Un salvavidas para las víctimas de violencia machista: los vecinos, transeúntes y otros testigos están detrás de una de cada cuatro llamadas al 112
Los alertantes accidentales son los que más avisos lanzan al Servicio de Atención de Emergencias, solo por detrás de la propia afectada

Manifestación 25N / María Pisaca
La sociedad está cada vez más implicada en la lucha contra la violencia machista. La principal prueba es que detrás de una de cada cuatro (23,7%) llamadas que recibe el Servicio de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia de Género del 112 se esconde un alertante accidental, es decir, una persona que no tiene relación con la afectada, pero que presencia una agresión y decide dar la voz de alarma. En los últimos años, su protagonismo se ha disparado, hasta el punto de ser el segundo tipo de alertante más habitual en Canarias, solo por detrás de la propia víctima (41,6%).
La coordinadora del servicio, Elena Suárez, destaca que el alertante accidental no tiene un rostro ni un perfil concreto. Lo más habitual es que sea un vecino, que llama preocupado porque ha escuchado gritos en una casa cercana, aunque también es muy frecuente que el aviso se produzca en el contexto del ocio nocturno o en actos culturales. Incluso, hay casos en los que la persona se topa con una agresión caminando por la calle o que llaman desde un centro sanitario o educativo. «Ante la duda, lo mejor es avisar porque abres una puerta a que la víctima salga de esa situación de violencia», señala.
De enero a octubre, el servicio registró 15.613 alertas, según datos de la Consejería de Bienestar Social del Ejecutivo regional. Del total, 6.491 fueron realizadas por la afectada; 3.700, por un alertante accidental; 2.870, por una institución; 1.001, por el 016; y 856, por un familiar. Para la Administración pública y para los recursos de atención a víctimas, esta figura del testigo fortuito se ha vuelto «vital».
Más concienciación
Hace 26 años, cuando el 122 arrancó este servicio pionero a nivel nacional, la violencia de género se entendía como una situación que debía llevarse solo de puertas para dentro. En los últimos años, sin embargo, ha salido a la calle y la sociedad ha comenzado a implicarse en la lucha contra esta lacra que, solo en Canarias, ya ha matado a dos mujeres. «Ya no miran para otro lado, sino que son capaces de llamar porque saben que ese aviso puede salvarle la vida a una persona», resalta.
Para la coordinadora, tanto las campañas de sensibilización como el boca a boca han ayudado a que la gente esté más concienciada. Los días festivos, los viernes o los sábados por la noche, el índice de llamadas realizadas por alertantes accidentales se dispara. «Llaman, por ejemplo, porque ven algo dentro de un local de ocio nocturno que les preocupa», explica. También registran casos en los que son las amigas de la víctima las que llaman preocupadas para solicitar información y para saber cómo pueden gestionar la situación.
Sin importar dónde o cómo se produzca la agresión, la indicación del Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad siempre será la misma: no intervenir de manera física entre la víctima y el agresor. Además, en estos casos en los que la llamada la realiza una persona ajena al entorno de la víctima, el equipo del 112 intenta sacar todos los datos posibles, así como una descripción de ambas partes. También preguntan si conocen la calle en la que están y hacia dónde se dirige la pareja, por si se produce algún desplazamiento antes de que lleguen las fuerzas y cuerpos de seguridad. En la misma línea, cuando es un vecino el que llama, la prioridad es saber si hay menores en el domicilio.
Peligro inminente
En cualquiera de los casos, el alertante no está obligado a dar ningún dato personal. Así, la coordinadora subraya que «es fundamental que la gente sepa que el hecho de llamar implica total confidencialidad». En muchos casos, el proceso se extiende durante años, por lo que estos avisos son solo la punta del iceberg. Aunque a veces también sirven como detonante para que la víctima salga de ese infierno, ya que, en más de la mitad (57%) de las llamadas registradas este año, la mujer corría peligro inminente.
Suárez sostiene que la propia ciudadanía se ha convertido en una herramienta para prevenir la violencia machista. Para ellas, estas alertas son rayos de luz: «Ven cómo personas externas se preocupan por su bienestar». Aunque en algunos casos es la víctima la que decide no presentar denuncia. De igual manera, se les informa de los recursos disponibles y se les deriva a los más cercanos.
El empujón definitivo
Por su parte, la directora del Instituto Canario de Igualdad, Ana Brito, defiende que muchas mujeres «necesitan ese empujón» porque algunas no reconocen los abusos como violencia de género y otras tardan hasta once años en denunciarlos. «Las llamadas de testigos han crecido mucho en estas casi tres décadas, pero no podemos bajar la guardia porque el machismo es un problema estructural», apunta.
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