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Las dos orillas de Jinámar

La gente del Valle vive a caballo entre la capital y Telde | Ambos municipios han abandonado la idea de mancomunar servicios para resolver los múltiples problemas y recabar más fondos

Valle de Jinámar, con el barranco, que establece el linde entre los municipios. Andrés Cruz

Los vecinos y vecinas del Valle de Jinámar viven a caballo entre Las Palmas de Gran Canaria y Telde, pero muchos se sienten ignorados por ambos municipios. Hace 37 años, cuando el abandono era total y absoluto llegaron a plantearse la independencia, una idea que hoy ha desechado la mayoría, porque la situación ha mejorado. Pese a ello, el sentimiento de desamparo sigue presente a ambos lados de la frontera. Ese mismo sentimiento fue el que los unió entonces como una piña para defender sus derechos y unas condiciones de vida dignas y el que ha conformado una fuerte identidad y orgullo de barrio, pese a que los primeros pobladores procedían de puntos bien diferentes cuando fueron realojados en aquellos bloques de un gigantesco polígono levantado en medio de la nada. Algunos defienden que mancomunar servicios podría resolver sus problemas, pero tampoco están muy convencidos de ello.

El barranco de Las Goteras, que cambia su nombre por el de Jinámar tras cruzar la carretera general y entrar en el Valle, es el límite que parte el barrio en dos y marca la frontera entre la capital grancanaria y Telde. Buena parte del cauce discurre bajo tierra pero reconocer la frontera entre las dos orillas no es difícil, por el pésimo estado en que se encuentra la parte de la capital. Calles sin asfaltar, jardines abandonados, eriales llenos de basura, aceras rotas o inexistentes delatan el abandono histórico que ha sufrido ese lado. En los últimos años se han realizado inversiones y el pabellón deportivo, largamente demandado, que se iniciará dentro de poco forma parte de ellas, pero aún falta mucho para dotar a la parte capitalina de unas condiciones mínimamente dignas. La gente de ambos lados se queja por igual de la falta de atención en los servicios y, sobre todo, demandan políticas sociales y de formación y empleo, algo lógico en un barrio tan golpeado por el desempleo y la pobreza, donde el absentismo escolar vuelve a crecer tras la pandemia. Sin embargo no hay que esforzarse mucho para comprobar que la zona de Telde está mucho mejor dotada en cuanto a servicios y equipamientos.

17.901


Habitantes


  • El Valle de Jinámar tiene 17.901 habitantes, de los cuales 14.404 viven en la zona de Telde y 3.044 en la de Las Palmas.

El parque de las mil palmeras, verdadero pulmón del barrio al que acuden a diario cientos de vecinos, es una de los equipamientos por los que apostó hace años Telde, así como múltiples instalaciones deportivas, un centro para personas sin hogar, el Rastro y la única escuela infantil gratuita de 0 a 3 años que existe en el barrio, la única dotación teldense de la que no se benefician los vecinos de Las Palmas.

Telde ha iniciado también la rehabilitación de las viviendas más antiguas del barrio, mientras al otro lado de la frontera siguen esperando. Eso no significa que no haya carencias y muchas en la parte teldense. Ambos municipios han anunciado desde 2011 su deseo de mancomunar servicios para solucionar los graves problemas del barrio y unir fuerzas para reclamar fondos europeos y de otras administraciones, pero la falta de voluntad real por ambas partes ha impedido que se establezcan políticas comunes. La única experiencia de organismo conjunto tuvo lugar en la segunda mitad de los años ochenta durante la presidencia de Jerónimo Saavedra, cuyo gobierno, espoleado por el drama social y la presión vecinal, asumió las competencias del polígono a través de una gerencia, un referente administrativo único que «supuso una cascada de infraestructuras, colegios, un centro de salud, guarderías, pero también la desvertebración del movimiento vecinal», recuerda el profesor de Sociología, Federico González Ramírez, cuya tesis doctoral explica el nacimiento del Polígono de Jinámar y el aislamiento y la extrema marginación que sufrieron sus primeros pobladores.

Gabriela, vecina de la tercera fase de Las Palmas, justo en la frontera, que se distinguía al vuelo hasta hace poco por el calamitoso estado del asfalto, no cree que la mancomunidad de servicios mejore la situación. «Esto es una zona muy grande», explica, «difícil de manejar, con mucha población en circunstancias difíciles y el problema está en que muchas de las políticas que se hacen no tienen resultados reales. La política parece basarse ahora en salir en los medios y hacer cosas que se rentabilicen a corto plazo. Y aquí el corto plazo no funciona», se necesita una labor continuada en el tiempo para acabar con la pobreza, advierte.

La falta de mantenimiento de los servicios es a su juicio otra de las múltiples asignaturas pendientes. «Vienen, hacen un poquito y luego tardan tantos meses en volver que es como si no hubieran hecho nada porque a eso se añade los pocos que destrozan. Aquí vigilancia poca, cuidado poco. Los edificios se están cayendo a cachos y Visocan hace la vista gorda. Las tuberías están fatal. En Telde sí están rehabilitando y en la Vega de San José también, aquí no pese a que tenemos la misma antigüedad». Subraya, no obstante, que la parte de Telde no está mejor, «aunque lo aparente».

