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¿Qué respiramos durante una erupción? El CSIC 'desmenuza' la composición del aire durante la erupción del Tajogaite

El Laboratorio de Calidad del Aire de Canarias, adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, desvela por primera vez la composición de las partículas atmosféricas que se encontraron durante casi tres meses en La Palma durante la erupción de Tajogaite

Cono volcánico del Tajogaite

Cono volcánico del Tajogaite / Andrés Gutiérrez

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Los Llanos de Aridane

Durante los 85 días que se prolongó el rugido del Tajogaite, el aire se volvió casi irrespirable. Los vecinos, los científicos y los periodistas trataban de protegerse de aquella nube tóxica con máscaras de gas cuando podían, y mascarillas sanitarias en su mayoría. Pero, ¿qué fue exactamente lo que llegó a los pulmones de los palmeros durante esos días? Un grupo de investigadores canarios lo ha desvelado por primera vez: una mezcla de micro fragmentos de lava con un cóctel de sales volcánicas que, en algunos puntos, se mezclaba con una rara emisión de nitrato amónico, fruto del uso de fertilizantes agrícolas.

Así lo han corroborado investigadores del Laboratorio de Calidad del Aire de Canarias, dependiente del Insituto de Productos Naturales y Agrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que han publicado por primera vez la composición de las emisiones del volcán en la revista Science of the Total Environment. Como recuerdan en un comunicado, las erupciones volcánicas emiten a la atmósfera grandes cantidades de gases y sólidos que favorecen la formación de partículas respirables PM10, es decir, material condensado menor de 10 micras. Durante la erupción, las concentraciones de estas partículas — que, por su tamaño, penetran muy fácilmente en los pulmones — pueden llegar a cifras potencialmente tóxicas.

Una lluvia constante de ceniza y partículas PM10

Con la incesante lluvia de cenizas, no es raro que el ambiente estuviera cargado en su mayoría — un 60% — de diminutos fragmentos de lava convertidos en roca cubiertos por distintas sales. Los micro fragmentos de lava tuvieron una composición poco variable (18% silicio, 6,7% aluminio, 6,7% hierro, 6% calcio, 4% sodio y 3% magnesio, entre otros), sin embargo, la composición de las sales volcánicas sí fue muy variable, pues estas se forman en el aire al reaccionar con las especies químicas disponibles, dependiendo también de las condiciones de temperatura y humedad.

De entre las sales ácidas destacan el sulfato de sodio (que representó un 33% del sulfato total) y sulfato de magnesio (6% del sulfato total), formados rápidamente en el jet o chorro volcánico.

Sales volcánicas y su evolución tras la erupción

Los sulfatos de sodio y magnesio desaparecieron del aire con el fin de la erupción, sin embargo, otras especies de sulfato se siguieron formando en el aire ambiente durante el proceso de desgasificación tras la erupción. Las sales de fluoruro y cloruro estuvieron principalmente constituidas de fluoruro de calcio (94% del flúor) y cloruro sódico (98% del cloro).

Una de las curiosidades del estudio — así lo explica uno de sus autores, Sergio Hernández — es la detección de nitrato amónico. Aunque no se encontraba en grandes cantidades, su presencia en sí supuso una sorpresa. «En Canarias no se suele encontrar, este gas suele encontrarse en ciudades muy contaminadas cuando las temperaturas bajan de los 15 grados», explica Rodríguez.

El sorprendente origen del nitrato amónico

¿Cómo se pudo dar entonces en La Palma? En este caso, como cuentan los investigadores, la formación de nitrato amónico durante el periodo eruptivo se atribuye a «las emisiones de amoniaco causadas por el avance de las coladas sobre el suelo agrícola y la reacción de este gas con el ácido nítrico, ligado a las emisiones de óxido de nitrógeno de los coches y a la altísima humedad absoluta en el aire debido a las emisiones de vapor de agua del Tajogaite». En otras palabras, durante el volcán se dieron, de manera improbable, las condiciones adecuadas para que ocurriera.

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