

El «entrenamiento» de estas máquinas requiere de conocimientos interdisciplinares como física, electrónica y mecánica –entre otros– y una capacidad para tolerar la frustración y la búsqueda rápida de soluciones. «Es un aprendizaje que nos lleva a querer mejorar de los errores», subraya Marzo. En esta línea, las habilidades coinciden con el objetivo final de este torneo de promover las vocaciones científicas y tecnológicas, fomentar los valores del trabajo en equipo, la innovación, la creatividad y la cultura del esfuerzo; además de acercar la ciencia, la tecnología y la innovación en el conjunto de la sociedad.

No es un trabajo sencillo, pero los alumnos lograron desarrollar todas las disciplinas con éxito. Ya habían demostrado su compromiso y fortaleza cuando lograron el primer puesto en el campeonato de España, en Cáceres, en el que asistieron alrededor de 125 equipos. Aarón y Martín ya habían participado anteriormente en esta competición nacional pero nunca con este resultado que se salía de cualquier predicción del equipo. Marzo lo describe como una «bomba de alegría», muy difícil de explicar con palabras. Además, «se notaron las buenas migas con el resto de contrincantes en el campeonato nacional», afirma Rodríguez, que cuando ganó el primer puesto –junto con Martín Marzo y Martín Cabrera– observó el entusiasmo del resto de equipos regionales que se alegraban por su victoria.

Los estudiantes de robótica en Singapur.

Los estudiantes de robótica en Singapur. / E. D.

Los chicos señalan el «alto nivel» que había en el campeonato que tuvo lugar en Cáceres. Una profesionalidad que luego se multiplicó cuando viajaron al mundial en el sudeste asiático. Fueron tres días muy intensos en los que además de competir tuvieron la oportunidad de relacionarse con chicas y chicos de otros países y aprender mucho sobre diferentes estrategias a la hora de encarar los retos que presenta la robótica.

Los palmeros crearon un gran vínculo con los estudiantes de México con los que compartieron sus gustos e inquietudes durante las tres jornadas de campeonato. El idioma ayudó a forjar estas nuevas amistades: «Intercambiaron contactos, incluso», asegura el profesor, pero la barrera lingüística no fue un obstáculo para conocer a sus compañeros de otros países como Japón o Filipinas. «Algunos nos dieron regalos de sus países y nosotros les dimos imanes de Canarias», cuenta Aarón Rodríguez.

Filipinas, Japón, México, Turquía o El Salvador, la lista sigue hasta completar los más de 95 países que compitieron en la World Robot Olympiad, uno de los concursos más prestigiosos del mundo en el ámbito STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas) y que atrae a más de 70.000 estudiantes. En esta ocasión, España quedó en el puesto 24º gracias al trabajo de Martín Marzo, Aarón Rodríguez y Martín Cabrera. Ahora que ya están en La Palma, de vuelta a la realidad de la Isla, echan la vista hacia atrás orgullosos de la hazaña y críticos con todos los «errores» y aciertos que quieren seguir perfeccionando en vistas de seguir compitiendo en el futuro.

Planes de futuro

La competición fue dura. Cuando el equipo se dio cuenta de los descuidos que había cometido el primer día «estaban hechos polvo», asegura Jair Batista, al mismo tiempo que resalta lo «rápido que supieron recomponerse». Según Rodríguez «hubo complicaciones durante el torneo que nos estresaron, pero trabajamos por solventarlas».

«Volvieron pensando en cómo tienen que diseñar el siguiente robot y las posibilidades de mejora». En palabras de Batista, apenas pusieron un pie en el Archipiélago los estudiantes estaban deseosos de volver a clase esa misma semana e iniciar un arduo trabajo de preparación para las competiciones del próximo año.

Martín Cabrera está seguro de que se dedicará a algo relacionado con la robótica, ya sea en un entorno profesional o como hobby. Lo mismo piensa Aarón Rodríguez, el más veterano del equipo, que lleva siete años con la robótica como actividad extraescolar. Por su parte Martín Marzo afirma: «La robótica e informática están a la orden del día. Los conocimientos me van a ser para toda la vida».

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