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Una ‘sombra’ acompaña siempre a Alba en prisión a la espera de su traslado

El exjuez puede pasear por el patio una vez al día cuando no haya ningún otro recluso | En sus primeros días mantendrá entrevistas con varios profesionales

El exmagistrado Salvador Alba durante el juicio celebrado en su contra en el TSJC, en 2019. | | JUAN CASTRO

Los primeros días del exjuez Salvador Alba en la prisión de Salto del Negro (Las Palmas I) serán atípicos. A la espera de su traslado a algún centro penitenciario con módulo de seguridad especial para autoridades que persiguen delitos (como es el caso de jueces o expolicías), se verá acompañado en prácticamente cualquier desplazamiento que haga por zonas comunes. En el argot carcelario, a este tipo de reos se les conoce como "presos sombra".

El director de Salto del Negro ordena un plan especial de protección para el exmagistrado

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El primer día de Salvador Alba en la cárcel, tras su ingreso este martes en Salto del Negro, ha tenido que seguir el procedimiento habitual tras la entrada de un reo en un centro penitenciario. La guía que la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio de Interior, pone a disposición de los presos indica que tras la identificación fotográfica y dactilar del recién ingresado y otros trámites para determinar su identidad, este se someterá a un primer reconocimiento médico. En la enfermería de la cárcel, el servicio médico comprobará su estado de salud y será el momento en el que deberá poner sobre la mesa cualquier enfermedad que pueda padecer, medicamento que necesite tomar y cualquier otra información que considere relevante y que tenga que ver con sus padecimientos.

Tal y como insistió su defensa en los últimos meses, Alba padece alguna enfermedad que, en su opinión, le impediría, entre otras cuestiones, volar. Igualmente, adujo que sus dolencias eran lo suficientemente graves como para anular su ingreso en prisión, por lo que solicitó un indulto al Gobierno de España -de cuya resolución todavía está a la espera-.

En las sucesivas jornadas, lo normal sería que Alba se entrevistara con diversos profesionales con la intención de analizar su situación familiar y procesal. Es decir, con un trabajador social hablará sobre el contexto en el que deja a su familia tras su ingreso en prisión y a quién autoriza a informar en caso de necesidad, por ejemplo si se produjera algún padecimiento grave. Y, por otro lado, también podría conversar con educadores, juristas o psicólogos que le propondrán actuaciones inmediatas que tiene que realizar, el módulo en el que ha de residir o las ocupaciones que puede tener durante su permanencia en el centro. Teniendo en cuenta las circunstancias especiales del exjuez, este procedimiento será muy distinto hasta que le trasladen a alguno de las cinco cárceles peninsulares en las que puede terminar.

El primer trámite, tras la identificación, es un reconocimiento médico para conocer su estado de salud

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Mientras eso suceda, Alba tendrá una vida carcelaria bastante restringida. En primer lugar, un funcionario tendrá que acompañarle en cualquier desplazamiento que haga por dependencias comunes, ya sea la enfermería, el comedor o las salas para comunicarse con personas del exterior o con sus abogados. Además de esto, no podrá pasear por el patio mientras haya otros reclusos en él, con el objetivo de salvaguardar su integridad, ya que es una autoridad que persiguió delitos -y envió a la cárcel a muchas personas-. Por último, otra medida especial de seguridad le impedirá poder relacionarse con el resto de reos.

Un 'club' de cuatro


Salvador Alba, condenado a seis años y medio de cárcel por manipular una instrucción penal para perjudicar a la jueza Victoria Rosell, pasó a la historia al engrosar la reducida lista de jueces que han ido a prisión en España. Ese dudoso honor lo comparte con otros tres colegas. El caso más conocido es el del recientemente fallecido Pascual Estevill, que tras ocupar una plaza en el CGPJ, acabó en la cárcel al ser condenado a nueve años de prisión por extorsionar a empresarios desde su posición. Otros dos magistrados que acabaron igual fueron los jueces barceloneses Joaquín García Lavernia y Carlos Lorenzo Penalva de Vega, condenados en 1988 a 5 y 4 años de cárcel y a 11 de inhabilitación, por cohecho. | Efe

Todas estas medidas se enmarcarán en un plan específico de protección de su persona que será ordenado por el director de la cárcel de Salto del Negro, Juan Gabriel Jiménez. Otros técnicos de la prisión se encargarán, a su vez, de analizar todas las cuestiones relativas a su traslado. Los cinco centro penitenciarios a los que puede ser trasladado -algo que puede producirse por su propia voluntad, decidiendo el propio Alba a cuál quiere ir, o por determinación de Instituciones Penitenciarias- son Estremera, en Madrid; Sevilla I; Castellón II; Monterroso, en Lugo, y Logroño, en La Rioja.

Al igual que el resto de reclusos, Salvador Alba puede mantener una comunicación personal en los locutorios del centro con familiares acreditados y amigos previamente autorizados durante 20 minutos al día, acumulables a 40 minutos en una misma conversación los fines de semana, así como comunicaciones familiares de entre una y tres horas una vez al mes en un local adecuado para ello.

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