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Victoria Cirlot | Historiadora y teórica mística

Victoria Cirlot (historiadora): «Cristino de Vera necesita dar cuenta de la luz en su obra, y todo comenzó con la luz de Canarias»

La experta participa ofrece, en la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, ‘Mística de la luz’

La experta Victoria Cirlot, en la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias.

La experta Victoria Cirlot, en la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias. / Andrés Gutiérrez

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Victoria Cirlot es historiadora y teórica de la mística, así como Catedrática de Filología Románica en la Universidad Pompeu y Fabra de Barcelona. Participa este martes, 18 de noviembre, en el Encuentro Arte Pensamiento 2025 de la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias, en La Laguna, con Mística de la luz. Tradición patrística y hesicasta en la obra de Cristino de Vera, donde une lo natural con lo sagrado.

A lo largo de su prolífica carrera como historiadora se ha centrado sobre todo en una época como la Edad Media, pero en este caso visita Tenerife para reflexionar sobre la obra de un artista contemporáneo como es Cristino de Vera. ¿Cambia mucho la forma que usted tiene de trabajar dependiendo de la época en la que se centre?

En efecto, yo soy medievalista pero también me ha interesado desde hace mucho tiempo establecer un diálogo entre la Edad Media y el siglo XX. Justamente, la mística lo permite porque aunque el fenómeno místico desde un punto de vista histórico termina con la Ilustración, es muy interesante cómo los artistas del siglo XX han desarrollado esa experiencia visionaria, pretendiendo que las imágenes nazcan de su interior. Obviamente, se trata de contextos muy distintos, pero en cualquier caso es posible establecer un nexo. Y por eso también he escrito sobre Antoni Tàpies o sobre Eduardo Chillida. Me interesa mucho ver cómo se aprecian las huellas de la mística en el arte del siglo XX y XXI.

En el caso de Cristino de Vera, ¿había tenido la oportunidad de examinar su obra antes de preparar esta intervención en la fundación que lleva su nombre?

Recuerdo cuando vine por vez primera a la Fundación Cristino de Vera para ofrecer una conferencia y me quedé muy sorprendida por su obra, que me interesó muchísimo. Aunque se habló de la posibilidad de hacer un curso sobre este tema, finalmente no salió adelante, pero el trabajo que comencé a preparar en aquel momento lo he podido recuperar ahora para este encuentro.

Precisamente, ¿qué es lo que destaca en su intervención Mística de la luz. Tradición patrística y hesicasta en la obra de Cristino de Vera?

En la pintura de Cristino de Vera, ya lo dice él mismo, la luz es el tema fundamental. Es muy interesante, además, examinar su mirada sobre la pintura del otro porque lo que ve siempre es luz, es lo que le interesa ver como pintor. Luego, en el caso de la producción, la luz que emana de sus objetos envuelve toda su obra. Creo que esa luz hay que situarla en una tradición espiritual, tal y como han coincidido muchos de los autores que han escrito sobre él. No obstante, yo he querido concretar qué tradición espiritual en concreto. Creo que a Cristino hay que colocarlo en la tradición hesicasta porque lo que busca constantemente es crear quietud en el espectador. Se trata de una corriente espiritual que alcanza su máximo exponente en el siglo XIV y que establece una relación muy estrecha entre la pintura y la reflexión teológica. En la Edad Media, la luz en la pintura siempre estaba conectada con la teología pero yo me pregunto de qué tipo de luz estamos hablando, al igual que me lo pregunto con la obra de Cristino. Y yo la entiendo desde una doble posibilidad. Por un lado está la luz natural y por otra la metafísica.

Con una producción tan prolífica como la de Cristino de Vera, con tantos años de carrera, ¿el empleo de la luz y su significado ha ido cambiando a lo largo del tiempo?

Sí, justamente me gusta hablar de los momentos de cambio. El crítico de arte Juan Manuel Bonet ya dijo en una conferencia sobre Cristino de Vera que era uno de los grandes artistas repetitivos, como Mark Rothko, por ejemplo. Es verdad, en el sentido más positivo, porque, cuando un artista encuentra lo que está buscando, vuelve sobre ese aspecto una y otra vez y experimenta con ello. Con Cristino de Vera también he visto cómo el fondo se va imponiendo cada vez más sobre el objeto, que casi termina apartando y queda semioculto. Sin embargo, su pintura no es una pintura abstracta porque el objeto siempre está ahí, pero es interesante ver cómo el fondo avanza.

«Me interesa mucho ver cómo se aprecian las huellas de la mística en el arte del siglo XX y XXI»

La pincelada empleada por Cristino de Vera también es muy característica. ¿Ese detalle también determina el empleo y el reflejo de la luz en su pintura?

Sí, los fondos son maravillosos con ese puntillismo tan trabajado y que tiene un interés inmenso. Es por eso también que el fondo va adquiriendo tanto protagonismo y eso implica un cambio importante en su obra. Se observa perfectamente el paso de una atmósfera a otra.

A pesar de su producción tan longeva, la muerte siempre ha estado presente.

Es algo normal. La vida y la muerte son dos aspectos inseparables. El cráneo siempre está ahí hablándonos. Pero precisamente lo que me interesa de sus obras es que la muerte no se presenta como algo negativo, sino que es positiva porque precisamente procede de la luz. La muerte misma puede emanar luz. Ahí es donde Cristino, al igual que muchos otros pintores y pensadores, y sobre todo cualquier religión y tradición espiritual, se centra en la contraposición de los contrarios y en su conciliación, porque ahí justamente reside el enigma. ¿Cómo es posible unir el día y la noche? ¿Cómo es posible llegar al punto sublime?

A pesar de que lleva mucho tiempo viviendo en Madrid, ¿determina la insularidad en la que nació y creció la obra de Cristino de Vera?

Realizó paisajes que son absolutamente canarios, aunque también tiene otros castellanos. Pero yo creo que Canarias está muy presente, y él mismo lo ha dicho. Probablemente, es lo que percibe desde Canarias lo primero que le alerta sobre esa luz de la que tiene que dar cuenta en su obra.

Precisamente usted, ¿cómo definiría esa luz canaria, ahora que se encuentra en esta tierra?

Es una luz diferente y maravillosa. Yo me quedo fascinada. De pronto se desliza entre las nubes y crea un halo luminoso que es entre azul y dorado. Además, hay una atmósfera muy limpia, o al menos eso percibo yo, que vengo de Cataluña. Realmente, es una experiencia muy interesante.

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