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Medioambiente

La falta de refugios impide a los lagartos repoblar el cráter del volcán de La Palma

En la International Conference Tajogaite Eruption, la investigadora María Guerrero destacó la rápida adaptación de los pinos a los gases volcánicos, identificando diez genes clave en este proceso

Un lagarto sobre las cenizas volcánicas del Tajogaite.

Un lagarto sobre las cenizas volcánicas del Tajogaite. / María Guerrero

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Casi cuatro años después de que los rugidos del volcán cesaran, los lagartos (Gallotia galloti) aún no se atreven a volver al que se convirtió en un lugar inhóspito: los 400 metros alrededor del cráter. Las poblaciones de pequeños reptiles no se están recuperando tan rápido como lo han hecho las aves, los insectos o incluso la flora.

De hecho, los pocos que se acercan al lugar son aquellos que han conseguido refugios en rocas que no fueron enterradas por las capas de ceniza. «En las zonas más afectadas, los depósitos de tefra eliminaron la vegetación del sotobosque, dejando a los animales sin alimento ni refugio», reza el artículo recién publicado en Science Reports, de la prestigiosa revista Nature, por varios investigadores canarios – de Gesplan, Cabildo de La Palma, Gobierno de Canarias y CSIC – y alemanes. Y ahí está el quid de la cuestión: sin lugares donde esconderse y vivir, no encuentran atractivo recolonizar ese lugar.

Conclusiones científicas

Esta es una de las conclusiones que han expuesto los científicos participantes en la International Conference Tajogaite Eruption, que esta semana ha congregado en La Palma a cientos de investigadores de distintos ámbitos para poner en común sus hallazgos tras la erupción. En este caso, ha sido la investigadora de Gesplan, María Guerrero, la que ha puesto el acento sobre la recuperación de las especies tras el volcán y, en concreto, en el «cómo» algunas especies – como los pinos – se han podido adaptar tan rápido a los cambios.

«Nos preguntamos cómo es posible que el pinar canario (Pinus canariensis) pudiera rebrotar tan rápido», argumentó la investigadora en su ponencia. Con esa premisa en mente, el equipo de investigación en el que ha trabajado Guerrero ha conseguido identificar hasta 10 genes que tienen una relación directa con la adaptación de los pinos a los gases y lava volcánicos.

En dicho estudio, los expertos también advierten de la necesidad de tomar medidas adicionales en los ecosistemas más afectados – los más cercanos al cráter –, ya que se enfrentan a la colonización de especies exóticas que no permiten la recuperación de otras endémicas. De hecho, en algunas de estas zonas ya se han encontrado ejemplares de rabo de gato (Cenchrus setaceus).

Recuperación de artrópodos y aves tras la erupción

Lo que sí se está recuperando a pasos agigantados son las poblaciones de artrópodos. Durante el tiempo en el que se realizaron los trabajos – entre 2022 y 2023 – se encontraron más de 10.000 insectos, de hasta 230 especies distintas. El más abundante fue el mosquito verde (Empoasca alsiosa) con un 35% de los individuos registrados.

En cuanto a las aves, su recuperación es progresiva. Y es que si bien la mayoría de ellas huyeron durante la erupción – «en especial las más pequeñas», como explicó Guerrero –, cuando paró la lava no tardaron en regresar. De hecho, los propios investigadores notan que en 2023 se han encontrado más aves distintas: «hay una sutil sentencia a una mayor riqueza».

Este hallazgo, sin embargo, solo es uno de los muchos expuestos en estas primeras jornadas. No en vano, desde el 19 de septiembre de 2021, la Isla Bonita se ha convertido en un laboratorio natural para todo tipo de disciplinas: desde la vulcanología y la geología, hasta la calidad del aire, pasando por el estudio de los ecosistemas o de los procesos de recuperación marinos.

Revolución científica en La Palma

El volcán, cuya herida latente emerge como una mancha negra en pleno corazón de Los Llanos de Aridane, ha supuesto una revolución para la ciencia. La Palma se ha convertido en un lugar único en el mundo. Como remarcó Ana Miller, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), los tubos volcánicos que se formaron durante la erupción (al menos cuatro) son estructuras muy poco abundantes en el planeta (apenas representan el 15% del total). «No son cuevas normales, las cuevas al uso se generan durante miles de años por la acción del agua con la roca», explicó en su ponencia, en la que insistió en que los tubos volcánicos son «las cuevas primigenias».

Estas cuevas oscuras y a menudo claustrofóbicas son «cápsulas del tiempo», capaces de cristalizar en la roca las huellas químicas de sus diferentes composiciones, e incubadoras de la vida primigenia. «El conocimiento de esa vida microbiológica puede servir en diversos campos, como la búsqueda de vida en otros planetas o la elaboración de nuevos medicamentos», sentenció Miller.

Impacto de la lava en el entorno marino

Los científicos también expusieron sus hallazgos sobre el entorno marino, especialmente aquel afectado por la lava. Como expuso Aridane González, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), la llegada de los deltas lávicos al mar ocasionó un aumento de las temperaturas, del pH y de la salinidad. Una información corroborada por los datos tomados por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) desde los buques oceanográficos durante esos días. “Las anomalías se podían encontrar en toda la columna de agua”, añadió Alba González Vega, investigadora del IEO.

González Vega explicó que esos días los investigadores también detectaron una reducción drástica de la clorofila. Una situación poco común en estos casos ya que, como explicó la investigadora, en lugares como Hawái se había detectado todo lo contrario. «El calor de la lava había favorecido que subiera el agua desde las profundidades y hubiera un intercambio de nutrientes facilitando así una floración masiva», comentó. Sin embargo, en La Palma no ocurrió así y entre las hipótesis que barajan está la posibilidad de que la abundancia de cenizas haya tapado la luz solar durante un tiempo. «Por muchos nutrientes que hubiese, sin luz solar no puede haber una floración», recordó.

Adaptación de organismos a condiciones extremas

Otros investigadores, como Andrés Rufino de la Universidad de La Laguna, mostraron cómo los organismos se adaptan a las condiciones de vida extremas. Es el caso de los erizos que durante décadas han vivido con unas concentraciones de dióxido de carbono mucho mayores de las que deberían. Y es que la de Fuencaliente es una de las playas con más concentración de CO2, lo que la convierte en un punto clave para el estudio del cambio climático. En este caso, Rufino descubrió que los erizos de Fuencaliente no solo son capaces de adaptarse mejor a estos ambientes muy acidificados, sino que también crecen con mucha más fuerza en ambientes normales. Una situación que, a ojos de Rufino, muestra una clara «ventaja evolutiva».

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