Brigada Canarias XVI: en busca del enemigo en el subsuelo de La Isleta

El Ejército de Tierra realiza entrenamientos en la Base General Alemán Ramírez en el marco de las primeras Jornadas de Periodistas

El objetivo es dar a conocer la labor del Mando de Canarias y las herramientas con las que cuentan

Primeras jornadas de periodistas del Ejército de Tierra del Mando de Canarias

Andrés Gutiérrez

En el subsuelo de La Isleta un canal de galerías serpentea por 700 metros. En su interior, la oscuridad toma cualquier esquina y el ambiente se vuelve frío, las bifurcaciones dominan el camino con escondrijos, pasillos y pequeñas salas en el sinuoso espacio. Es el escondite perfecto, el refugio ideal para no ser encontrado, sobre todo en medio de una guerra. El regimiento de subsuelo de la Brigada Canarias XVI camina con paso decidido por estos pasillos, el arma preparada y ojo puesto en la mirilla nocturna. Buscan al líder enemigo, escondido en una pequeña habitación de la larga infraestructura. Después de un pequeño recorrido lo encuentran y disparan sobre él dejando a su paso un gran estruendo. Parece que ha acabado, pero ahora llega la segunda parte de la misión; salir a superficie sin bajas con una orquesta de disparos tras los talones. Los túneles, galerías o cloacas son utilizados en muchos conflictos como espacios de refugio o accesos para alimentar la contienda. Por ello, la Brigada Canarias XVI de la Fuerza del Ejército de Tierra entrena este tipo de combate tan crítico en el que hay que tener una superioridad de 10 sobre 1 para conseguir los mejores resultados. Los ejercicios son entrenamientos que pretenden mantener el músculo de los militares, ya que su presencia en tiempos de paz en el Archipiélago es de carácter disuasorio. "Es importante conocer el entorno y generar seguridad porque nuestra labor es nuestra presencia", aseguró el teniente general, Julio Salom. 

Desde 2020 el Mando de Canarias asumió las comandancias generales de Baleares, Ceuta y Melilla. Una de sus brigadas es la Canarias XVI, con apenas 16 años de vida es la más joven del Ejército de Tierra, aunque eso no les ha evitado convertirse en la unidad más condecorada del siglo XXI. Han cumplido misiones internaciones en Afganistán, Mali, Irak y el Líbano bajo su lema Servicio, Sacrificio y Valor. A esta brigada no solo le marcan estas características, sino que también tiene que lidiar con el reto de la ultraperiferia y el aislamiento con el resto del territorio. "Cada vez que tenemos que mover algo tiene que ser un gran despliegue por mar o aire, es un reto que en la Península no tienen", detalló el general de Brigada, Ricardo Esteban Cabrejos en las primeras Jornadas de Periodistas organizadas para enseñar el trabajo de las tropas, así como el material con el que cuentan en la Base General Alemán Ramírez.

Un pelotón con 15 militares con ametralladoras y fusiles de origen soviético fue el enemigo para el primer caso práctico que realizó la brigada. Para eliminarlos es necesario un despliegue de gran complejidad en el que actúan primero dos pelotones de zapadores. La teniente y jefa de la sección de Zapadores, Doménech lideró la actuación de esta sección encargada de retirar del paso obstáculos o explosivos. Los soldados se montaron en coches blindados mientras la arenilla caía por encima de sus cabezas, en el trayecto charlaban tranquilos minutos antes de su salida inminente. Al bajar la rampa corrieron hacia el obstáculo que en la vida real podría ser un explosivo o coches, pero que en esta ocasión fueron montículos de tierra. La tensión era la principal protagonista cuando colocaron uno de los explosivos para marcar dos zanjas que permitieran el acceso al otro lado, en la retaguardia varios soldados cubrían el frente. Tras explotar, el humo verde fue la señal para que el resto de soldados se adentraran en zona hostil. El sonido de los disparos los persiguió hasta llegar a una estructura de pasillos que debían recorrer con cuidado para no ser abatidos. "Posición Óscar tres consolidada", retransmitió el sargento Castro. La práctica terminó con éxito tras acabar con el contrario. "Es uno de los ejercicios más difíciles de diseñar porque es muy complicado sincronizar todo el conjunto de actuaciones, en la realidad puede ser un día entero de combate", aseguró el teniente general.

La brigada no solo cuenta con la sección de infantería que se enfrenta al enemigo a corta distancia. Otros grupos luchan contra problemas ambientales como es la Compañía de Defensa Nuclear, Biológica y Química que tiene la capacidad de descontaminación ligera y reconocimiento de estas amenazas. Para ello, disponen de trajes de protección que recuerdan a los de las películas, así como herramientas para detectar estos peligros. También juegan especial relevancia la sección de reconocimiento y desactivación, cuyos especialistas neutralizan el material explosivo. En esta tarea se colocan un traje protector de 45 kilos, utilizan detectores de metales y también robots que ayudan a evitar la muerte innecesaria de soldados. "Usamos el cañón de agua para desbaratar los sistemas del explosivo, entonces el traje lo usamos para esa aproximación, colocar el cañón e irnos porque desenterrar es un peligro", asegura el uno de los especialistas.

La detección de explosivos también es tarea de la unidad canina, especializada a su vez en la detección de drogas. Telma es una pastora alemana que puede detectar hasta seis sustancias y ha conseguido coronarse como subcampeona en un certamen para este tipo de profesionales caninos. El armamento es otro punto esencial para el ejército, uno de los sistemas más importantes con los que cuentan es el misil antiaéreo avanzado (Nasams). Un pesado artilugio de fabricación noruega que alberga seis misiles capaces de alcanzar distancias de 25 kilómetros y un radar que intercepta aeronaves a 75 kilómetros. Sin embargo, al ser un armamento tan pesado que debe ser transportado únicamente a través de camiones, también utilizan el sistema misil Mistral, que podría considerarse como la opción de bolsillo. En total solo pesa 50 kilos, por lo que puede desplegarse en cualquier punto para reforzar la seguridad y evitar emboscadas. "El vuelo dura 12 segundos y proyecta 1.800 bolas de tungsteno dañando el número máximo de capacidades del avión", explicó el sargento Reyes.

Pero ninguna misión es capaz de prosperar sin los sanitarios. Todos los miliates pasan por un curso básico que les enseña a usar sus botiquines para sus heridas o las de los compañeros. La principal causa de muerte en el frente de batalla es la hemorragia, por lo que el torniquete es una de las primeras prácticas que aprenden. "El maniquí de soporte avanzado se le puede conectar un desfibrilador y darle descargas, se le puede tomar el pulso e incluso intubar, e incluso tiene sus propios sonidos de mujer, hombre o niño", ilustró el Cabo Moya.

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