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Impulso a la ciencia canaria

El IPNA triplica su actividad científica y captación de fondos en cuatro años en Canarias

El Instituto tiene previsto cambiar su nombre para hacer un guiño al Archipiélago

La revitalización del centro ha permitido atraer talento joven para mitigar las jubilaciones

Pizarrra de uno de los laboratorios del IPNA-CSIC en La Laguna con fórmulas químicas escritas.

Pizarrra de uno de los laboratorios del IPNA-CSIC en La Laguna con fórmulas químicas escritas. / Andrés Gutiérrez

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

La Laguna

La actividad científica y la captación de fondos del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA), centro dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se ha triplicado en apenas cuatro años. El fruto de un intenso trabajo de las dos últimas direcciones del centro para sacar al instituto de un largo letargo en el que se había sumido durante décadas ha permitido que en estos momentos haya más de 180 profesionales trabajando en él, que el año pasado dispusiera por primera vez en su historia de un presupuesto de más de 13,2 millones de euros y que se estén desarrollando casi 80 proyectos de investigación de distinta índole.

«Hemos crecido mucho», valora el director del centro de investigación, Juan Ignacio Padrón. El químico adquirió en 2020 el compromiso de continuar durante cuatro años con el trabajo que ya había iniciado Manuel Nogales –ahora delegado del CSIC en Canarias– en la etapa anterior. «Llevábamos mucho tiempo en una situación de estabilidad, pero estábamos convencidos de que aún había gran margen de mejora», indica Padrón. 

Así, en los últimos cuatro años el Instituto ha pasado por un proceso de revitalización que ha impregnado todo el edificio. Se ha impulsado la parte científica, pasando de 28 a 78 proyectos de investigación en marcha; se ha fortalecido la administración y se ha otorgado más visibilidad al centro. «Aquí nadie nos conocía hace apenas una década», resalta Padrón, que recuerda como muchos estudiantes del campus de Anchieta de la Universidad de La Laguna (ULL) –con la que comparten ubicación– a menudo se colaban en las instalaciones sin saber nisiquiera que el edificio pertenecía al CSIC. Ahora al menos 6.000 personas siguen la cuenta del IPNA en Instagram, 2.300 en X (antiguo Twitter) y 1.800 en Facebook. «Hemos hecho un esfuerzo para que se nos conozca», insiste Padrón. 

En los últimos años, y bajo el empeño personal de estos dos últimos directores del centro, el Instituto ha conseguido coger aire y salir del largo sueño en el que llevaba décadas sumido. «Hemos atraído mucho talento, estamos consiguiendo contratos predoctorales y posdoctorales que antes escaseaban», indica Padrón. Dos circunstancias que han permitido mitigar las jubilaciones que ha sufrido el centro. 

También se ha hecho una remodelación completa del edificio para albergar a sus nuevos investigadores. De hecho, el centro ya se está empezando a quedar algo pequeño para todo el bullicio que contiene en su interior. «Somos tantos que hemos tenido que dividir varias salas para crear nuevos despachos», explica, y argumenta que, a futuro, le gustaría poder ampliar el edificio para dar cabida aún a más investigación para Canarias. 

Pese a ser un centro adscrito al CSIC, el IPNA es un instituto singular dentro de la estructura del Consejo. «Es el único que hace investigación en tantas temáticas distintas», asegura Padrón, que recuerda que la mayoría de centros del CSIC están centrados en una única área de conocimiento. Para Padrón esta multidisciplinariedad tiene su origen en que «este es un centro de investigación que se ha creado para dar respuesta a las necesidades de Canarias».

De hecho, este variado cóctel de áreas es lo que ha permitido al IPNA hacerse un hueco en la sociedad isleña. En concreto, fueron dos momentos históricos recientes los que han llevado al IPNA a abandonar ese estado de letargo en el que se había sumido:la pandemia de covid-19 y el volcán de La Palma. En ambas ocasiones, la gran variedad de áreas que estudian los investigadores del Instituto les permitió dar una respuesta científica a los problemas que se estaban generando en ese momento. 

Nuevos tratamientos

Durante el tiempo que duró el confinamiento, además de la implicación del centro con las autoridades sanitarias canarias (donación y préstamo de material y equipamiento científico), el IPNA se unió a la búsqueda de productos activos contra el virus del SARS-CoV2, junto a otros centros del Consejo. «Se enviaron más de 600 compuestos a evaluar biológicamente y como resultado se obtuvo una patente de un producto activo contra el virus, con ensayos de toxicidad y ensayos in vivo», recuerda Padrón. 

Por su parte, durante la erupción del volcán de La Palma, el personal del IPNA actuó en distintos frentes, biodiversidad (con estudios novedosos sobre la afección de los volcanes al medio natural), calidad del aire y volcanología.

La actividad del IPNA-CSIC está repartida en tres departamentos: Materia, Vida y Sociedad. En el campo de Materia destacan dos departamentos: el de Ciencias Moleculares y el de Química de productos naturales y sintéticos bioactivos. Ambos están dedicados a distintas facetas de la química, que resulta ser el buque insignia y germen del centro que es hoy en día. No en vano, el IPNA tiene su origen en el Centro de Edafología y Biología Aplicada de Tenerife (CEBAT), impulsado por el Cabildo de Tenerife, que en 1956 se convirtió en centro propio del CSIC. 

El área de Vida es la que ha experimentado un crecimiento mayor en el último lustro, y lo conforman hasta cinco grupos de investigación que se dedican a la ecología y evolución de las Islas, biología molecular, control de especies invasoras –son los principales responsables del control de la culebra californiana en Gran Canaria–, volcanología, o geofísica. De hecho, el área de vulcanología fue una de las que se introdujeron antes en este centro multidisciplinar. El último grupo es el de Ciencias Sociales, Patrimonio y Alimentación cuyo objetivo es analizar el ámbito del patrimonio gastronómico y los sistemas agroalimentarios de Canarias. 

Tras afianzar su posición dentro del sistema científico canario, el Instituto ya tiene claro cuáles quiere que sean sus próximos pasos para seguir consolidando su papel dentro de la sociedad canaria. 

Un cambio de nombre

Lo primero, como explica Padrón, es un lavado de cara. «Necesitamos un nuevo nombre», resalta el director. «La propuesta de cambio de nombre se sustenta en dos pilares, primero la gran variedad científica que se ejecuta en el centro y que se ha puesto de manifiesto a lo largo de esta memoria, y la necesidad de una mayor interacción con las organizaciones científicas locales y regionales», afirma Padrón. 

Aunque aún no se ha aceptado ninguna propuesta, hay varias sobre la mesa. «Lo que sabemos es que queremos que tenga un guiño a Canarias», recalca el director. El nuevo nombre se conocerá en los próximos meses y Padrón espera que se pueda cambiar antes de que acabe su periodo de mandato, este próximo mes de octubre.  

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