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La salud mental está de 'cumple': 50 años de la inauguración de la primera planta de psiquiatría de Canarias

Este acontecimiento transformó por completo el abordaje y la concepción sobre los trastornos mentales

El servicio, que comenzó con un equipo de cuatro personas, alcanza a día de hoy la cifra de 200 profesionales

La Laguna

La salud mental cumple 50 años en Canarias. Tal día como ayer, pero en 1975, el Complejo Hospitalario Universitario de Canarias (HUC) dio un paso histórico al inaugurar la primera planta de hospitalización psiquiátrica del Archipiélago. Cuando la sociedad aún no estaba preparada para reconocer que una enfermedad mental no tenía por qué implicar una condena, tres médicos y una psicóloga clínica revolucionaron el tratamiento de estos pacientes. Hasta ese momento, las personas con enfermedades mentales se agrupaban en el entonces conocido como manicomio o en algunas casas de reposo, sin ningún tipo de criterio de ingreso. Pero la creación de este servicio permitió un abordaje distinto de estas patologías y supuso un cambio en la manera de percibir a los pacientes.

«El ingreso de enfermos en el manicomio suponía, muchas veces, recluir y hacinar a pacientes con distintas patologías que no guardaban relación entre sí, desde personas con déficit intelectual hasta otras afecciones como la esquizofrenia o el alzhéimer. Es decir, no existían unos criterios para acondicionar bien a los enfermos», cuenta la primera psicóloga de este servicio, Cristina Borges. «Nuestra idea era implementar una hospitalización breve para mejorar la sintomatología de los pacientes y que pudiera volver a su actividad diaria. Buscábamos la integración de ellos en la sociedad, no su reclusión», agrega.

Una lucha intensa

Borges comenzó a trabajar en este servicio a los 22 años, cuando el psiquiatra Antonio Seva viajó desde Zaragoza a Tenerife para ocupar la plaza de médico adjunto. Acompañado de otros dos compañeros de profesión, buscó a una psicóloga clínica para poner en marcha su remodelación del sistema. «No fue fácil, tuvimos que luchar mucho, incluso con los propios compañeros médicos», confiesa la psicóloga. Y es que según cuenta, en los años 70 era inconcebible que pacientes con trastornos mentales pudiesen llevar una vida normal. «Éramos unos chiflados que queríamos hacer proeza».

Con muchos años de trabajo, lograron poco a poco cambiar esa percepción que se tenía sobre los pacientes con enfermedades mentales. «Lo conseguimos, pero el estigma duró mucho tiempo», detalla. Para la psicóloga, la gente no quería reconocer que tenía una enfermedad mental. «Eran tratados de locos y muchas enfermedades causaban, adicionalmente, un sentimiento de castigo y culpa en la persona. Por eso era mejor no reconocerlo o llevarlo en silencio», agrega. Pese a todo, la situación mejoró. «Hemos conseguido que, a día de hoy, se pueda hablar abiertamente de las enfermedades mentales, pero aún queda mucho por hacer», admite. En este sentido, la psicóloga considera que todavía hay parte de ese estigma presente.

Pasar el testigo

A esta opinión se suma la que, a día de hoy, recoge el testigo de este equipo pionero, Rosario Cejas, jefa del Servicio de Psiquiatría del HUC. «El estigma en la salud mental es nuestro gran caballo de batalla, nuestra lucha y reto actual», confiesa. Para ella, tanto Borges como el resto del equipo eran unos revolucionarios: «Eran unos adelantados a su tiempo porque no solo lograron asentar las bases antes de que la Ley General de Sanidad hablara sobre el tratamiento del paciente psiquiátrico en los hospitales generales, sino porque además iban un paso por delante. Por ejemplo, cuando inauguraron la planta, crearon también una Unidad de Cuidados Intensivos de Psiquiatría (UCIP), toda una novedad».

