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Entrevista | Belinda Tato Arquitecta

Belinda Tato (arquitecta): «El arbolado y la biodiversidad deben estar presentes en el urbanismo»

La paisajista y diseñadora urbana es profesora en Harvard y participa en la jornada del Colegio de Arquitectos por el Día Mundial del Urbanismo

La arquitecta Belinda Tato, en Tenerife.

La arquitecta Belinda Tato, en Tenerife. / Arturo Jiménez

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

El Colegio de Arquitectos de Tenerife, La Gomera y El Hierro (COA) organiza este viernes 7 de noviembre la jornada Renaturalizar las ciudades: construyendo espacios para habitar, que se enmarca en la conmemoración del Día Mundial de Urbanismo. La arquitecta, paisajista y diseñadora urbana Belinda Tato es profesora asociada en la Escuela de Graduados de Diseño de la Universidad de Harvard e interviene en esta iniciativa para hablar sobre cómo transformar las ciudades para hacerlas más sostenibles, saludables e inclusivas, combinando naturaleza, tecnología y equidad.

¿Qué importancia tiene la celebración del Día Mundial del Urbanismo?

Está claro que las ciudades son una plataforma que permite garantizar la calidad de vida de las personas. En ese sentido, los urbanistas, las personas que trabajamos el diseño del espacio público y la movilidad, tenemos una gran responsabilidad, así como la capacidad de favorecer un impacto en la calidad de vida de todos. Me gusta decir que tenemos superpoderes porque tenemos la capacidad de mejorar la vida de las personas, y eso es muy poderoso.

Las jornadas puestas en marcha por el Colegio de Arquitectos tienen por lema Renaturalizar las ciudades: construyendo espacios para habitar. ¿Cómo lleva usted a cabo esa tarea actualmente?

Es evidente que las ciudades van a estar muy afectadas por el cambio climático porque están subiendo las temperaturas y eso va a tener muchas consecuencias. Por ejemplo, los barrios más vulnerables serán los que menos vegetación tienen hoy en día. Así que probablemente la mejor manera de bajar la temperatura y garantizar la calidad del aire, del agua y de la vida, así como la biodiversidad, sea renaturalizando las ciudades. ¿Cómo podemos generar un confort climático y, además, potenciar la biodiversidad? Es muy sorprendente que algunas ciudades estén cortando árboles, que es el mayor patrimonio natural con el que contamos. A veces, pensamos que estamos fuera del ecosistema, cuando realmente somos parte del mismo, y esa convivencia con el aspecto natural es lo que nos garantiza la vida, y la calidad de vida. Es algo muy evidente, pero que parece que se nos ha olvidado.

Hablando de renaturalización, la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias acaba de presentar un plan pionero para dotar de vegetación los centros escolares de las Islas y combatir así las altas temperaturas. ¿Qué le parece una iniciativa como esta?

Qué bonito proyecto, me parece fantástico. Puede parecer una acción simple, pero es necesaria y precisamente permite trabajar a corto plazo. Además, me parece que desde la Educación también se tiene que trabajar en este sentido, no solo dotando a los centros de estas medidas, sino también incluyendo estos temas en los currículos escolares. Estos niños serán los políticos que dentro de 20 años tomen las decisiones.

«Yo sostengo que los urbanistas tenemos superpoderes porque podemos mejorar la vida de las personas»

Trabaja actualmente en proyectos muy dispares y en regiones muy diferentes. Se trata además de proyectos de largo recorrido que han de tener en cuenta muchos factores. ¿Cómo organiza sus propuestas?

Efectivamente, se trata de proyectos de largo recorrido y por eso me gusta incidir en cómo hay que trabajar para poder tener resultados a corto plazo. Es decir, en paralelo a esos proyectos que, lamentablemente por temas políticos o económicos se dilatan en el tiempo, ¿qué podemos hacer ahora para mejorar de verdad? La gente no solo quiere que sus hijos o nietos vivan bien en el futuro, sino que todos queremos vivir bien ahora. Estuve trabajando varios años con el Banco Asiático de Desarrollo y habían establecido que las personas más afectadas por las muertes por el cambio climático serán las mujeres y los ancianos. Así que la pregunta que yo me hago es ¿qué podemos hacer ahora, desde ya, para mitigar esa situación y generar herramientas que sirvan para trabajar en paralelo?

¿Qué es lo primordial en esos proyectos, la voluntad social, política o económica?

Es un poco todo. Por supuesto que los políticos tienen su responsabilidad, pero las personas también la tienen. Es una responsabilidad compartida porque todos somos parte de ese cambio, igual que todos somos parte del problema y, por tanto, todos tenemos capacidad para tener un impacto. Es un ejercicio colectivo en el que es muy importante la difusión y divulgación.

