Franco en Canarias: así preparó el general el golpe militar de 1936 en su destierro en las islas
El archipiélago jugó un papel decisivo, aunque fuera de forma accidental, en la trayectoria del dictador Francisco Franco, de cuya muerte se cumplen hoy 50 años

Franco llega a Las Raíces para reunirse con los mandos militares de Canarias el 17 de junio de 1936. / E. D.

«Estoy contento con que me hayan destinado a Canarias y de haber venido a las islas que tenía grandes ganas de conocer. Me propongo trabajar sin descanso. Estudiar todos los problemas de las islas». Francisco Franco pronunció estas palabras el viernes 13 de marzo de 1936 después de desembarcar en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Procedía de Las Palmas de Gran Canaria, a donde había llegado el día 11 desde Cádiz en el barco Dómine.
No cabe duda de que Franco desarrolló una labor incansable aquellos 130 días en los que permaneció en el destierro canario como jefe militar de las Islas. Pero su principal preocupación no estaba en los problemas del Archipiélago. No hubo día en que dejara de preparar la insurrección contra los republicanos, que habían ganado las elecciones democráticas. Ese tiempo fue clave en el devenir de la historia de España. Desembocaron en el levantamiento, la Guerra Civil y la dictadura, que se prolongó 36 años hasta que el 20 de noviembre de 1975, hace este jueves 50 años, ese mismo líder Francisco Franco fallecía.
Todo pensado para ser caudillo
Todo lo que hizo en aquellos cuatro meses, incluso muchas actividades privadas, estaba pensado para convertirse en el caudillo, al mismo tiempo que trataba de mantener en secreto sus planes sediciosos. Los contactos sociales en sus frecuentes visitas al campo de golf de Tacoronte, las misas de los domingos en las iglesias de El Pilar y La Concepción de Santa Cruz, sus reuniones en los cuarteles, las clases de inglés de Dora Lennard, incluso sus participaciones en actos del Gobierno republicano...
Muchos de los detalles de la estancia de Franco en la Capitanía General de Canarias de la chicharrera plaza Weyler se conocen gracias a ‘... y Franco salió de Tenerife’, libro de Ramiro Rivas, doctor en Historia por la Universidad de La Laguna, que a través de multitud de fuentes describe estos y otros episodios de aquellos días de 1936.
Llegada en el 'Dómine'
Un mes antes de su llegada en el Dómine, las fuerzas de izquierdas del Frente Popular se imponen en las elecciones del 16 de febrero. Las derechas tinerfeñas entran en pánico. Cinco días después, Francisco Franco es nombrado comandante militar de Canarias tras ser destituido por Manuel Azaña como jefe del Estado Mayor del Ejército. No son decisiones casuales. Ya desde el día después de los comicios se oyen ruidos de sables. Y el general gallego, con 44 años, es entonces uno de los militares con más prestigio.

Franco llega a Las Raíces para reunirse con los mandos de las guarniciones de Canarias el 17 de junio de 1936. / E. D.
Franco había dado el primer golpe de efecto en la guerra del Rif de Marruecos. Gracias a sus éxitos lo ascienden a general en 1926 con 33 años. El segundo se produce durante la Segunda República española, tras dirigir la Academia Militar de Zaragoza. En otoño de 1934 le ordenan liderar las operaciones para sofocar el movimiento obrero armado en Asturias. Lo aplastó.
Franco no es bien recibido
Franco no es bien recibido en Tenerife desde que pisa por primera vez la isla, acompañado de sus ayudantes y su familia –su mujer Carmen Polo y su hija Carmencita–. Uno de los integrantes de la comitiva, su primo hermano Francisco Franco Salgado-Araujo, describe así la hostilidad: «Desde el barco se veía que había una enorme multitud. Era evidente que las autoridades del Frente Popular nos preparaban un violento recibimiento. Por lo visto habían decretado la huelga general. Llegaban hasta nosotros los primeros gritos hostiles».