La facultativa se muestra positiva en lo referente al estigma porque, «comparado con el año de inauguración de la planta, o incluso con los 90, hay mucho menos». Cejas considera que algunas patologías mentales se han normalizado, pero señala que aún queda una cuestión pendiente con los trastornos mentales graves, sobre todo con los trastornos psicóticos. «Existe una visión social y compartida sobre los pacientes con enfermedades mentales. Creen que son personas agresivas, raras y peligrosas, pero se equivocan», recalca. La psiquiatra aclara que no todos los pacientes son violentos y que, de hecho, la mayor parte de los casos termina por reintegrarse en la sociedad. «Romper el estigma es una lucha social que no nos corresponde únicamente a nosotros, también es trabajo de los entes públicos y sociales, las asociaciones y los medios de comunicación». Por otro lado, explica que también existe el «auto-estigma» de los enfermos. «Tienen presente ese pensamiento de ser diferente, raro y de que no sirven para nada. Muchos no piden ayuda o se aíslan desde que reciben el diagnóstico», analiza. Su objetivo es conseguir que ambos fenómenos desaparezcan.

De cuatro a 200 profesionales

Aunque Cejas no es la única que tira de este carro. En la actualidad, el número de profesionales que forman parte del servicio de psiquiatría del HUC supera con creces los recursos humanos iniciales. Con los años, pasaron de ser cuatro compañeros a unos 200 aproximadamente (entre médicos, enfermeros, psicólogos y estudiantes en formación).

Auxiliadora Darías es una de ellas. Es enfermera supervisora de la planta de hospitalización psiquiátrica y, a la explicación de Cejas sobre el estigma, añade que esos prejuicios también se ven en el ámbito profesional. «Lo vemos en nuestro entorno hospitalario, cómo nos recriminan nuestro trabajo como si el cuidado psicosocial no fuera importante», revela. Precisamente ella está centrando su tesis doctoral en este tema. «Es un tema que siempre nos acompaña. Hasta el Ministerio de Sanidad recoge líneas estratégicas de la lucha contra ese estigma», cuenta.

Despliegue de recursos

Lo que comenzó como una pequeña planta ha culminado en todo un despliegue de recursos para pacientes con estas patologías. A nivel interno, el Servicio de Psiquiatría del HUC está compuesto por tres áreas de hospitalización para adultos y una para la población infantojuvenil. «Conseguimos esta última zona hace tres años, porque creíamos que era conveniente separar a los adultos de los menores», asegura Cejas. Además, cuenta con una Unidad de Consulta y Patología Dual –referente a pacientes que sufren de manera simultánea un trastorno mental grave y una adicción– y otra específica para los Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA). Las Urgencias también disponen de un apartado específico para este tipo de pacientes. «Para nosotros es todo un logro haber conseguido que las personas que acuden a Urgencias con trastornos mentales puedan tener su propia zona, para preservar la intimidad en y tener unas condiciones adecuadas en un entorno bastante caótico como es este», detalla Cejas.

En lo que se refiere a las áreas externas –es decir, consultas ambulatorias donde se tratan la mayor parte de las patologías psiquiátricas–, el HUC dispone de dos unidades de Salud Mental para menores (en el propio hospital y La Orotava) y cinco para adultos (en Icod de Los Vinos, La Vera, Tacoronte, La Laguna y el hospital).

Importancia del lenguaje

Por último –y quizás es la más conocida– está el Área Externa de Salud Mental. Está constituida por una unidad de subagudos para pacientes que necesitan ingresos más largos que los de hospitalización y otra de rehabilitación activa, para quienes precisan de una asistencia más duradera aún. Es, además, un claro ejemplo de la evolución constante de la salud mental. El centro comenzó siendo el manicomio de Tenerife –cuyo término acarrea consigo una connotación negativa– y años más tarde se convirtió en el hospital psiquiátrico. A día de hoy, ese mismo centro recibe el nombre de área externa. «Es importante prestar atención al nombre que le damos a las cosas porque, dependiendo del término que se use, puede estigmatizarse más o menos la situación», puntualiza Cejas.

En este camino aún quedan muchos asuntos por resolver. Este aniversario no solo sirvió para reunir a 80 compañeros, antiguos y nuevos, para dialogar y compartir momentos en una cena nostálgica, sino que también puso de relieve la importancia de apostar por la innovación y la valentía en un aspecto tan importante como es la salud mental.

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