El pergamino de Clío
La virginidad en la Edad Media

La virginidad en la Edad Media / La Provincia
Lara de Armas Moreno
Las mujeres, en el medievo, tenían que llegar vírgenes al matrimonio, pero muchas de ellas la habían perdido tiempo atrás, algunas por decisión propia, y otras debido a violaciones, bastante comunes en la época. Para fingir ser vírgenes acudían a los curanderos que les proporcionaban extravagantes remedios.
Desde el siglo XIII se documenta que, por orden eclesiástica, un grupo de mujeres inspeccionara el cuerpo de la futura esposa en busca de signos de virginidad. Establecer la capacidad de engendrar hijos legítimos se convirtió en un requisito.
Se deseaba la virginidad de la mujer con el fin de garantizar la paternidad del primogénito, así, se aseguraría un heredero legítimo. Para confirmar la pureza de la novia se inspeccionaba el himen, algo que hoy se sabe que no es garantía de nada ya que algunas mujeres nacen sin él y otras se lo rompen realizando actividades físicas.
En La Celestina Fernando de Rojas cuenta que la protagonista era experta en «facer virgos». Con ello se refería a que la anciana era capaz de hacer pasar por virgen a cualquier mujer, con lo que la obra expone la asiduidad con la que se llevaban a cabo prácticas similares.
La virginidad era una mercancía codiciada y, por ello, muchas mujeres tenían que recurrir a extravagantes remedios. Quizá uno de los más asquerosos incluía el uso de sanguijuelas. El insecto tenía que introducirse en la vagina, así, mordía las paredes provocando pequeñas hemorragias que se abrían durante el acto sexual.
Otra desagradable técnica implicaba el uso del intestino de un ave, comúnmente de paloma. La futura novia debía lavarse con agua caliente y frotarse los genitales con un ungüento. Después, se introducían el intestino del animal lleno de sangre en la vulva. Al llevarse a cabo la penetración, el intestino se rompía, liberando la sangre de su interior.
Durante la Edad Media, se asociaba la voluptuosidad de la mujer a la experiencia sexual. Por ello, muchas decidían esconder sus encantos, incluso, algunas usaban remedios para evitar que sus pechos crecieran.
El comportamiento de la mujer también daba indicios de su promiscuidad, por lo que futura novia que quería probar que era pura también se debía comportar de cierta manera. No bebía, rezaba y se vestía dignamente. Algunas hacían cálculos para hacer coincidir su noche de bodas con la menstruación.
En la Trotula, un recetario del medievo de ginecología, aparecen los métodos más extravagantes usados por las mujeres para restaurar su virginidad. En este manual se incluía tomar claras de huevo mezcladas con ciertas hierbas calientes o colocar un paño mojado en la vagina tres veces al día.
Desafortunadamente, prácticas similares siguen usándose en distintas partes del mundo. En el mundo musulmán o en India existe algo llamado el «kit de la virginidad» que consiste en usar una pequeña membrana que simula el sangrado durante el coito. Se puede comprar fácilmente por internet. Otras invierten en una operación llamad himenoplastia que trata de reconstruir la función del himen.
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