, Franco aparece el 14 de abril de 1936, durante la conmemoración de la Segunda República, escoltado a su izquierda por el alcalde de Santa Cruz, José Carlos Schwartz, y a su derecha por el gobernador civil, Manuel Vázquez. Nada más estallar el golpe, ambos fueron capturados por los franquistas. Schwartz sigue hoy desaparecido y Vázquez fue fusilado. / E. D.
Pero otra parte de la sociedad, la conservadora, menos ruidosa y mejor organizada, sí aprobaba su llegada. Y entre ellos había quienes lo veían como una esperanza. Parte de ese carisma se lo ganó Franco a pulso. Lo hizo patente en Canarias al mostrarse seguro y afable con sus subordinados, la prensa y hasta las autoridades republicanas. En paralelo, Franco se escribía con el general Emilio Mola y otros mandos para preparar el complot usando mensajes cifrados y nombres de ciudades para referirse a personas.
Cartas a Mola
En ese intercambio de correspondencia, Franco también transmite a Mola y a otros militares la preocupación por el avance del separatismo y la injerencia británica en Canarias, donde el Reino Unido tiene importantes intereses. Demostraba así que nunca quitó ojo a la realidad sociopolítica local. En esa época, además, las patronales habían lanzado un intento de autonomía a través del Estatuto Político Administrativo y Económico.
Javier Tusell, autor de ‘Franco en la Guerra Civil, una biografía política’, recoge algunos de sus pensamientos sobre el Archipiélago: «Esto es muy bonito y tranquilo aunque haya unas docenas de indeseables que alteran la vida obrera. Es tanta la inconsecuencia que no sería extraño que los declararan rojos y los suprimiesen en las rutas de los grandes trasatlánticos». Franco añade que «la política que aquí se sigue traerá como corolario el separatismo». «Me consta que Inglaterra tiene barcos dispuestos a acudir a defender aquí sus intereses si estos se atropellan», advierte.
Rumores y ruido de sables
A medida que avanza el verano se hacen más ostensibles las muestras de rechazo de las clases populares tinerfeñas. «Fuera Franco», se lee en pintadas por todos lados. Tampoco estaba al margen de otros rumores que le afectaban directamente y que apuntaban a que corría riesgo de sufrir un atentado.

Francisco Franco pasa revista durante una visita al hotel Taoro de Puerto de la Cruz. / E. D.
Así se entiende que una de sus principales preocupaciones fuera organizar una red de seguridad personal. Se fue configurando con oficiales afines. Lo facilitó el hecho de que rápidamente se consolidara una estrecha sintonía entre Franco y militares que servían en la Isla como los coroneles Teódulo González, Samsó, Vallabriga, Cáceres, Rolandi, Piñol o Pallasar.
Apoyo de los terratenientes y la Iglesia
También cuenta con importantes apoyos entre los terratenientes y la jerarquía eclesiástica, los primeros porque temen la pérdida de posesiones y los segundos porque se sienten en el centro de la diana. El 11 de marzo de 1936, por ejemplo, un Ayuntamiento de La Laguna gobernado por socialistas y comunistas aprueba la incautación de edificios de la Iglesia para destinarlos a educación.
Al mismo tiempo que públicamente jura fidelidad al Gobierno del Frente Popular y retira su candidatura a diputado por Cuenca en las listas del CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), con la otra mano y de forma sigilosa sigue organizando el golpe.
Hay dos episodios, sin embargo, en los que exhibe por primera vez sus verdaderas intenciones. Ocurren el primero de mayo, una fecha simbólica para el movimiento obrero que el Frente Popular quiere aprovechar para reafirmar su victoria electoral. En medio de una gran movilización obrera , Franco mueve ficha: envía a soldados al centro de Puerto de la Cruz y despliega otro retén en La Laguna. En este último punto hay tiroteos pero sin muertos ni heridos.
Los ayuntamientos piden su destitución
Los ayuntamientos piden la destitución del jefe del Mando de Canarias. Pero no solo fracasan, sino que el general sale reforzado. Tanto que solivianta a movimientos derechistas. Miles de personas –solo en Santa Cruz y La Laguna más de 3.400– estampan su firma en una campaña para apoyar a Franco.
A partir de mayo los sucesos se precipitan. El grueso de la Armada –incluidos el crucero ‘Méndez Núñez’ y el acorazado ‘Jaime I’– arriba el día 4 a los puertos de las dos capitales para unas maniobras. El 25, Franco viaja a Las Palmas de Gran Canaria. Allí celebra numerosas reuniones y el 28 participa en un simulacro de operativo antisubversivo.
La película 'La Bandera'
Una película propagandística protagoniza otra escalada con Franco ya de vuelta en Tenerife. El cine Royal Victoria proyecta el 11 y 12 de junio La Bandera, dedicada a la legión. Franco asiste con su mujer el 12. Se oyen silbidos y pataleos. Son contrarrestados por vivas a España y a Franco. Varios alborotadores son localizados y llevados a la justicia militar. Las condenas van de cinco meses a un año de prisión.
El siguiente capítulo arroja una de las fotos más icónicas de aquellos 130 días. La fría mañana del 17 de junio de 1936 se reúnen en el monte de Las Raíces muchos de los mandos de las guarniciones de Canarias. Franco aparece a lomos de un caballo.
La famosa foto de Las Raíces
Cuando se hace aquella famosa imagen de los uniformados posando en medio de los pinos –allí se instaló un monolito que se demolió en 2015 en aplicación de la ley de memoria histórica–, la trama conspirativa estaba ya bien armada. Franco reactiva su agenda. Acude el 20 de junio al Corpus de La Orotava para ver las alfombras de arena del Teide.

