Sara Alvarado, doctoranda en Sociología de la ULL: "Los jóvenes estamos aprendiendo de política a través de 'influencers'"
La socióloga defiende que el sistema educativo tiene que empezar a socializar a los jóvenes en la política.

Sara Alvarado, doctoranda de Sociología de la ULL, en el Campus de Guajara. / MARIA PISACA

La tinerfeña Sara Alvarado forma parte de la Generación Z, pero no se ve representada en ese «giro conservador» del que alertan las encuestas. De hecho, la doctoranda en Sociología, que ya ha publicado varios estudios referentes al impacto de las redes sociales, critica que estos movimientos reaccionarios estén ganando el foco mediático cuando hay muchos movimientos «contraculturales» en el sentido opuesto. No obstante, defiende que el sistema educativo tiene que empezar a socializar a los jóvenes en la política.
Los últimos datos del CIS advierten de un giro conservador en los jóvenes, ¿qué piensa que puede estar ocurriendo?
Es importante contextualizar este giro y tener en cuenta que durante este periodo la derecha ha sabido ocupar el ojo mediático de una manera muy llamativa. Yo creo que no es tanto así. Hay un titular muy grande y un miedo que se nos quiere infligir de que verdaderamente somos una generación mucho más conservadora, pero creo que esto se desmonta fácilmente. La generación Z, en la que me incluyo, vive un momento de incertidumbre. No tenemos muy claro si vamos a ser capaces de comprar una casa, tener un coche propio, desarrollar un futuro profesional en nuestra propia isla o incluso en nuestro propio país. Tenemos una incertidumbre muy grande en muchos aspectos. Hay autores como Simon Bauman que afirman que esto se debe a la sociedad de la incertidumbre.
¿Entonces es un fenómeno cíclico?
Sí, no es la primera vez que pasa. Con crisis económicas y políticas anteriores también ha existido este sentimiento. Lo que ocurre es que en todo este descontrol acudimos a buscar aquello que podemos controlar. En este caso, es el cuerpo. Con la irrupción del ámbito digital, este control se convierte en una obsesión sobre el culto del cuerpo y que se convierte en nuestro templo. A partir de aquí, en las redes sociales vemos muchísima reflexión sobre la individualización y el consumo. El mercado nos deja ciertas herramientas para nosotros sentir que tenemos este control: el desarrollo del deporte, del self, de las mentorías, la esperitiualidad. Esto nutre el que, como individuo, puedo ser mejor que otro accediendo a determinados consumos. Y esto hace que empecemos a trabajar desde la individualidad.
¿Qué papel juega la política actual?
El discurso progresista ha llegado a un agotamiento. Los jóvenes que han sido socializados en un proceso en el que el feminismo o la lucha de clase estaba presente en las aulas, por ejemplo, no ven que su futuro mejore ahora. Es decir, no ven que todas esas luchas hayan beneficiado su posición. Y en esa controversia ha habido discursos conservadores que han sabido moverse muy bien. Y si bien es una situación cíclica, en este caso los medios en el que ocurre la batalla ideológica cambia: ahora los medios formales pasan a un lado y entramos en el campo digital con TikTok como nuevo medio de comunicación.
¿Por qué triunfan más los discursos de derecha en redes?
El problema está en que, por lo menos bajo mi experiencia de usuario, la derecha está pasando la izquierda porque utiliza va sin rodeos. Tiene un objetivo claro, sabe mejor cómo usarlo y está más cercana al idioma digital y de nuestra generación. La izquierda sigue estando un paso creo que muy alejado y con un discurso agotado.
¿Qué papel cree que juegan los influencers en este cambio de paradigma?
