La fe, el 'clean look' y la patria: la juventud canaria abraza la vida tradicional
El auge de posturas más conservadoras entre los jóvenes, fruto de la búsqueda de identidad en una crisis de valores, ya tiene su reflejo en la cultura popular, las redes sociales y hasta su look.

Ilustración sobre la mujer tradicional. / Adae Santana

Rosalía se cubre con un velo blanco en la portada de su nuevo disco Lux donde evoca su deseo de vivir entre lo terrenal y Dios; en Tiktok la influencer Roro muestra en bucle las recetas que cocina a su novio Pablo, los jóvenes comprueban si Mercurio está en retrógrado para organizar su semana, Vito Quiles se convierte en un ídolo de masas y entre las chicas triunfa un look poco recargado y más remilgado que se viste de colores más neutros y menos estridentes. Estas modas confluyen a la vez en una juventud posmoderna que trata de buscar su lugar en un mundo plagado de crisis, incertidumbre e individualismo tecnológico y se cristaliza en un cierto anhelo por la vida tradicional, posturas ideológicas más conservadoras y en un refugio inusitado en toda clases de creencias religiosas.
Los jóvenes de la Generación Z son los más conservadores de las últimas tres décadas. No en vano, como recuerda el informe Juventud en España, 2024 editado por el Instituto de la Juventud de España (Injuve), –que se basa en los últimos informes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)– en términos ideológicos la juventud española se ha situado desde 1992 en valores inferiores a 5 en una escala ideológica donde 1 es extrema ixquierda y 10 extrema derecha.
Hoy la situación ha cambiado, la Generazión Z se siente cada vez más representada en los postulados de la derecha ideológica, que, en última instancia, defienden ideas más conservadoras y tradicionales. Una tendencia que se diferencia por sexos: ellas se sitúan en posiciones más a la izquierda que ellos, que las superan claramente en el espacio de la derecha. En concreto, ellas se ubican en un 4,77 mientras ellos se posicionan en una media 5,13.
Un giro global y cultural
Este giro tradicional no se ciñe a lajuventud.«Los estudios del CIS hablan de que esa oleada conservadora afecta a la sociedad en su conjunto», sentencia Josué Gutiérrez, decano del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Canarias. Tampoco es un fenómeno propio de Canarias, ni un endemismo español. «Es una corriente internacional que ha llegado con fuerza a todos los rincones del mundo», afirma el sociólogo de la Universidad de La Laguna (ULL), Saturnino Martínez. Y, por último, no solo es una pugna entre ideologías de diverso signo, es también una lucha por la hegemonía cultural. No en vano, estas creencias trascienden a todos los ámbitos de la vida, lo que incluye los gustos musicales, cómo se configuran las relaciones entre iguales, el estilo y la moda e incluso las creencias religiosas.
Aunque como advierte, son muchos los motivos que pueden estar detrás de este fenómeno, para Martínez esta tendencia no se puede entender sin tener en cuenta el malestar social generado en dos momentos clave de la historia reciente: la crisis económica de 2008 y la pandemia de coronavirus de 2020. «La estructura del mundo que teníamos en la cabeza cambió bastante entonces», revela Martínez. A partir de 2014 se dio un ciclo de protesta, encabezado en España por el 15M, que estaba más escorado hacía la izquierda y que culminó con partidos más afines entrando en las instituciones. «Pero si estos jóvenes ven que el resultado de esas protestas en la calle no resolvió el problema, pueden pasar dos cosas: que se radicalicen más a la izquierda o que dirijan hacia el lado totalmente opuesto», sentencia.
El impacto de la pandemia
Gutiérrez sitúa el punto de inflexión para este giro conservador en 2020. «La pandemia marcó muchísimo, fue el escenario ideal para las teorías de la conspiración y un aumento de la desconfianza hacia el poder», relata. Como en ese tiempo, casualmente en España, el poder estaba en manos de la izquierda, esto «hace que determinadas personas se hayan socializado en ese contexto». De hecho, para los expertos es esa fatiga democrática la que está llevando a los jóvenes –y no tanto– buscar alternativas al sistema hegemónico. Según la Encuesta de hábitos democráticos de diciembre de 2023, más del 20% de las personas nacidas en democracia cree que «en algunas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático». Un porcentaje que, entre los nacidos antes de 1976, no supera el 12%.
Por su parte, Roberto García Sánchez, profesor de psicología en la Universidad Europea de Canarias, afirma que «muchos de esos jóvenes que en su momento votaron a Podemos son los que ahora están votando a Vox». García pone de manifiesto que investigaciones previas sobre los rasgos de personalidad y la ideología muestran que «los que están en la extrema izquierda y los que se sitúan en la extrema derecha tienen rasgos de personalidad similares». El psicólogo también adscribe esta tendencia social a un fenómeno cíclico. «Esto ha ocurrido siempre a lo largo de la historia, no es una situación que atienda a la razón, sino a la emoción», indica.
