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Simona Chambi Exempleada del hogar de victoria rosell

«Victoria Rosell pisoteó mi dignidad, quiero que se limpie mi nombre»

«Cada vez que me tocaban a la puerta pensaba que era la Policía para llevarme presa y deportarme»

Simona Chambi, la extrabajadora de Victoria Rosell que se querella contra ella por denuncia falsa. Andrés Cruz

Simona Chambi es natural de Sucre, capital de Bolivia, y llegó a Gran Canaria en 2005 para ofrecerles una vida mejor a sus hijos, que se quedaron en su país natal. En un principio, las cosas no le fueron mal, pero todo cambió al llegar a la casa de la magistrada Victoria Rosell, contra quien se ha querellado recientemente por un delito de denuncia falsa, después de que la acusara de coacciones y extorsión -causa que se sobreseyó-.

¿Cuánto tiempo lleva en Gran Canaria y por qué vino a España a vivir?

Soy de Bolivia, vine de mi ciudad, Sucre, en mayo de 2005 y empecé a trabajar en el mes de junio, con dos médicos que eran de la Península y que fueron mis primeros jefes. Antes de venir, me estaba sacando un visado para ir a Estados Unidos, pero terminando el visado, mi hermano falleció de un infarto -él vivía ya allá-, y mi padre no quiso que fuera porque no quería perder un hijo más. Pasó casi un año desde que esto sucedió, y mi hermana me dijo que viniéramos a España. Ella es la alocada de mi casa, y me terminó convenciendo.

Al final, ese camino fue muy difícil. Hay mucha gente que no entiende lo que hay detrás de emigrar...

Es muy complicado venir a España. Salí de Sucre en la guagua, viajamos toda la noche hasta la ciudad de Santa Cruz, donde cogimos el avión. Es muy doloroso, cuesta dejar a la familia. Yo me quise volver a los cinco meses, por añoranza de mis hijos [llora].

¿Cómo fue trabajar en la casa de Victoria Rosell?

Trabajé durante ocho años, de media jornada, cuatro horas al día de lunes a viernes, aunque me exigían dejar lista toda la casa, y era muy grande, de tres plantas, por lo que siempre terminaba trabajando de más sin compensación. Cuando llegó mi hijo, le dije que quería ir al aeropuerto a recogerlo, y me dijo que fuera, pero que tenía que volver a la casa a seguir con el trabajo. Ella no me dejaba ni media hora. En un principio, me ofreció 500 euros mensuales, y me tenía que dar las medias pagas (la mitad de las pagas extraordinarias), pero jamás las vi. Le exigí que me diera de alta en la Seguridad Social y ella no quiso, y lo necesitaba para renovar mi permiso de residencia. Entonces, le dije que me dejara el contrato y que, si no tenía para pagarle a la Seguridad Social, que yo misma me lo pagaba si hacía falta. Fui tonta, no firmamos porque jamás pensé que me harían esto.

Para usted, todo este largo proceso, ¿ha sido duro?

Muchísimo. Cada vez que tocaban a la puerta, pensaba que era la Policía para llevarme a la Delegación y devolverme a mi país [llora]. Hasta mi nieto, cuando salió en la tele diciendo que la había estado extorsionando, me preguntó que qué era eso de extorsionar. Pensé que era una mujer muy mala por decir esas cosas, y me ponía a llorar. Y el pequeño me decía que no llorara, porque cuando fuera grande iba a trabajar para que yo no tuviera que hacerlo [llora]. Yo sé que tanto ella como su pareja, Carlos Sosa, han querido que me vaya de aquí, pero me dije a mí misma que no había hecho nada malo, que si me tienen que encerrar, que me encierren, pero que no les iba a dar el gusto de huir.

¿Llegó a pensar que lo estaba haciendo como una venganza?

Sí, llegué a pensar que me lo estaba haciendo por la demanda que le había presentado. No quisieron jamás darme ni un euro más de finiquito, pero durante el juicio, me regalaron 1.600 euros de cuatro meses sin trabajar... Me dijo en el juicio que, como las pobres mujeres de estos países lo pasaban tan mal, pues me iba a regalar eso. Pero a mí, ¿qué me iba a regalar? Si en todo ese tiempo no me ofreció ni un café.

Pero finalmente, la Justicia le dio la razón. ¿Ello ha supuesto más tranquilidad para usted?

Todavía siento algo dentro. Me han pisoteado, soy humilde, pero cada persona tiene dignidad. Hasta mis primas de Barcelona llamaban a mi hermana para preguntarle qué había hecho. Me daba vergüenza salir a la calle y encontrarme con la gente del barrio y que me desviaran la mirada.

¿Ha tenido también problemas para encontrar trabajo en este tiempo?

Tras hablar conmigo todos me dicen que parezco responsable y que empezamos al día siguiente. Pero al regresar siempre me ponen alguna excusa y me dicen que ya no necesitan mis servicios. Seguramente ven mi cara y se acuerdan de mí y ya no querían contratarme. Al menos en dos entrevistas me ha pasado lo mismo, y ya no tengo ni ganas de buscar trabajo.

Y ahora que vuelve a los tribunales con esta nueva querella por denuncia falsa, ¿qué espera conseguir de la justicia?

Que limpien mi nombre, más que nada, ojalá que tenga la cara de pedir disculpas. Porque si es verdad que, como dice, es tan feminista, que apoya a las mujeres, es lo que debería hacer y no pisotearnos. Eso es lo que debería hacer: pedir perdón y cumplir con lo que suele decir. ¿A quién apoya realmente?

¿Ha podido sacar algo positivo de todo este proceso?

Sí, me he demostrado a mí misma que no me puedo confiar tanto. Desde que me hizo ir a la Policía, me endurecí más porque fue un poco traumático tener que declarar ante los agentes, nunca me había pasado algo así.

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