Los influencers forman parte de un sector laboral que lleva diez años buscando su hueco. Todos ellos han intentado monetizar el contenido, lo que, en muchos casos, implica crear controversia. Estos creadores de contenido saben perfectamente a qué apelar, porque tienen conocimientos sobre el comportamiento del usuario. Saben qué hashtags utilizar, qué audios utilizar, qué trends de TikTok utilizar para ir llegando a ciertos sectores poblacionales e ir moldeando su ideario. Vito Quiles no está interesado en tener un discurso mediático fuerte, sino en crear controversia. Lo que le importa es el hashtag con su nombre y que se cree información, tanto buena como mala. Este es el doble filo de las redes, porque si creo un contenido divulgativo en contra de este tipo de discurso le estoy dando fama.
¿Cree que la situación cambiaría si la socialización política se realizara en la escuela?
Creo que tiene que haber una mayor coordinación con el sistema educativo para concienciar sobre como utilizar las redes y saber identificar qué es verdad o no. Hay una falta de valores políticos. Hemos vivido en un bipartidismo y, en términos generales, la mayoría no sabe diferenciar entre PP y PSOE. No sabe exactamente cómo funciona el sistema político. ¿Cómo vamos a tener esta conversación manteniendo ajenos a un sistema educativo que no nutre lo suficiente sobre cualquier tipo de temática política? No tenemos cultura política. Un chico o chica va al instituto y le enseñan matemáticas o física pero luego llega por la tarde a casa, y en TikTok ve a sus influencers –con los que tienen una relación más fuerte que muchas personas de su familia– deslizándoles algún discurso político encubierto en un vídeo de maquillaje. Si me llega ese discurso, ¿por qué no tendría que asumirlo? Lo que recibo de los demás es un silencio. Al final, los jóvenes estamos aprendiendo de política a través de influencers.
Entonces, aunque sea un fenómeno cíclico, estamos jugando con reglas distintas.
Efectivamente. Pero el campo digital hay que entenderlo como una extensión del campo físico, o sea, de la realidad física. Y esto muchas veces no se entiende. Nosotros pensamos que lo que ocurre en TikTok, en Instagram, en Twitch o en YouTube es totalmente ajeno a los problemas nuestros del día a día. Pero la realidad es que se están creando relaciones entre individuos bajo otras lógicas, porque la creación de comunidad que nosotros conocíamos físicamente ha migrado.
En el campo digital no hay tampoco las normas de convivencia que existen en el físico.
Sí y no. Todas las redes sociales tienen lo que se llama normas de la comunidad. Que son una serie de normas por las que velan cientos de personas. En ellas se prohíbe cierto tipo de contenido, como la violencia, desnudez y armas. El problema es que es inabarcable. Y lo peor es que hay cierto contenido que, cuando el algoritmo lo evalúa, no lo ve como negativo. Es decir, aunque lo digital también tiene la posibilidad de ser eliminado, denunciado y limitado, es mucho más difícil. Además, pasa que, por ejemplo, un discurso de odio puede ser denunciado, pero si no se ve físicamente ese odio, por mucho que haya sido denunciado por muchos usuarios, como otros muchos lo validan, no se elimina. Al fin y al cabo, los algoritmos no son entes que toman sus propias decisiones, hay personas programándolos que tienen ciertos intereses políticos, empresariales y económicos. Por tanto, estamos condicionados por lo que estos dueños de los algoritmos que son los que deciden lo que quieren que veamos y lo que no.
¿Cómo funcionan estos algoritmos?
Los algoritmos funcionan como un acercamiento a un conglomerado de ideas. En base a nuestras interacciones, quién seguimos y en qué hashtags pinchemos, nos va acercando o alejando de nubes de contenido. Lo que le interesa es acercarnos lo máximo posible a la nube de contenido más cercana al contenido que nos vaya gustando. Lo que pasa es que si me recomienda contenido en base a la viralidad puede mostrarme, por ejemplo, un discurso muy extremista, y aunque tenemos la posibilidad de irnos de ese contenido, es más difícil. Muchos usuarios están intentando maneras de combatir activamente el algoritmo porque todo esto también se basa muchísimo en la figura de los creadores de contenido, que saben perfectamente en base a su conocimiento de usuario qué hacer para ocupar el foco. En este caso no es el foco mediático, sino el del hashtag FYP (siglas de for your page utilizada en redes sociales como Tiktok con el objetivo de que un video aparezca en las páginas de recomendaciones).
