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Pleno del Parlamento de Canarias | Sesión de control al Gobierno

Parlamentarismo ‘low cost’ para un pleno plano

Torres intervino poquito, pero no estuvo mal, sobre todo cuando reconoció que la pobreza se ha parado gracias a las políticas sociales

El portavoz de CC en el Parlamento, José Miguel Barragán, junto al portavoz de ASG, Casimiro Curbelo, ayer. Andrés Gutiérrez

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la política parlamentaria la practicaban personas adultas. El coalicionero José Miguel González –recientemente fallecido– y el socialista Augusto Brito –retirado de la vida pública hace lustros– debatían sobre el desarrollo del Régimen Económico y Fiscal o las relaciones de Canarias con la Unión Europea con conocimiento, rigor y un básico respeto mutuo que no excluía la crítica y a veces el sarcasmo. En realidad fueron dos de los arquitectos del REF de la Canarias autonómica. Es cierto que a González no se le entendía a menudo por su monstruosa dicción y que Brito podía y sabía ser asfixiantemente plúmbeo. Un filósofo norteamericano, John Dewey, valoraba los debates públicos sobre un criterio sencillo: si los debatientes te impulsaban a conocer mejor la materia la discusión era eficiente y eficaz, si no era así, no servía para nada, tampoco democráticamente. Escuchar a González y a Brito te obligaba a entender mejor el REF o la UE para entenderlos mejor a ellos y viceversa. Eso ya no existe. No existe hace un buen rato. Como pudo verse en la primera sesión del pleno parlamentario de esta semana, lo que te encuentras ahora son diputadas y vicepresidentes que enfatizan prioritariamente la infinita ignorancia de la oposición para luego emitir solo groseras simplonerías. Luego están las adolescentes políticas que actúan como groupies del Gobierno y, sobre todo, de su presidente, que incluso en un pleno tan plano como este golpean rítmicamente los escaños embelesadas por su luz carismática; lo harían incluso si Ángel Víctor Torres se limitara a eructar, algo que el presidente, que es un acabado ejemplo de cortesía y buena crianza dentro y fuera de la Cámara, no haría jamás.

El presidente, por cierto, intervino poquito, pero no estuvo mal. Sobre todo cuando a una pregunta oral reconoció que, en fin, puede ser, quizás, sin duda hay que reconocer que ha aumentado la pobreza en Canarias en los últimos tres años, pero que gracias a las sólidas políticas sociales de su equipo de gobierno se ha parado el golpe. Torres lo argumentó como si el informe de Cáritas –que lleva semanas amargándole la vida al Ejecutivo, porque deja en evidencia la delicadísima situación social que se vive en las islas, como el informe del Diputado del Común señala la ineficacia de la gestión de la Dependencia y otras políticas asistenciales– se elaborase antes de que su Gobierno hiciera nada. Pues no: el informe retrata toda la pobreza, la indigencia y la exclusión social que sufre Canarias con sus políticas sociales en marcha. Pero el presidente zanja así las preguntas en los plenos. Bueno, bonito, barato. En el fondo de este discurso está una petición de principio asombrosa. Si este es un gobierno de izquierdas, ¿cómo va a aumentar la pobreza? Para sostener como subtexto de una retórica una tontería de semejante calibre uno debe ir bien servido de soberbia y autocomplacencia gracias a una ideología tóxica. Pero ninguno de esos dos rasgos te libra de la testaruda realidad y sus efectos electorales.

