Canarismos
Endrogarse

Endrogarse / GESTHA - Archivo
Luis Rivero
«Endrogar(se)» viene de droga. «Droga» es una voz perteneciente al gerontolenguaje de las islas que todavía pervive en el español canario con el significado de ‘deuda’ o ‘trampa’, esto es, el dinero que se debe a alguien. Según Corominas procede del sentido ‘embuste’, ‘trampa’, como se presenta en autores como Quevedo. Hay sin embargo quien lo considera un «arcaísmo léxico» que ha sobrevivido en Navarra y en otros dominios del español de América donde el DRAE lo ha registrado como «americanismo» con el significado de ‘deuda, trampa’ y a partir de la edición de 1970 se incluyó su localización también en Canarias. Así «endrogarse» es sinónimo de contraer una deuda, de manera que «estar endrogado» significa tener muchas deudas o deber mucho dinero a alguien. Se puede escuchar todavía expresiones como estas: «Fulanito está endrogado hasta los huesos» para referirse a alguien que está lleno de deudas. A la deuda se le llama también «trampa», de ahí que se emplee con idéntico valor la expresión «estar entrampado» o «entramparse» porque cuando alguien contrae una deuda de cierta cantidad de dinero y cuya obligación de pago supone un esfuerzo económico importante atendiendo a las posibilidades del deudor, es como si este cayera en una trampa, en una situación de la que es difícil salir y no tiene marcha atrás.
El concepto de deuda (y, por ende, de deuda dineraria) es de ámbito universal y viene asociado a las perniciosas consecuencias que, históricamente, ha supuesto el no hacer frente a su cancelación. En efecto, desde las civilizaciones sumeria y mesopotámica hasta la antigua Grecia y Roma se preveían en sus respectivas leyes que el incumplimiento del pago de una deuda podía provocar que el deudor se convirtiera en esclavo del acreedor e incluso aquel podía ser vendido como siervo. [En el Antiguo Testamento se contempla la posibilidad que los gentiles que no paguen sus deudas se conviertan en esclavos de sus acreedores (Levítico 25:39 y Proverbios 22:7)]. Intuitivamente, esto nos sugiere una idea que ha permeado en el inconsciente colectivo en el curso de los siglos según la cual el deudor está abocado a una situación de la que no es fácil salir y de la que resulta muy difícil liberarse, como mismo una droga crea dependencia; o acaso, como sugiere Millares en su Léxico de Gran Canaria: «La deuda se parece a la droga en lo amargo, repulsivo y antipático. Resultado de la inconsciente comparación fue el llamar drogas a las deudas».
Endrogarse o entramparse es, pues, consustancial a la deuda (droga o trampa) y la forma verbal continúa empleándose hoy no sin cierto gracejo. A modo de ejemplos: «El chiquillo mío se casó, se endrogaron para comprase un piso, después resulta que lo pararon, no pudo pagar las letras, el banco se quedó con la casa y ellos todavía siguen endrogados»; «se metió en negocios con el cachanchán ese, lo entramparon y ahora está de drogas hasta el cuello». En los linderos de estas expresiones se pueden escuchar también frases en contextos afines: «Se echó a la boca más de lo que podía masticar», para insinuar que se endrogó más de la cuenta. «A todo el mundo le decía, ‘te pago el mes que entra’, y le firmaba una letra (letra de cambio), hasta que se vio con el agua al cuello» porque «tenía más letras que un legionario en un brazo», como hemos escuchado alguna vez para referirse a alguien con muchas deudas.
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