Históricamente, ¿qué concepción se ha tenido del urbanismo y la arquitectura como factor para garantizar la calidad de vida de las personas?

Históricamente, no ha estado tan en el foco para lograr la calidad de vida. Las personas, ni por supuesto la biodiversidad, estaban en el centro de la conversación, sino que se miraba por la movilidad y la eficiencia. Siempre se ha tratado de un tema de cuotas y con una aproximación de arriba a abajo porque los urbanistas y políticos decidían cómo se vive en las ciudades. Pero ahora estamos entrando en otro paradigma absolutamente diferente porque a nadie se le ocurriría plantear una transformación urbana de impacto sin tener en cuenta la opinión de la ciudadanía. Ahora tiene que haber un consenso y comunicación y la gente también está mucho más sensibilizada porque tiene más información a su alcance. Esa hiperconectividad tiene muchas ventajas, pero también algún inconveniente. En el fondo creo que el ciudadano está más empoderado y capacitado para tomar decisiones, así que ya no le vale cualquier cosa.

Belinda Tato durante la entrevista.

Belinda Tato durante la entrevista. / Arturo Jiménez

No obstante, parece que existe una dicotomía entre esa preocupación de la sociedad por el entorno en el que vive, mientras las personas llevan un ritmo de vida frenético donde parece que no hay nada más allá del camino de casa al trabajo.

Sí, aunque creo que la experiencia de la pandemia nos hizo tomarnos una pausa y comenzamos a darnos cuenta de la importancia que tenía el espacio libre, el espacio público y el contacto con la naturaleza. En algunos países como Canadá, los doctores pueden recetar entradas a los parques naturales porque se ha llegado a la conclusión científica de que el contacto con la naturaleza es absolutamente saludable. Me parece muy interesante porque, si llegamos a un consenso de que esto es necesario e importante más allá de que es bonito, vamos a generar espacios públicos de calidad. El acceso al arbolado y el fomento de la biodiversidad son parámetros que tienen que estar presentes en el urbanismo, y no solo los metros cuadrados de edificabilidad.

¿Cómo es capaz usted de combinar todos esos factores, porque algunos escapan a su formación como arquitecta?

Yo soy arquitecta, estudié en Madrid y en Londres, en la década de 1990, y desde entonces ha cambiado mucho el paradigma. Antes todo el foco estaba puesto en la arquitectura, y no había tanto interés en la ciudad ni existía una conversación sobre participación ciudadana o salud. A mí me gusta decir que yo sigo siendo una estudiante porque voy aprendiendo a lo largo de mi vida. Formamos parte de una cultura europea en la que damos por sentado ciertas cosas que en realidad no están garantizadas en contextos más difíciles.

A lo largo de su carrera ha podido desarrollar proyectos en países como Mozambique, Sri Lanka, Chile o Estados Unidos. ¿Son muchas las diferencias que encuentra entre las diferentes regiones?

En general, los ciclos políticos de cuatro años se repiten en prácticamente todo el planeta, lo que dificulta que se tenga una visión a largo plazo y eso provoca que los proyectos para mitigar el cambio climático tengan unos resultados abstractos. Por eso creo que nos tenemos que poner las pilas todos porque existe mucha desigualdad, que tiene que ver precisamente con la calidad del espacio público, con el calor y con las infraestructuras. Estamos buscando esa manera de equilibrar la utopía y de mejorar la viabilidad y factibilidad de los proyectos.

Esos proyectos han de llevarse a cabo en muchas partes diferentes del mundo porque, por decirlo de algún modo, nadie está a salvo de las consecuencias que puede tener el cambio climático.

Sí, debemos actuar para todos. Debemos entender que todos estamos conectados. La pandemia fue un proceso duro pero también de aprendizaje. Es decir, si en un sitio hay un problema de escasez de agua, en otro el problema será que habrá abundancia. Así que el cambio debe realizarse, ya sea por solidaridad o por necesidad, pero hay que trabajar de manera conjunta.

¿Cuáles dirían que son los retos de un territorio como Canarias en ese ámbito?

No estoy muy familiarizada con el contexto canario pero me imagino que cuentan con las vulnerabilidades típicas de las islas. Se trata de un territorio muy dependiente en cuanto a ciertos recursos por lo que una primera fase tendría que ver con la gestión y el autoabastecimiento. Por otro lado, habría que examinar además el modelo turístico que puede ser más oportuno para Canarias, para que se pueda redistribuir la riqueza.

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