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Relevo de mercenarios en el Sahel

Inquietud entre los mandos militares españoles por los movimientos del grupo Wagner ruso que destina paramilitares sirios a la zona próxima a las Islas

Un hombre, en la puerta de la sede del grupo Wagner en San Petersburgo. REUTERS

El Sahel sigue siendo una zona clave para los mercenarios rusos del grupo Wagner, si bien en nueve años de expansión rusa en África no ha trascendido un dato clave de la situación en este área cercana a Canarias: el número real de efectivos de esta milicia privada vinculada a Vladimir Putin y que está desplegada por la franja más caliente del continente. Se ha llegado a barajar un pico de 5.500 paramilitares a finales de 2021. Lo que sí consta con más certeza a la cúpula militar española es la retirada, desde marzo de este año, de 1.200 de esos mercenarios para destinarlos a la invasión de Ucrania. Ese hueco –informan fuentes de Defensa– no está quedando vacío. A los soldados blancos de Wagner en Malí, Burkina Faso, Libia, Chad y República Centroafricana los está sustituyendo la firma paramilitar con mercenarios sirios, excombatientes del ejército de Bachar Al-Assad en Damasco y Alepo. La mayoría entraron en contacto con la contratista rusa en 2015, durante la segunda gran operación militar en la que Wagner –tras colaborar en la anexión de Crimea– puso a prueba su servicio al Kremlin.

Esta sustitución está «complicando más la estabilidad en la región», explica un alto jefe de las Fuerzas Armadas. Se complica porque Europa se está retirando, pero la yihad de las franquicias africanas de Al Qaeda y Daesh aumenta su libertad de movimientos pese a la presencia ruso-siria que, en realidad, «no están ahí para combatir al terrorismo, sino para escoltar a las élites y proteger los recursos mineros, que son sus fuentes de ingresos», explica.

Alude esta fuente militar a la protección armada de minas de oro, plata y litio en el Sahel, especialmente aquellas en las que invierte el entramado financiero Alpha Group, en el que tuvieron participación los oligarcas Mikhail Fridman (en España tenía los supermercados Dia) y Petro Aven. La otra fuente de ingresos de Wagner en la zona, que se podría estar pagando también con minerales de alto valor, es la escolta a dirigentes de los gobiernos de Malí y Burkina Faso salidos, respectivamente, de los golpes de Estado de mayo de 2021 y enero de 2022. Son golpes de Estado celebrados por el oligarca dueño de Wagner, Yevgeni Prigozhin, como el «inicio de una era de descolonización».

La ‘técnica del golpe de Estado’ fue descrita por el almirante Teodoro Esteban López Calderón ante la Asamblea de la OTAN en Madrid. Wagner «se va expandiendo a base de desestabilizar un país, propiciar el golpe de Estado y después ofrecerse a las nuevas autoridades para ayudarles a restablecer el orden» que ellos mismos han contribuido a romper.

La empresa vinculada a Putin propicia golpes de Estado y luego ofrece sus servicios

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Pero la empresa de mercenarios, pese a su expansión, también arrastra en la zona un corolario de fracasos. En 2022 no pararon los ataques yihadistas –si es que alguna vez se lo propuso– en los territorios donde apoya al gobierno, ni tampoco el paulatino avance de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) desde el Sáhara hacia el Golfo de Guinea, el área donde recalan nuevas rutas de descarga de cocaína americana con destino a Europa.

En el inmenso patio trasero de Europa, la mayor incubadora terrorista y de crimen organizado del planeta, Wagner tendría en este momento tantos hombres bajo mando directo como la Fuerza Conjunta G5 Sahel, que desde 2017 alista con poco éxito a 5.000 soldados regulares de Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad.

El Sahel, ubicado a menos de 200 kilómetros de las costas de Canarias, abarca áreas de Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea y Etiopía, es una zona fronteriza en la que se producen multitud de desplazamientos, tanto internos como de tránsito hacia el norte, a la vez que es un territorio de transición bioclimática. Cada país de la región presenta una realidad particular, pero el caso de Malí es el más preocupante. Tras dos golpes de Estado consecutivos, el coronel Assimi Goita se hizo con el control y ahora capitanea una junta militar que reniega con vehemencia de todos sus lazos con Francia, su antigua metrópoli. El sentimiento anticolonialista instalado entre la población malíense, en parte alimentado por el Kremlin, y el idilio con Moscú han desembocado en la salida de las tropas francesas del país, que llevaban casi una década desplegadas en la operación Barkhane para la lucha contra el yihadismo, y que el gobierno de Malí entregara a Wagner la base de Tombuctú, que fue de los paracaidistas franceses. En ese escenario aborda Europa en 2023 una disminución notable de efectivos militares en esta zona.