Román Rodríguez sigue viviendo en el mejor de los mundos posibles: el suyo

Román Rodríguez sigue viviendo, por ejemplo, en el mejor de los mundos posibles: el suyo. Tuvo el detallazo de felicitar al PP por su rotunda victoria en las elecciones andaluzas y su virtud de frenar el crecimiento de la ultraderecha. La portavoz conservadora, María Australia Navarro, le recordó astuta y pertinentemente que el PP también le había ganado las elecciones a las izquierdas. María Esther González, que por alguna extraña razón no detecta en sí misma grandes diferencias con Schumpeter, le sirvió a Rodríguez para presumir de sus dotes de estadista. El vicepresidente contó por enésima vez sus encuentros en Bruselas. Su visita y media a la capital de la Unión le ha rendido más titulares y chascarrillos a Rodríguez que a Marco Polo recorrer durante veinte años China y Mongolia. Pero el momento estelar del pleno para el consejero de Hacienda llegó con una comparecencia sobre el objetivo 55 y su aplicación en Canarias. González aclaró que nadie entendía nada al respecto y como no lo entendían algunos solo soltaban tonterías por la boca. «No tienen idea de lo que hablan», sentenció la diputada de NC, que ha convertido la altanería jactanciosa en una de las bellas artes. Enseguida llegó Rodríguez a explicar, como Cantinflas, que allí está el detalle. «Ya sé que todo esto es muy complejo y que para las personas que no conozcan estos asuntos son difíciles de conocer y entender», admitió con gran generosidad el vicepresidente. Rodríguez explicó que en julio de 2021 se aprobó una ley Europea del Clima –la llamó así, sin duda, para simplificar– que contempla, reforma o complementa 14 directrices, normativas e iniciativas en casi todos los ámbitos económicos y sociales, y junto a esta estrategia se ha instituido un Fondo Social sobre el Clima que estará dotado de varios miles de millones de euros entre 2025 y 2030. Eso fue lo que dijo poco más o menos y, con sinceridad, no pareció que desvelase un conocimiento nigromántico. Hasta este cronista conocía tan mistérica información –esos dos parrafitos de la intervención del viceRodríguez– que quizás se trasmita los gnósticos de generación en generación. Todo para concluir que la oposición debería callarse, porque a Canarias, en términos económicos y, sobre todo en materia de transporte, la ley Europea del Clima –o como la llamen los no iniciados– jamás le afectará, porque, como dijo asombrosamente el portavoz socialista, Iñaki Lavandera, además de RUP somos islas, y, por tanto, no pueden ponernos tasas, ni a nosotros ni a quienes con nosotros negocian y comercian, porque nos moriríamos de hambre, y en Estrasburgo no van a dejar morirnos de hambre, con que ya está bien de alarmar indecentemente a la industria turística, sustento de nuestro pan. Es la primera vez que el cronista escucha en el Parlamento de Canarias que la mejor posición que puede adoptar la comunidad autónoma frente a una estrategia energética, económica y fiscal de carácter transversal –legislativa, normativa y reglamentaria– que desarrollará la UE en los próximos 30 años es la inacción. Lo mejor es no hacer nada porque en Europa no tolerarán que caigamos groseramente en el canibalismo.

Todo lo demás fue un poco lo de siempre. El doctor Ponce desde los escaños del PP reclamando inútilmente una estrategia contra el covid este verano y alertando que la pandemia no ha acabado, al contrario, amenaza con las vidas de miles de personas y ocupa ya más de 250 camas en los hospitales canarios. Blas Trujillo le respondió con su habitual aburrimiento. La consejera de Agricultura. Pesca y Ganadería asegurando que las vacas y las cabras no tienen tanto apetito como insinúa aviesamente la oposición. Un nuevo combate de la consejera de Derechos Sociales, Noemí Santana, contra la puñetera realidad, porque nunca debe olvidarse que la realidad es de derechas y siempre intenta dejar mal a las fuerzas progresistas. Un experimento de política ficción solicitado por Casimiro Curbelo para otear el futuro de Canarias a largo plazo (nadie pronosticó el final de los karaokes) que la gente se tomó más o menos en broma. Y un descubrimiento para los más olvidadizos: todavía no está aprobado el catálogo de prestaciones que debe acompañar a la ley de Servicios Sociales, promulgada en la primavera de 2019. La diputada Cristina Valido advirtió que aprobar el catálogo sin un consenso con las entidades del tercer sector originará problemas legales y asistenciales. La señora Santana sonreía desde su escaño y de vez en cuando tomaba alguna nota. En ese momento, o quizás antes, el cronista se fue a inyectarse un calmante para limitar el impacto de un cólico nefrítico bastante doloroso. Pero de camino al centro médico no estaba seguro si era preferible marcharse o quedarse.

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