Precariedad, desigualdades y desafección política
Gran parte de esta situación tiene relación con los profundos problemas que los jóvenes enfrentan a la hora de desarrollar sus vidas. El propio informe del Injuve admite que hay una parte de la juventud que se ha apartado de los canales tradicionales de la política porque ha perdido la confianza en un sistema que no cumple sus promesas y que perpetúa las desigualdades. El mismo estudio hace alusión a algunas de sus preocupaciones entre las que destacan la dificultad para emanciparse, el peso de la precariedad laboral, las desigualdades educativas y la polarización.
La situación de crisis constante no ha ayudado, pero los políticos tampoco. Para Gutiérrez esta ola reaccionaria «está favorecida también por los partidos políticos». «A todos les interesa esto, porque es un caldo de cultivo para crear ejércitos», lamenta Gutierrez, que matiza: «no se trata de llevarnos a una guerra, pero sí a conflictos que rompan con el consenso». Como ejemplo, Gutiérrez hace alusión a diversos «consensos» que se han roto. «Se ha cuestionado la ciencia, determinadas creencias progresistas y hasta la multiculturalidad», relata.
Choque cultural
Por su parte Martínez, considera que esta respuesta también tiene que ver con la propia gestión de los gobiernos progresistas. «Ha habido mucha ingenuidad por parte de de quienes participan en sistema educativo y en la cultura pensando los valores se transmiten por medio de una inyección hipodérmica», sentencia el sociólogo, que critica duramente la tendencia progresista — reconocida por quienes menosprecian estos valores como woke— a tratar de transmitir ciertos valores a través de una «enseñanza explícita», en lugar que por el ejemplo y con el tiempo. Para los expertos, estas imposiciones culturales han acabado provocando que los jóvenes hayan girado la mirada «hacia el lado contrario».
Martínez lo contrasta con el modus operandi de un caso que sí ha sido de éxito: el de las leyes antitabaco. «En 1985 se impuso una ley que limitaba fumar en muchos casos, pero no ha sido hasta 2010 —25 años después— cuando se estableció su prohibición en todos los lugares». Como reflexiona, si esta prohibición se hubiera llevado a cabo al principio, «esa ley nunca hubiera salido adelante, hubiera tenido mucha oposición y, seguramente, no hubieramos podido volver a hablar de eso en años». De ahí que García sentencie que, «cuando surge una tesis obligatoria y necesaria siempre va a surgir una antítesis, ningún extremo se cambia desde el punto medio».
Crisis o cuestionamiento de valores
Los expertos concuerdan en que tras este fenómeno también hay una crisis de valores sobrevuela todo Occidente. «Antiguamente había unos valores muy claros y muy definidos, ahora tenemos otra situación en la cual hay valores muy diferentes y con mucha diversidad hasta el punto que algunos pueden contradecir otros», revela el psicólogo, que indica que, en este punto, muchos buscan aquello que «definía a sus padres y abuelos para poder pensar en un futuro» con más certeza. «Los jóvenes buscan certezas y claridad en la identidad,para tener una meta en la vida y unos valores claros que le indiquen cuál es el objetivo que deben perseguir en su vida», insiste el psicólogo.
Gutiérrez va más allá. «No es una crisis, es un cuestionamiento», sentencia el sociólogo, que recalca que «ahora hay muchos valores distintos, muchas formas de convivir y concebir la sociedad». Y si bien eso podría implicar una mayor diversidad, hay escenarios en los que puede conllevar una consecución de problemas sociales y conflictos. Esa mayor diversidad marida con un individualismo cada vez más acuciante. Esta tendencia trasciende a todos los aspectos de la sociedad y se visualiza en situaciones tan cotidianas como el mercado de la vivienda. «Ahora está de moda vivir solo, incluso estando en pareja se fomenta el Living Apart Together, estamos juntos pero en diferentes casas», explica.
No obstante, esta tendencia a la soledad de ideas no tendría tanto recorrido si no fuera por los nuevos procesos de socialización, mediados en gran parte por las redes sociales y sus lógicas. «El proceso de socialización ya no se controla, son los algoritmos en internet quienes median mostrando lo que nos gusta y en lo que estamos de acuerdo, así que aceptas una idea individualmente gracias a tu sesgo de confirmación», explica Gutiérrez, que insiste en que esto tiene una contrapartida clara: «te vuelven menos crítico y menos partidario a aceptar opiniones diversas». Por tanto, también de asumir la convivencia en una sociedad diversa.
La derecha gana terreno en la guerra cultural
¿Y quiénes van ganando esa guerra cultural por los valores? Los postulados más conservadores. «La derecha ha ganado la batalla de lo cool», recalca Martínez, que afirma que, en un mundo de identidades fragmentadas, la tradición surge con «valores comunitarios muy fuertes», como el de la patria. «Son los que dan cohesión y sentido», insiste.
