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Medalla de Oro de Canarias 2022

Miguel Velázquez Torres: "Antes el boxeo era más bruto y más gallardo, había una mayor exigencia en los combates"

Estoy muy agradecido por todos estos premios, aunque me faltaba este galardón de la medalla de Oro de Canarias, que creo que me la merecía

El boxeador tinerfeño Miguel Velázquez Torres, Medalla de Oro de Canarias 2022. | | E.D.

Su carrera profesional se extendió durante casi dos décadas. Un balance de 66 victorias, cuatro derrotas y tres nulos. Oro en el Campeonato del Mundo Militar, campeón de España, de Europa y del Mundo, olímpico en Tokio 1964... ¿Siente que una carrera tan exitosa como la suya en el ring tiene el reconocimiento que se merece?

Tengo una medalla de oro y dos de plata al Mérito Deportivo del Consejo Superior de Deportes, y la Real Orden al Mérito Deportivo concedida por el Rey; el Cabildo de Tenerife me concedió el honor de ser Hijo Ilustre y tengo una plaza con mi nombre en Santa Cruz de Tenerife. Estoy muy agradecido por todos estos premios, aunque me faltaba este galardón de la medalla de Oro de Canarias, que creo que me la merecía.

¿Cómo recibía la noticia de la concesión de la Medalla de Oro de Canarias 2022?

Con mucho orgullo, aunque he tenido que esperar bastante tiempo para que se diera este momento; hay que tener en cuenta que hace más de 40 años que ya no boxeo, y que me reconozcan mi trayectoria después de todo este tiempo supone un valor añadido.

¿En qué ha cambiado el boxeo actual con respecto al que se practicaba en su época?

Ha cambiado enormemente. Los boxeadores de ahora no se entrenan como lo hacíamos antes, principalmente porque la exigencia que teníamos en los combates era mucho mayor que la que tienen actualmente. El árbitro, en la actualidad, para mucho las peleas; desde que a uno de los boxeadores le sale un poco de sangre de la nariz o pierde el protector bucal, en seguida detienen el combate para que le limpien la nariz o se coloque de nuevo el protector. Cuando yo boxeaba, se te podían caer los dientes o te abrían una ceja que no pasaba absolutamente nada, la pelea seguía adelante. Antes el boxeo era más bruto y a la vez más gallardo.

¿Quiénes fueron sus referentes en el ring?

En mis comienzos me fijaba en Juan Albornoz Sombrita y en Lelo Suárez. En aquella época había muy buenos boxeadores canarios.

¿Y qué le parece que ahora muchos boxeadores compitan en las artes marciales mixtas?

Las artes marciales mixtas me parecen una barbaridad. Los deportistas de cualquier disciplina somos ante todo personas, y en ese deporte se está atentando contra la integridad física del adversario. En el boxeo hay una serie de zonas del cuerpo en las que está prohibido golpear y sin embargo en esa disciplina no; en mi opinión es una brutalidad.

¿Cuál es el boxeador más duro al que se enfrentó durante su carrera deportiva?

Hubo muchos, pero creo que el mejor al que me enfrenté fue el escocés Ken Buchanan, un boxeador que durante bastantes años fue campeón del mundo.

¿De qué combate, de los muchos que protagonizó, guarda un mejor recuerdo?

Recuerdo de forma especial mi combate con Pedro Carrasco, que fue muy duro y competido (el tinerfeño perdió por exigua diferencia a los puntos esta pelea celebrada el 13 de junio de 1969 ante 12.000 personas con el título de Europa en juego).

¿Qué necesita tener un púgil para alcanzar el éxito en un deporte tan competitivo y duro como es el boxeo?

Se necesita mucha dedicación, trabajo, constancia y mucha necesidad de querer crecer en la vida.

¿Su consejo para un boxeador joven que aspira a entrar en el mundo del profesionalismo?

No deben de ser vagos a la hora de entrenarse. Un boxeador tiene tres hándicaps a superar si quiere tener éxito: dedicación, condición técnica y condición física. Si falla una, las otras no valen. Mi entrenador, Pampito Rodríguez, me decía siempre ‘mañana más’. En no descansar reside la principal virtud. Un corredor de fondo no puede descansar, debe correr hasta llegar a la meta. Al boxeador le pueden cazar con un buen golpe en cuanto se cansa y baja la guardia.

¿Qué sentía cuando subía al ring y miraba los ojos del rival?

No siempre se siente lo mismo. En ocasiones puedes sentir lástima, inquietud, desconcierto, también depende del adversario y de la inquietud que tengas antes de ese combate.

¿Cuándo sabe un boxeador profesional que ha llegado el momento de decir adiós?

Sólo hace falta mirarse a uno mismo y recordar cómo era cuando empezó, cómo era cuando estaba en la cumbre y en qué momento te encuentras. Todo tiene una cuesta arriba, una línea recta y una cuesta abajo, y no hace falta llegar a la cuesta abajo para tomar esa decisión. Cuando los combates empiezan a ser cada vez más difíciles, cuando los adversarios empiezan a ser mucho más jóvenes, es cuando tienes que darte cuenta de que ha llegado el momento de colgar los guantes. Tuve muchas ofertas después de perder el Campeonato del Mundo, pero tenía claro que mi momento de dejarlo había llegado.

¿Es muy difícil tomar la decisión de retirarse?

Depende de lo que te quieras a ti mismo y a tu familia. Yo tenía hijos y no quería quedarme atontado por ganar un poco más de dinero. No vale la pena.

¿Qué sintió al representar a España en los Juego de Tokio en 1964? ¿Y del combate que perdió a los puntos con el púgil local Hoji Yonekura?

Representar a tu país en unos Juegos es una de las glorias máximas que puede tener un deportista. A unos Juegos acuden solo los mejores de cada país. En cuanto al combate que dice, en esa época España estaba inmersa en plena dictadura franquista y en muchos aspectos nos tenían algo de manía en el resto del mundo. Los árbitros, que eran casi todos europeos y algún americano, barrían para casa cada vez que podían; muy pocas medallas conseguíamos.

¿Luego vivió la experiencia olímpica desde otro prisma, como seleccionador en los Juegos de Barcelona en 1992?

En Barcelona ya éramos libres. Mi labor en el rincón era la de intentar ayudar al deportista. Personalmente, me quedo la experiencia que me tocó vivir como boxeador, porque boxear es lo que más me gustaba hacer.

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