Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Canarias y Corea le bailan a la muerte en el Festival Keroxen

'La sombra blanca' es el título de la residencia artística que reúne a creadores de ambas regiones y que se podrá ver el sábado 8 de noviembre en el Espacio Cultural El Tanque

Residencia artística 'Sombra blanca' del festival Keroxen

El Día

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

La sombra blanca es un puente que une dos territorios tan alejados como Corea y Canarias. Se trata de la residencia artística que se está desarrollando esta semana en el marco del Festival Keroxen y cuyo resultado se podrá ver el sábado 8 de noviembre en el Espacio Cultural El Tanque de Santa Cruz de Tenerife. El pasado, el presente y el futuro se dan la mano en esta propuesta multidisciplinar que aún danza, música, artes plásticas y videocreación y que reconstruye cuentos populares coreanos y españoles. Las bailarinas Yeon Jung Park y Paula Quintana, los músicos Min Young Kim y Manolo Rodríguez, la artista plástica Jung Yoon Lee y el artista visual Dea Woon Kang conforman esta propuesta de largo recorrido.

Precisamente este creador multimedia puso en marcha este proyecto que ya lleva algunos años en marcha. Surcoreano de nacimiento, lleva más de dos décadas viviendo en Tenerife, donde ha desarrollado su carrera artística y ha tejido relaciones con iniciativas como el Festival Keroxen. Explica que uno de sus deseos ha sido siempre tender puentes de creación entre España y Corea y por eso, cuando descubrió la obra de Jung Yoon Lee la propuso para que participara en la cita desarrollada en el Espacio El Tanque porque su estética combinaba a la perfección con la imagen de esta cita cultural chicharrera. "En aquel momento, decidió venir junto a la bailarina Yeon Jung Park, quien improvisó una pieza", relata el creador quien celebra el buen resultado de aquella iniciativa que dio lugar a este proyecto de La sombra blanca, que cuenta con la misma representación canaria que coreana y que se centra en conceptos tan universales como la vida o la muerte.

Dos islas

Yeongdo y San Borondón son las dos islas que han inspirado el relato de este proyecto. Tal y como explican los propios artistas, esta propuesta aúna gestos rituales de la danza coreana y los colores simbólicos de Obangsaek, el espectro de cinco colores tradicionales de Corea (blanco, negro, azul, rojo y amarillo), que curiosamente son muy similares a los estampados empleados en los trajes típicos canarios. De este modo, las bailarinas se intercambian los atuendos y mientras Quintana luce un chaleco con el frontal blanco y la espalda decorada con esos cinco tonos, la coreana se pertrecha con un justillo canario.

Sin embargo, más allá de una performance, el proyecto busca recuperar la experiencia ritual mediante el arte y celebrar el ciclo de la vida a través del encuentro entre diferentes culturas. Bajo la dirección artística de la bailarina Yeon Jung Park, la compañía de danza IPOP ha centrado su trabajo en movimientos creativos arraigados en la esencia de la danza coreana, integrando la vida y las emociones contemporáneas en sus presentaciones y uniendo tradición y modernidad. De este modo, se ha propuesto conectar lo local con lo global y fomenta el diálogo artístico más allá de sus fronteras, tal y como pone de manifiesto este proyecto desarrollado en el marco de Keroxen.

Danza

La bailarina tinerfeña Paula Quintana celebra poder participar en esta residencia que se desarrolla en El Tanque, ya que "un espacio como este te aísla del exterior y te permite compartir de verdad la creación con los compañeros". A pesar de que los ensayos dieron comienzo el martes 4 de noviembre, "ya hemos creado un universo común, que tiene una parte de lanzarse a la piscina para encontrarnos ahí entre todos, y eso me parece muy interesante". Se declara, además, "muy fan de los proyectos multidisciplinares" y añade que, "afortunadamente, cada vez se hacen más" porque "las artes no van por separado, sino que todas se complementan".

La sombra blanca es, para Quintana, un diálogo constante. Se trata de una conversación que se mantiene a través de las miradas, las texturas y las sonoridades y que da lugar a "un universo de 360 grados en el que no hay tan solo dos cuerpos que se mueven, sino que también incluye la luz, el vestuario y la música".

La puesta en común de conceptos como la vida y la muerte se aborda, no obstante, desde pensamientos opuestos entre Oriente y Occidente. Mientras que en países como España el color asociado al luto es el negro, en Corea emplean el blanco, que es precisamente la tonalidad que predomina en este proyecto artístico. Paula Quintana habla de "la contraposición de las dos miradas" para abordar el proceso de muerte y transformación y asegura que "está siendo muy interesante porque nos estamos encontrando la diferencia todo el rato".

Contraposición

Hasta la forma de moverse y las propuestas que realizan surgen desde lugares diferentes. "Existen muchas similitudes, pero hay que encontrarlas", reflexiona Quintana, quien concluye que esas semejanzas "nos conducen a lugares comunes como la esperanza en la vida".

"En estos tiempos de tanta crispación, violencia y desencuentro, trabajar desde la diferencia para encontrar similitudes, es como corroborar todo el rato una cuestión de voluntad, porque siempre debe existir la voluntad de diálogo", reflexiona la bailarina tinerfeña.

A pesar de las jornadas de ensayo de esta semana, el grupo es consciente de que todo cambiará el sábado, cuando el público se convierta en la última pieza de este puzle que ya tiene un largo recorrido tras de sí pero que, avanza Dea Woon Kang, no se quedará tan solo en esta puesta en escena, ya que desean seguir desarrollando La sombra blanca en los próximos años y se convierta así en un viaje de ida y vuelta entre Canarias y Corea del Sur.

Tracking Pixel Contents