Sin embargo, Saturnino Martínez advierte que los discursos de estos partidos son de todo menos «populistas». «No es populista porque lo que está haciendo es reforzar el poder de estas grandes empresas como Black Rock, desviando el malestar del sistema, no hacia quienes son los generadores del malestar (que es la concentración de capital), sino a los que son más pobres que tú», insiste.
A las situaciones estructurales, se une la propia idiosincrasia de los jóvenes, que, especialmente en el caso de los varones, configuran sus acciones por una suerte de psicología inversa. «Tu le dices a un adolescente que tiene que hacer A y ten por seguro que va a hacer B», explica Martínez, que indica que este es uno de los motivos por los que el auge de estas posiciones ha calado antes entre los chicos. De hecho, es en la cultura adolescente masculina en la que las ideas más reaccionarias han conseguido un hueco mayor. Ejemplo de ello son todos los movimientos de la denominada machosfera o los grupos terroristas que abogan por el supremacismo blanco, como The Base.
Según la ONU Mujeres, la machosfera (o manosfera) es una red indefinida de comunidades nacida en internet que dicen atender los problemas que aquejan a los hombres —por ejemplo, citas románticas, aptitud física o paternidad—, pero a menudo promueve consejos y actitudes nocivas. Tal como destaca el informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre Violencia contra las mujeres y las niñas, estos grupos se unen en oposición al feminismo y presentan erróneamente a los hombres como «víctimas» del actual clima social.
La soledad del hombre
Estos grupos difunden mitos, pseudociencia y mentiras sobre el género. Un contenido que gana terreno principalmente entre los jóvenes que se sienten aislados. Según el informe State of American Men 2023 (el estado de los hombres estadounidenses) elaborado por el grupo de investigación Equimundo, socio de ONU Mujeres, dos terceras partes de los jóvenes sienten que «nadie los conoce de verdad». En este punto aparecen los incels, término que proviene de una desvirualización del movimiento original —que abogaba por el celibato voluntario—, que consideran que los hombres tienen derecho a tener sexo y que las mujeres los privan deliberadamente de él.
En cuanto al supremacismo blanco, estos grupos a menudo defienden la necesidad urgente de pasar a la acción y combatir a sus múltiples enemigos: colectivos antifascistas, LGTBI, comunidades musulmana y judía, migrantes e incluso fuerzas de seguridad y gobernantes. Esa acción, a menudo, se vehiculiza mediante acciones violentas.
El regreso a la fe
En esta búsqueda por un sentido a la vida, los jóvenes también han tocado la puerta de las iglesias. La tendencia moderna a la búsqueda de la fe también la ha el vicario de la Diócesis de Tenerife, Antonio Pérez, que asegura que hay «grupos emergentes de jóvenes» que buscan la «conversión» más allá de los 20 años. «Es una realidad distinta formada por jóvenes mayores que van descubriendo la iglesia y les llama la atención», sentencia Pérez, que indica que son muchos los que piden los Sacramentos para poder ser bautizados y que admiran «la calidad de nuestra amistad con Jesús».
Como explica, quienes se acercan de esta forma prístina a la realidad eclesiástica lo hacen con «un cierto vacío interior» y una «sed de espiritualidad». «Es una generación que asume la fé como una absoluta novedad, con entusiasmo y sorpresa», relata el vicario. Como destaca, su actitud ante este inusitado encuentro es la de «escuchar y aprender». «Tienen un bagaje cultural y una fé que es prácticamente de otro mundo».
Secularización creciente
Sin embargo, como insiste, esta tendencia, por el momento, no es tan generalizada como pudiera suponer. De hecho, el reciente Informe España 2025, de la Universidad Pontificia Comillas, la tendencia a la secularización de la población sigue presente. No en vano, el porcentaje de personas que se declaran sin religión se ha triplicado en dos décadas: del 13,2% en 2000 al 40% en 2024, alcanzando el 60% entre los jóvenes.
El estudio revela que España vive la tercera oleada de secularización desde inicios del siglo XXI, marcada por el distanciamiento del catolicismo y el aumento del pluralismo religioso. Así, la confianza en la Iglesia cae casi 10 puntos entre 1999 y 2017, pasando del 41,76% al 32,89%.
La pregunta ahora es si esta tendencia irá a más. Los expertos no se atreven a dar un pronóstico, pero entienden que, al menos, va haber una generación, la Z, que sea mucho más conservadora que sus padres. También consideran que esta guerra cultural acabará con nuevos postulados de consenso que tienda menos a los extremos. Sin embargo, para llegar a ese punto, la contienda por la hegemonía de las ideas está a un paso de hacerse realidad.
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