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Rescate al alma sonora de Canarias

El timple comienza el camino para convertirse en Bien de Interés Cultural

Un timple canario

Un timple canario / E. D.

Lucía Mora

Lucía Mora

Santa Cruz de Tenerife

Es el sonido característico en cualquier parranda o encuentro entre canarios; es la seña de identidad para quien vive fuera y el orgullo para quien está en las Islas; y son cuatro o cinco cuerdas que son capaces de transportarnos a cualquier momento de la vida de un canario. El timple, o el camellito sonoro como se le suele conocer de manera cariñosa entre los isleños, no deja de sonar y esta vez lo ha hecho en el Parlamento de Canarias, donde la semana pasada inició un camino para convertirse en Bien de Interés Cultural (BIC). Las primeras referencias a la construcción de este instrumento en las Islas datan de mediados del siglo XIX y, aunque parezca paradójico por lo significativo que es, nunca antes se había pensado en él para este «estatus especial» que le otorgaría la distinción. Es un paso para un instrumento que está contra las cuerdas.

A propuesta del Partido Popular, y aprobada por unanimidad, el timple comienza ahora un trámite mediante el cual se estudiará declararle como BIC, en la categoría de Bien Inmaterial: la elaboración de un inventario exhaustivo que recoja las características constructivas o técnicas de interpretación para documentar y salvaguardar el legado; o reforzar los programas educativos y culturales que fomenten el aprendizaje del instrumento. Ahora bien, ¿llega la toma en consideración tarde?, ¿en qué momento se encuentra el timple, cómo ayudaría y qué supondría su posible inclusión en este catálogo?

El luthier tinerfeño David Sánchez lo tiene claro: «Lo que se ha dado es un pasito más, sobre todo, para activar los mecanismos necesarios que doten al instrumento de partidas presupuestarias y proyectos que ayuden a su conservación». Eso sí, lanzó una advertencia que, a la vez, es un deseo. «Espero que sea un pasito activo, es decir, que no solo se quede en declaración y ya, sino que se le dé movimiento, impulso... como si fuera un rasgueo que hiciera sonar el instrumento», comenta.

Sánchez, que lleva más de veinte años dedicado a la construcción de camellitos sonoros, no entiende aún cómo se ha tardado tanto en instar a esta declaración. Estuvo presente mientras los portavoces parlamentarios defendían la propuesta y afirma que «no se trata de colores políticos, ni tampoco de ideologías, sino que todos remaron a favor del timple».

Ahora bien, esa unión debe ir más allá. El instrumento canario está «contra las cuerdas» por la falta de relevo generacional para su construcción y por la ausencia de apoyo institucional para promover un material docente o investigador que garantice su supervivencia y legado.

Varios timples en diferentes fases de elaboración

Varios timples en diferentes fases de elaboración / E. D.

El luthier echa en falta «un respaldo desde la institución» que permita a los investigadores la realización de esta documentación, a la par que confía en que el BIC lo impulse y «pronto sea una realidad».

«Entramos en controversia si aseguramos que el timple pasa por su mejor momento», señala. A día de hoy son pocos los profesionales que construyen estos instrumentos y, los pocos que hay, no más de 30 en Canarias, pasan de los 40 años de edad.

Se trata de una profesión, considerada dentro de la artesanía, para la que apenas hay formación. Muchos artesanos han comenzado de manera autodidacta y otros, en cambio, tienen formación en la construcción de guitarras que, aunque no sean iguales, a base de reducir los moldes, han desarrollado sus propios modelos de timples.

«Hay un desequilibrio desnatural, digamos, porque hay constructores que seguimos apostando por los instrumentos y otros, en cambio, que han dejado la profesión por falta de apoyo», señala Sánchez.

Otro luthier, José Manuel Baritto, con raíces venezolanas afincado en Los Realejos, Tenerife, coincide en esta cuestión. «De este oficio vivimos muy pocos, es una carrera de supervivencia y, ojalá, la declaración de BIC se transforme, de alguna manera, en medidas directas de ayuda a los artesanos», reclama. Una de estas ayudas podría residir en la reducción del 21% de Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) al que se enfrentan todos aquellos instrumentos que se venden en la Península.

Baritto cuenta con una tienda física, en Madrid, donde venden sus instrumentos. No es el único lugar. Este artesano vende también fuera de las fronteras españolas y muchos de «sus hijos», como llama a cada timple que crea con sus manos, se venden en Finlandia, Japón, Estados Unidos o Canadá.

El interior de un timple en elaboración

El interior de un timple en elaboración / E. D.

«Hay que aplicar el sentido común. El timple goza de buena salud pero no de manos que los creen; crece la demanda pero no los artesanos», lamenta. En su caso, la producción ha incrementado un 30% en el último año al pasar de 90 timples en 2023 a 127 en 2024. «No pedimos nada, solo que piensen que el timple necesita y requiere un relevo generacional», reflexiona.

Ambos luthieres inciden en que se echa en falta una formación en artesanía y, dentro de ella, en la construcción de timples. «No es sencillo porque tienes que tener un espacio concreto, con maquinaria para cortar madera o moldes suficientes, pero no es imposible. Con voluntad y colaboración, todo se puede lograr y conseguir que ya no solo tenga futuro en el escenario, sino fuera de él», apostilla Baritto.

En Canarias, algunos artesanos ya jubilados continúan, de vez en cuando, elaborando algún camellito sonoro que es valorado entre los profesionales que lo tocan.

No hay que olvidar que algunos canarios coleccionan timples por sus características. Uno de los más cotizados es el del luthier lanzaroteño ya fallecido, Simón Morales, por su calidad en la construcción y por ser uno de los primeros, en el siglo XX, que comenzó a realizarlos. Otro de los más valorados fue el que dejó el timplista y luthier de La Laguna, Tenerife, Agrícola Álvarez, quien llegó a construir instrumentos incluso tras perder varios dedos de su mano derecha.

Ya en la actualidad, el timple ha evolucionado tanto que David Sánchez no solo ha innovado en su forma —algunos eléctricos o con siluetas totalmente vanguardistas— sino en los materiales. Sin dejar atrás la madera, ha creado timples de fibra de carbono o timples «sordos», diseñados para estudiar de manera silenciosa pues, al carecer de caja de resonancia, apenas emiten sonido aunque se rasgueen, sin que sea apreciable para el resto de personas.

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