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Entrevista | Ángeles Blancas Soprano

Ángeles Blancas (soprano): «No hay fronteras en los repertorios de la ópera pero los españoles debemos arañar más ciertos papeles»

El segundo título de Ópera de Tenerife, 'El holandés errante' llega a Auditorio de Tenerife con la soprano Ángeles Blancas interpretando a Senta

La soprano Ángeles Blancas en el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife.

La soprano Ángeles Blancas en el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife. / María Pisaca

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Ópera de Tenerife presenta el segundo título de abono de la temporada, El holandés errante, de Richard Wagner, que llega este domingo 16 de noviembre a Auditorio de Tenerife con la primera de las funciones programadas y que se repetirán, además, el miércoles día 19 y el sábado 22, a las 19:30 horas. La soprano Ángeles Blancas interpreta a la protagonista femenina de esta historia que mezcla leyendas y amor, Senta. La artista invita al público tinerfeño a acudir a una de las tres funciones programadas porque, sostiene, se trata de «algo distinto». Celebra que Auditorio de Tenerife esté «empeñado» en abrir sus puertas a repertorios como esta ópera de Wagner y recuerda que «no hay límites para la música y los compositores de comienzos del siglo XX, que son absolutamente maravillosos». De este modo, la cantante anima al público a «sentarse en la butaca y abrir el corazón a la música». «Hay que entregarse a la ópera», concluye.

Se estrenó con Ópera de Tenerife el año pasado en el papel de Rusalka y El holandés errante es su estreno con una ópera de Wagner. No viene a la Isla más que para enfrentarse a nuevos retos.

Efectivamente. He cantado en concierto ya algunas arias de Wagner con orquesta, pero como producción, como tal, esta va a ser la primera vez.

¿Y cuáles son los retos de enfrentarse a un libreto de este compositor?

Bueno, se trata de una ópera especial y muy wagneriana. Fue la primera ópera que compuso como tal y vocalmente es muy exigente porque siempre estamos en un registro medio alto de la voz, y es diferente a todo lo demás que él escribió. Tras esta ópera, Wagner se entregó a otro tipo composiciones y se podría decir que El holandés errante fue como un gran experimento. Puso en marcha algo creativo que desembocó luego en proyectos más ambiciosos, grandes y universales.

Así que es un estreno por la puerta grande.

Sí, es un estreno muy especial. Yo siempre digo que el personaje de Senta es especial, es distinta a otros personajes femeninos porque tiene una contundencia distinta y eso la hace particularmente especial.

Precisamente, esta versión en concreto parece que le da una especial importancia al personaje femenino de Senta.

A nivel personal, creo que la mayoría de las obras de Wagner tienen unos títulos muy masculinos, como El ocaso de los dioses, El anillo del nibelungo o Parsifal. Sin embargo, cuando abres las partituras y te sumerges en esas historias, la verdad es que el nudo, el foco, el motor de todo son las mujeres. Todo gira alrededor de los personajes femeninos. La ópera nos presenta al personaje masculino en primer término pero si ahondamos un poco más vemos que los personajes femeninos causan un gran impacto. Y en el caso de El holandés errante, el director de escena Marcelo Lombardero ha sabido sacar todo eso a la luz. Si normalmente es el holandés el que sueña con una mujer, con un amor que le pueda salvar de la maldición que sufre –y eso es lo que lo conduce a tierra–, en este caso es Senta, el personaje femenino, quien lo imagina y sueña desde que era pequeña. Esa ambición ha sido siempre su refugio. Toda la dramaturgia está desarrollada en un ambiente muy opresivo y machista, una realidad muy dura para las mujeres. Podríamos decir que es prácticamente maltrato. Entonces, Senta se ha refugiado siempre en esa historia, en ese cuento fantástico. Y la muerte será su salvación.

A pesar de ese ambiente en el que vive, Senta termina teniendo una reacción muy pasional.

Sí, se trata de personajes que tienen los sentimientos a flor de piel y no tienen otras maneras de actuar ante lo que les sucede. Todo está cargado de un espíritu romántico, exacerbadamente romántico, y en el que las emociones lo envuelven todo. Todos los personajes son extremadamente pasionales, excepto el capitán Daland, el padre de Senta, a quien le mueve el dinero, y es el personaje más usurero y mercantilista. En este caso, la mercancía es su propia hija, a quien entrega en matrimonio a un hombre. Lo que pasa es que la imaginación de Senta gana la partida, porque aparece su personaje soñado, el holandés.

¿Entiende o se puede sentir identificada con esa forma de ser tan pasional del personaje que interpreta, y con las decisiones que toma a lo largo de la ópera?

No lo sé... En mi juventud sí he hecho cosas muy locas, pero hoy en día yo creo que debe primar la experiencia y el poso de toda una vida, quizás de tantas experiencias y de tanto vivido y trabajado y también sentido, por supuesto. Creo que llega una edad en la que se actúa, no a través de una emoción sin control, sino gracias a algo mucho más madurado, pensado, algo que tiene un peso distinto. Por eso creo que le puedo aportar mucho a Senta. No es que sea algo ni mejor ni peor que en otra época de mi vida, pero sí es algo diferente. Y creo que eso es algo que nos sucede a muchos, que evolucionamos notablemente con el paso de los años.

Originalmente, El holandés errante es una ópera escrita para ser representada sin descanso, en un solo acto. ¿Cómo se enfrenta usted a una propuesta de estas características?

Hay muchas óperas que se están haciendo así. En este caso, Senta aparece en el segundo acto, todo el primer acto es la presentación y la entrada del holandés y mi personaje entra en el segundo acto, a la hora de empezar. Pero es cierto que al igual que las óperas de comienzos del siglo XX, se trata de un repertorio es intenso, pero que estamos acostumbrados a aguantar.

Ángeles Blancas, quien interpreta a Senta, y Anton Keremidtchiev, quien encarna al holandés.

Ángeles Blancas, quien interpreta a Senta, y Anton Keremidtchiev, quien encarna al holandés. / María Pisaca

Se trata además de una producción con una gran presencia hispana, tanto en el equipo técnico como artístico. ¿Define eso de algún modo esta ópera y su forma de enfrentarse a ella?

Yo creo que sí. Yo nací en Alemania y sé que allí se trabaja con mucha pasión, aunque por supuesto son muy racionales. Trabajan siempre con un gran respeto pero también es cierto que quizás las voces mediterráneas tienen una calidez y aportan unos detalles diferentes. Pero creo que no hay fronteras para los repertorios, eso sí que debería ser así. Un artista es un artista y la partitura que cae en sus manos puede estar escrita en checoslovaco, ruso o inglés y no debe existir ningún límite material. Hay ciertas nacionalidades a las que siempre le dan los papeles, como los alemanes, suecos, noruegos o americanos. Y ahí estamos los españoles, yo en concreto, arañando y suplicando por ciertos papeles de ópera. Pero está claro que los extranjeros pueden cantar zarzuela si quieren, así que los cantantes nacionales también deberíamos poder hacer lo propio fuera. Hay ingenieros españoles trabajando en China, por ejemplo, así que ¿por qué un artista español no puede hacerlo también?

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