La famosa foto del encuentro en Las Raíces de Franco con los mandos militares de Canarias. / E. D.
A medida que se acerca julio empiezan a entrarle dudas sobre la planificación. Pero el historiador Ramiro Rivas concluye que dos sucesos terminan de convencerlo de que debe ponerse al frente. Uno es el asesinato en Madrid, el 13 de julio, de Calvo Sotelo, político que había sido ministro durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).
Intentos de atentado
El otro ocurre esa misma noche. Tres anarquistas acceden por la azotea a las dependencias de Capitanía donde se aloja Franco. Su objetivo: asesinar al general. Este pide auxilio. A los atacantes les es imposible forzar la puerta. Se escapan. La madrugada del 16, cuando aún no se han apagado los ecos del primer intento de atentado, la guardia de Capitanía abre fuego contra otro individuo que irrumpe en el edificio. También logra huir.

Francisco Franco, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife en 1936. / E. D.
Ese 16 de julio, a las 14:00 horas, Franco se reúne con su plana mayor para abordar un golpe inminente. Un avión británico, el Dragon Rapide, lo espera en Gando. De repente llega un anuncio que le da el pretexto perfecto para viajar a Gran Canaria sin levantar suspicacias: ha muerto el general Amado Balmes, gobernador militar de esa isla, en extrañas circunstancias (la versión oficial apunta que se le disparó el arma).
Entierro de Balmes
Tras presidir el sepelio la mañana del 17 de julio, se dirige a su despacho en el Gobierno Militar, almuerza, visita Las Magnolias –una finca en Tafira Alta– y se recoge temprano en el Hotel Madrid de Las Palmas de Gran Canaria.
La noche del 17 de julio estalla la rebelión. El jefe de las tropas de Melilla es el primero en anunciar que el Ejército «se ha levantado en armas». Al amanecer del 18, Franco dicta órdenes a todos los mandos de Canarias para que se alcen contra el Gobierno republicano. Se dirige a Gando por mar y se sube al Dragon Rapide, que despega a las 14:10 hacia Casablanca. Del golpe se pasa a la Guerra Civil y a 36 años de dictadura hasta que llega el 20 de noviembre de 1975.
Franco solo regresó una vez, su única visita como jefe de Estado, del 22 y al 29 de octubre de 1950. Estuvo en todas las islas. Si se suman aquellas jornadas, permaneció en total 138 días. Canarias, aunque de forma accidental, fue decisiva en su viaje a la tiranía. Lo que nunca le sirvió fueron las clases de inglés en Santa Cruz. Lo demostró en aquellas famosas imágenes de televisión en las que mostró una pronunciación ridícula.
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