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Sanidad

La seguridad de la sangre: un recorrido invisible que salva vidas

El procedimiento de donación comienza en los puntos de extracción y culmina en la administración de los diferentes componentes sanguíneos a los pacientes por parte de los servicios de transfusión

Una persona donando sangre en Tenerife, archivo.

Una persona donando sangre en Tenerife, archivo. / María Pisaca

El Día

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Santa Cruz de tenerife

La sangre canaria sigue un recorrido invisible, pero en el que es esencial seguir unos estrictos criterios de seguridad para que las donaciones lleguen de manera adecuada al paciente que lo necesita.

La responsabilidad comienza con el propio donante, ya que más allá del gesto solidario de la donación, la seguridad de la sangre depende en gran medida del compromiso y conciencia de cada persona. Los médicos de extracción desempeñan un papel clave al informar sobre la importancia del proceso, explicar la autoexclusión, cuando el propio donante considera que su sangre no es apta, y velar por que todo el procedimiento se realice bajo estrictos estándares médicos.

La singularidad geográfica de Canarias supone un reto logístico añadido. Cada bolsa recolectada debe transportarse manteniendo condiciones óptimas de temperatura y seguridad, desde cualquier isla o municipio, hasta los centros especializados. Material desechable, contenedores homologados y una trazabilidad rigurosa aseguran que cada unidad de sangre conserve sus propiedades hasta su procesamiento.

Una vez en los centros de transfusión, la sangre se separa en componentes como hematíes, plasma y plaquetas. Posteriormente, se somete a pruebas de análisis e inactivación de patógenos. Los avances científicos y la vigilancia internacional resultan fundamentales ante la aparición de nuevas enfermedades y la reintroducción de otras, impulsadas por los movimientos migratorios y el cambio climático. Procesos como la cuarentena de plasma y tratamientos fotoquímicos han reforzado la seguridad, aunque para los glóbulos rojos aún no existe un sistema definitivo de inactivación, más allá de técnicas como la filtración.

La hemovigilancia es otro pilar básico del sistema. Se trata de una supervisión continua de todo el proceso, desde la selección del donante hasta la transfusión y el seguimiento del receptor. Su objetivo es detectar y prevenir incidentes, identificar causas y garantizar una respuesta rápida ante cualquier eventualidad. Este control continuo se apoya en una trazabilidad absoluta: cada bolsa de sangre y sus derivados pueden ser rastreados desde su origen hasta el receptor final.

El sistema de seguridad de la sangre en Canarias, y en el resto del país, es robusto, moderno y está en constante evolución. Sin embargo, su eficiencia depende de algo tan simple como insustituible: la voluntad ciudadana de donar. En ese sentido, las autoridades sanitarias recuerdan que donar al menos dos veces al año podría asegurar el suministro necesario para cubrir la demanda hospitalaria.

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