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Quince llamadas en el océano: la tragedia que aún cuesta creer

Solo en el primer trimestre de 2024 una veintena de cayucos se perdió en algún punto del Atlántico en su ruta hacia Canarias

Quince llamadas en el océano: la tragedia que aún cuesta creer

Quince llamadas en el océano: la tragedia que aún cuesta creer / ED

José María Rodríguez (EFE)

Las Palmas de Gran Canaria

Quince veces intentó pedir ayuda desde el móvil uno de los 55 hombres del cayuco que partió de Mauritania hacia Canarias el 23 de enero de 2024 cuando se hizo evidente que todos iban a morir si el motor no arrancaba, por cerca que estuvieran de llegar, pero no hay cobertura en el océano. El 13 de abril se cumplió un año desde que unos pescadores de la bahía de Maiaú, en Pará –nordeste de Brasil–, encontraron a la deriva una embarcación blanca y azul celeste de unos quince metros de eslora con nueve cadáveres muy deteriorados a bordo, 27 móviles y dos documentos de identidad: uno de Mauritania y otro de Mali.

El primero de ellos pertenece a Souleimane Sada Gassama; el segundo, a Souloumou Diawara. Las autoridades brasileñas no han podido averiguar si alguno de los cuerpos se corresponde con esas identidades, pues no hay ningún indicio que los relacione de forma fehaciente. De hecho, los nueve siguen a día de hoy sin identificar.

Los intentos de la Policía Federal de Brasil para cotejar sus huellas dactilares con los registros policiales de Mauritania y Mali han servido de poco, así que los nueve fueron enterrados sin nombre en un cementerio de Belém al cabo de doce días, aunque se conservan perfiles de ADN por si alguna familia demanda un análisis genético. Solo en el primer trimestre de 2024, una veintena de cayucos de Mauritania se perdieron en el Atlántico rumbo a Canarias con un millar de personas bordo.

Desde la crisis de los cayucos de 2006, más de una docena de barcas de Mauritania, Senegal o Gambia han alcanzado América sin nadie con vida a bordo, solo muertos. El primer caso se documentó en Barbabos el 26 de abril de aquel año y el último esta misma semana en Granadinas. Sin embargo, sigue impactando tanto pensar que una barca artesanal de pesca pueda atravesar sin hundirse 3.000 o 4.000 kilómetros de océano arrastrada por las corrientes durante meses, que no es raro que en América Latina esos accidentes se atribuyan a migraciones locales, a desplazamientos de refugiados haitianos o venezolanos. Aún cuesta concebir allí la tragedia que les llega desde África.

No fue el caso de la Policía Federal de Brasil ni de la Policía Civil de Belém. Conocían el precedente de Tobago, a donde llegó en mayo de 2021 otro cayuco mauritano muy similar con una quincena de cadáveres a bordo, pero además disponían de una prueba inequívoca, como eran los dos documentos de Mauritania y Mali. El segundo de ellos incluía además una pista adicional: una anotación acreditaba que Diawara había cruzado la frontera de Mali a Mauritania el 17 de enero, así que tuvo que embarcarse después. Pero, ¿cuándo? ¿dónde? Esos detalles importan, porque, al margen de los traficantes, solo las familias saben quién salió con quién, qué día y de qué lugar.

En enero de 2024 llegaron a Canarias 110 pateras y cayucos, casi cuatro diarios. Fue uno de los meses de más tráfico en la ruta atlántica desde que hay registros, con 7.270 migrantes, y uno de los más mortíferos.

Por las últimas conexiones a la red recuperadas de los teléfonos de las víctimas, la Policía brasileña dedujo que el cayuco había zarpado de Mauritania el 23 de enero, 81 días antes de ser encontrado en Pará. Es el día en que partieron desde Nuadibú hacia El Hierro Sidi Daouda Sokhona, Hademou Boubou Sokhona, Demba Salou Sokhona, Diadie Demba Sokhona y Mohamed Boubou Camara. Todos eran del pueblo de Tachott, como Ali Sokhona, un emigrante mauritano residente desde hace años en Valencia, que denunció su desaparición ante Cruz Roja Española en nombre de sus familias. Diadie es su primo hermano; el resto son parientes o amigos. Entre los 27 móviles examinados por la Policía brasileña, hay uno que vincula a los cinco con el cayuco de Pará: un teléfono donde aún estaba abierta una cuenta de correo Gmail con la foto y los datos de usuario de Hademou Boubou Sokhona.

Es imposible sobrevivir a casi tres meses en el mar sin agua ni comida, a la deriva. No quedó nadie que relate lo que sucedió a bordo.

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