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¡‘Pal’ quinto pino!

¡‘Pal’ quinto pino!

¡‘Pal’ quinto pino! / La Provincia

Luis Rivero

Aunque se trate de una expresión de uso común en el español canario, razón que puede justificar la creencia de que nos encontrarnos ante un dicho sui generis o propio de las Islas, en realidad parece tratarse de un modismo castellano con presencia en distintos dominios idiomáticos. El origen de la expresión se viene atribuyendo a una plantación de pinos que aconteció en Madrid a principios del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V. Los pinos se plantaron, en hilera, a una considerable distancia el uno del otro (suponemos que a modo de hito kilométrico para orientar al caminante). El primer árbol se plantó en las inmediaciones de lo que hoy sería el Paseo de Recoletos, antiguamente conocido como Prado de Recoletos o Prado Nuevo. [El nombre de Recoletos venía dado por la existencia desde el siglo XVII de un convento de frailes recoletos]. La plantación de pinos seguía hacia donde hoy están los Nuevos Ministerios, en el madrileño Paseo de la Castellana, de manera que el vulgo probablemente empezó a tomar como referencia de las distancias recorridas: el segundo pino, el tercer pino, el cuarto pino y el quinto pino que era el punto más alejado de todos. Y en este lugar recóndito y apartado de miradas indiscretas hay quienes sitúan el espacio propicio para encuentros amorosos. Un lugar de transgresión marcado por los valores simbólicos que comparten en la cultura universal los árboles, la vegetación, la foresta o el huerto. [Y de ello dan cuenta un buen número de expresiones de contenido fitolibidinoso, podríamos decir, que existen en el español de Canarias y en otros dominios: como «llevarse a alguien el huerto»]. Sea como fuere, la locución «ir al quinto pino» ha perdido cualquier connotación -si realmente la tuvo alguna vez- que lo relacione con aspectos subliminales de significado erótico-sexuales o encuentros furtivos entre amantes. De manera que la expresión «el quinto pino» (ir/llegar al quinto pino) se ha difundido por metonimia con el sentido de ‘lejanía’, hasta el punto que el DRAE recoge la expresión coloquial «el quinto pino» con el significado de ‘lugar muy alejado’.

Lo cierto es que la locución ha tomado carta de naturaleza para incorporarse al español de Canarias donde ha encontrado fácil acomodo al contener una ocurrencia que casa bien con el modo de hablar isleño, aun cuando el hablante desconozca su origen. En el español canario existen múltiples expresiones sinónimas y afines para referirse a un «lejío», que se dice de ‘un lugar apartado y remoto’. Como la comparativa: «estar más lejos que la raya de una albacora» que se emplea para expresar que alguien o algo se encuentra en un sitio muy alejado; o estar o ir a «donde el diablo dio un grito y nadie lo oyó», para referirse a un lugar remoto o perdido que es lo mismo que decir «donde el diablo perdió las botas o calzones»; o «donde Jesucristo perdió el mechero» o «en casa del carajo» para significar igualmente un lugar remoto y extraviado. Son usuales también «pa(ra) allá pa(ra) el carajo», «pa(ra) el quinto coño» y otras expresiones similares. Pero seguramente la más usual de todas es «en el quinto pino» que se suele emplear en fórmulas con el verbo estar: «eso está pa(ra) el quinto pino» o con la locución verbal «ir a tener» que indica generalmente involuntariedad o casualidad (con el sentido de ir a parar, llegar hasta): «Los chiquillos estaban jugando a la pelota en el patio y cada vez que alguno le pegaba un lambriazo, iba a tener al quinto pino».

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