De lo que me habla es de una clara manipulación. Cuando hace seminarios sobre este tema a jóvenes, ¿qué opinan ellos sobre el asunto?
Todo esto nos deja ante una posición un poco derrotista, Piensas: ¿yo como pequeño individuo qué papel juego? Yo creo que todo este campo digital da muchísimo espacio a ser combativo y a crear contracultura y esto es lo que está pasando ahora. Hay una organización por parte de la generación Z muy grande que actúa y genera contenido en contra del contenido conservador. Lo veíamos en el hashtag That Girl o It Girl, que habla sobre cómo las chicas deberíamos ser: hiperproductivas, levantarnos a las 5 de la mañana, meditar, beber agua, tomar suplementos vitamínicos, ir a pilates, tomar matcha, acostarme también a las 8 de la noche, no salir de fiesta, no tener ningún tipo de opinión ni hacer otro tipo de actividades lúdicas. Todo esto en baes a una idea que introducen un poco camuflada de que todo esto nos convierte en mujeres potencialmente elegibles para un hombre. En contra ha surgido un mesy core de estar orgullosa de ser un «desastre». Es una contracultura con mucho peso pero se está generando una batalla porque, al final, todo esto nos obliga a posicionarnos. No hay punto medio. Y el problema no es que seas una clean girl, el problema está en no respetar al resto.
Entonces el problema no está tanto en el contenido cultural, sino en que dichas tendencias se relacionan con cierto tipo de ideología.
Sí, lo importante no es en sí la forma si sino todo lo que lo que implica. En el caso de los hombres, por ejemplo, la relación entre política y percepción social es mucho más arraigada que en el caso de las mujeres. En ellos, entran en juego muchos más aspectos y un mensaje más directo y tajante. Se coloca al hombre como víctima del progresismo. Las mujeres se consideran el enemigo. La misoginia ha buscado su hueco.
Las redes también han visibilizado el movimiento tradwife, que muestra el ideal de mujer tradicional, ¿cree que tiene cabida entre las mujeres?
El tema de las tradwives empieza en Estados Unidos y tiene una vinculación mormona muy grande. Habla sobre la relación de las mujeres con la vida doméstica: hacer las cosas desde cero, la virtud de la mujer delgada, madre joven que hace todo por complacer a su marido. El año pasado la influencer Roro intentó replicar los vídeos de Nara Smith, que fue quien los popularizó en Estados Unidos. Pero su impacto no es comparable. Ella intenta un poco simular la creación de contenido, pero no tiene mujeres seguidoras. Esos vídeos no suponen un aumento de las tradwives en España.
¿Qué papel cree que juega el neoliberalismo tardío en esta situación?
El neoliberalismo está más que cómodo en toda esta situación y se va a desarrollar de una manera imperante. No solamente vivimos en una sociedad patriarcal, sino también en una capitalista. Todo este retroceso y este agotamiento del discurso progresista hace que el discurso neoliberal entre en juego y dé unas soluciones a través del mercado. Ahora sabemos que uno de cada tres jóvenes en España asume que gasta por encima de sus posibilidades- Los valores neoliberales abogan por el individuo, por lo que todo lo comunitario se va bastante al traste. El éxito económico se considera lo más importante. Empieza a calar la desinformación, la falta de concienciación sobre los demás. Esta situación, en momentos de crisis es muy importante porque el foco principal se traslada hacia el dinero y todo lo que tiene relación con la cultura y los problemas sociales como la igualdad, etnia, discriminación, colectivo pasan a un segundo plano.
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