Chema González, neurólogo: "La lejanía de Canarias ralentiza el diagnóstico de alzhéimer"
La detección del alzhéimer se produce de manera desigual en función de la región en la que se encuentre el paciente; en el Archipiélago existen diferencias notables incluso entre Tenerife o Gran Canaria y el resto de islas no capitalinas

El neurólogo de la Fundación Pasqual Maragall Chema González / E.D.
El neurólogo de la Fundación Pasqual Maragall Chema González, que visitó Tenerife para impartir una charla, señala que el alzhéimer está a punto de vivir una nueva era, protagonizada por dos farmácos que, por primera vez, han logrado frenar un 30% el avance de la enfermedad.
El diagnóstico de alzhéimer y su tratamiento varían en función del código postal?
Ojalá la distribución de recursos fuera homogénea. Por desgracia, en el ámbito de la salud hay muchos aspectos que dependen de lo cerca que estés de un centro o una unidad neurológica de referencia; en España observamos diferencias notables en función de la región en la que viva el paciente. Incluso depende de si vive cerca de la ciudad o en una zona rural, más alejada. Con el alzhéimer hay muy poca cosa a nivel terapéutico y no se nota tanto, pero con la llegada de nuevos fármacos veremos cómo esta asimetría se incrementa. Quizás en el diagnóstico es donde más diferencias hay a día de hoy.
Los canarios con sospechas de alzhéimer tardan hasta un año en visitar un especialista, ¿qué impacto tiene esta espera en el desarrollo de la enfermedad?
Es una pérdida, un coste de oportunidad. En los lugares más alejados, como Canarias, hay un mayor retraso en el diagnóstico; los pacientes pasan más desapercibidos, llegan en etapas más avanzadas y tienen un acceso más limitado a los recursos, por lo que las capacidades de intervención se reducen. Las diferencias se observan incluso entre las propias islas. En las no capitalinas es más complicado realizar pruebas avanzadas. Si ya ocurre en la Península, donde no hay mar de por medio y los desplazamientos son más sencillos, en el Archipiélago esa asimetría se nota aún más. En la nueva era del alzhéimer, este hecho será todavía más determinante porque la respuesta de los fármacos dependerá de lo pronto que se trate la enfermedad. De igual forma, la detección temprana es importante para dar respuesta a esa preocupación, esa inquietud, que sufren las familias cuando aún no saben qué está ocurriendo.
¿A qué se refiere cuando habla de una nueva era?
El campo del alzhéimer va a vivir un gran cambio de paradigma. La Agencia Europea del Medicamento ya ha aprobado los dos primeros tratamientos que han demostrado frenar el avance de la enfermedad, algo que hasta ahora no había sido posible. Aunque no la curan, la ralentizan un 30%. Son fármacos caros que requieren un seguimiento estrecho, con resonancias de control y un circuito asistencial complejo, mucho más complejo del que tenemos hoy en día. En los lugares menos dotados habrá más dificultades para implementarlos.
¿Cuándo llegarán estos nuevos fármacos a los pacientes?
Aunque estén aprobados por la ciencia, aún no han empezado a comercializarse. Falta esta parte, que llegará en uno o dos años y que será la que nos permita administrar el fármaco en hospitales. El sistema sanitario tiene que prepararse para ello porque vamos a necesitar muchos más recursos; más equipación y más infraestructuras.
¿El Archipiélago tiene alguna particularidad que lo haga más vulnerable a esta enfermedad?
Canarias registra una mayor prevalencia de diabetes e hipertensión, dos factores de riesgo cardiovascular que pueden hacer que haya más incidencia de demencia vascular y de alzhéimer. Aunque es cierto que el principal factor de riesgo es el envejecimiento y Canarias es una de las comunidades con menos personas mayores de España. También hay pequeños contribuyentes como la genética, el estilo de vida o el cuidado del sueño. Es una enfermedad multifactorial.
Canarias cada vez tendrá más población envejecida, ¿el alzhéimer, por tanto, será cada vez más habitual?
Sí, porque es una enfermedad asociada a la edad, aparece en un contexto de envejecimiento patológico del cerebro. Si la población es cada vez más longeva y además baja la natalidad, la pirámide poblacional se va a invertir y, por ende, la prevalencia del alzhéimer aumentará. No solo pasará en el Archipiélago, será una tendencia observable también a nivel nacional, europeo y mundial.
Con el párkinson, por ejemplos, hay pacientes que están recibiendo el diagnóstico a edades muy tempranas, ¿ocurre lo mismo con el alzhéimer?
También existe alzhéimer en formas que llamamos preseniles. Si bien es muy extraordinario encontrarlo en personas jóvenes, es bastante más común detectarlo entre los 40 y los 50 años. Lo que ocurre es que estos casos suelen tener un fuerte componente genético. Además, esta enfermedad presenta una ventaja con respecto al párkinson: tenemos biomarcadores, pruebas que son capaces de detectar científicamente la afección incluso antes de que comiencen los síntomas. Este tipo de herramientas hacen que puedas diagnosticarla en fases muy tempranas y, por tanto, en edades más precoces.
¿Hay alguna fórmula para prevenir la enfermedad?
No podemos reducir a cero el riesgo porque hay factores como la edad o la genética que no se pueden cambiar, pero sí que hay otros modificables, que dependen de ti y de cómo te cuides. Un ejemplo es la alimentación, comer de una forma equilibrada es un punto importante para mejorar la salud cerebral. Una mala calidad del sueño ha demostrado generar un mayor acúmulo de proteínas tóxicas en el cerebro, entre ellas las del alzhéimer.
Y también habrá que cultivar la mente.
Claro, el hecho de que las personas lean, escriban, compongan música, pinten... todo esas habilidades ayudan a tener una mayor resiliencia cognitiva y a resistir mejor el deterioro cognitivo. La mente debe estar activa, sobre todo en el aspecto social, porque el aislamiento ha demostrado ser un factor importante para padecer la demencia.
Son consejos aplicables también para aquellos pacientes que ya lo padezcan y que quieran ganar algo de tiempo, ¿no?
Exacto. Cuanto antes mejor, pero si una persona empieza a cuidar su cerebro tras recibir el diagnóstico también podrá reducir el impacto de la enfermedad y hará que el deterioro sea más lento. Eso sí, siempre dentro de unos límites porque aún no hay cura.
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