La frontera norte de Malí se encuentra a tan solo 850 kilómetros de la costa de Fuerteventura. El hambre, la inseguridad, la falta d de gobernanza y el avance del yihadismo se erigen en causas claras de que el Archipiélago se constituya en una vía de escape para los malíenses. Durante la crisis migratoria de 2020, una de cada cinco personas que arribó a Canarias a bordo de pateras o cayucos procedía de ese país. Así, en solo dos años, unos 6.700 malienses desembarcaron en las Islas.

Francia, Alemania, Chequia y también España se apartan de Malí por detalles como que los soldados que han sido formados por Europa en las EUTM (EU Training Mission) no pasen a prestar servicio a Wagner. Recientemente, en la Comisión de Defensa del Congreso, la ministra Margarita Robles anunció que España reducirá a la mitad sus efectivos en la zona, pese al mando de la misión en Malí que tiene previsto en febrero de 2023. España, principal país aportador de militares del Ejército a la EUTM Malí (1.350 efectivos en 2022), y de guardias civiles para la formación de gendarmes antiyihadistas en la misión GAR-SI Sahel, recorta su presencia, pero el Gobierno -como también el alto representante europeo Josep Borrell- están en la tesis de que «no se puede abandonar Malí, pese a que se ha acercado a Rusia de forma muy evidente».

Brutalidad y miedo

«La opinión pública francesa está cansada. Ha visto volver demasiados féretros: 56», resume un alto cargo de Defensa. Rodrigo Gaona, capitán de la unidad de élite de la Guardia Civil GAR y uno de los jefes de la misión GAR-SI Sahel, relata el método de reclutamiento del yihadismo en la zona: «Entran en una aldea, hacen una matanza, cortan cabezas. Los hombres de las otras aldeas, cuando lleguen los terroristas, no les dirán que no a nada, porque temen que el próximo pueblo con una matanza sea el suyo». Informes en manos de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU apuntan a la posibilidad de que Wagner haga lo mismo, pero en dirección contraria, es decir, que utilice también la brutalidad y el miedo como herramientas para mantener el orden y la fidelidad.

El periodista especializado en África y que reside en Senegal, el canario José Naranjo, expone que todo el mundo sabe que el grupo Wagner está en Malí desde diciembre de 2021 aunque el Gobierno lo sigue negando. Es cierto que el grupo paramilitar no ha conseguido grandes éxitos en la lucha contra el yihadismo. De hecho el terrorismo sigue avanzando y está cada vez más presente en el centro de Malí con ataques recientes alrededor de Bamako, apunta.

La presencia ruso-siria obvia el yihadismo y se centra en escoltar a élites y en las minas

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El modus operandi de los mercenarios cuando apoyan a los soldados malíenses para entrar en los pueblos donde dicen que hay yihadistas es «machacar a todos», sin distinguir si son o no terroristas. Eso ocurrió en la masacre de Moura, en la región de Mopti. En marzo de 2022, las fuerzas armadas de Malí, supuestamente en colaboración con la compañía mercenaria rusa, sitiaron la ciudad durante una operación de nueve días contra los yihadistas. Las fuerzas malíenses atrajeron la protesta internacional después de que Human Rights Watch acusara a Malí y a Wagner de cometer una masacre contra civiles, en la que contabilizaron al menos 300 muertes.

Las acciones de Wagner están estigmatizando aún más a la etnia peul, en Malí, a los que se acusa de complicidad con el yihadismo. Naranjo expone que lo que ha complicado las acciones de estos mercenarios en Malí se debe más bien a dinámicas internas porque, al parecer, tienen un contrato de 10 millones de euros, sumamente caro para el país y, por ello, los están compensando con la minería. Wagner lleva geólogos para explorar las riquezas del país y firmar contratos mineros , ya que Malí es un gran exportador de oro. Y ahora ya se especula, con certeza, de que los paramilitares de Wagner entren Burkina Faso.

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