Y es que muchos de los problemas de Jinámar están directamente relacionados con su desastroso origen en 1980, cuando los primeros vecinos del barrio fueron abandonados literalmente en la periferia de los dos municipios, en medio de una antigua finca -adquirida al conde de la Vega Grande- sin agua, sin luz, sin transporte público, sin aceras, sin una triste tienda. Aquello fue algo así como un destierro a 10 kilómetros de la capital grancanaria y a seis de Telde en una especie de chabolismo vertical, concebido por el antiguo Ministerio de Obras Públicas (MOPU) como la fórmula para dar respuesta habitacional al desorbitado crecimiento de la población.

5.992


  • La renta media anual por persona se cifra en 5.992 euros en la zona de Las Palmas y en 6.786 en la de Telde. Figura entre los barrios con mayor vulnerabilidad social de Canarias.

Federico González Ramírez habla de un proceso de segregación programada de familias de la clase obrera. El de Jinámar fue el último polígono de construcción masiva de casas sociales y el de mayores dimensiones. «Pretendía el desarrollo de una ciudad alternativa, que no sería ni ciudad ni alternativa y supuso la ruptura de la estrategia de crecimiento de ambos municipios», señala el sociólogo, quien añade que cinco años después de su creación el desempleo de la población se disparó y llegó al 54,57%. Paula, vecina de Telde y barrendera en la zona de Las Palmas, formó parte de esos primeros pobladores del Valle. Tenía cinco años cuando llegó y aún recuerda la falta de luz y agua. «Nos alumbrábamos con un compresor», también necesario para el funcionamiento de los ascensores, y «tuvimos que ponerles rejas para que no nos quitaran los motores. Esto ha avanzado en los 40 años que han pasado, pero mi calle da vergüenza. Aquí lo que hay es mucha miseria».

Dominga, de la parte de Las Palmas asegura que «está más arreglada la zona de Telde que la de Las Palmas. De todo lo que pasa aquí en el límite, no se hacen cargo ni estos ni aquellos. Los agujeros de las carreteras son así de grandes, aunque agüita con lo que hay en Telde también. Los edificios están llenos de humedades y para las personas mayores no hay nada de nada». Los impuestos, dice, son más caros en Telde, donde, «las ayudas sociales tardan más que en Las Palmas».

César Santana, vecino de Telde y barrendero en Las Palmas plantea la necesidad de reactivar económicamente la zona y «resolver los problemas de transporte, iluminación y dotarla de zonas de ocio».

Lo que más indigna a Francisco Suárez, dirigente de la asociación de vecinos Thenesor, es la cantidad de millones que se enterraron en obras que nunca funcionaron como la piscina que se llegó a hacer y nunca funcionó en la zona donde hoy está el Parque de las Edades, el tanatorio que se construyó en Telde con fondos Zapatero en la parte de atrás de la Casa de la Condesa y el edificio del Spar, que primero iba a ser la comisaría del barrio, después oficinas municipales y hoy sigue vacío.

Muy crítica con ambos ayuntamientos se muestra la también fronteriza Iris Rodríguez, cuya tesis de fin de grado, denominada Poligoneras. Mujeres en el movimiento vecinal del Valle de Jinámar, reivindica el papel fundamental que jugaron las mujeres en las luchas vecinales de los ochenta para mejorar el barrio, aunque los líderes eran hombres. Critica el Plan Integral de Telde porque a su juicio «no se ha tenido en cuenta a los vecinos» y no ve muy clara una gestión única. «Más que mancomunar servicios, lo que queremos es participación ciudadana. Lo que hace falta de manera urgente son más políticas sociales porque las personas se están muriendo literalmente de hambre. Realmente hay un completo abandono en todo el barrio por parte de los dos ayuntamientos. No se preocupan ni por los vecinos y las vecinas ni porque podamos tener unas infraestructuras decentes, que permitan a la gente tener una vida digna».

1980


Creación


  • El barrio nació en junio de 1980. Las primeras 1.116 familias procedían de Las Palmas (634), Telde (417) y las 65 restantes eran evacuadas del Sáhara.

Federico González, por su parte, atribuye el mayor «protagonismo de Telde en afrontar su responsabilidad institucional con el Polígono de Jinámar» a que «aproximadamente el 80% del territorio está en Telde y el 20%, en la capital. El 80% de la población también está en Telde. Recuerda el proyecto que aportó el Ayuntamiento capitalino al Plan Integral de Telde, en el que se planteaba crear una Autoridad Única para todo el Valle, una «especie de alcaldía que aunara las competencias. Hoy en día creo que no es factible por el liderazgo de Telde los últimos años, pero los ciudadanos ganarían mucho con la mancomunidad de los servicios». En palabras del sociólogo, «la verdadera frontera de este tipo de entornos urbanos al margen de las ciudades es precisamente las condiciones de vida que se crearon, con escaso acceso a servicios públicos y sobre todo excluidos de las ciudades precedentes. Esa es la frontera que creo que se está tratando de diluir con los programas públicos tan importantes que se están llevando a cabo».

El concejal de Vivienda y del distrito de Jinámar por el Ayuntamiento de Telde, Servando González, sostiene que «cada ayuntamiento, dentro de las posibilidades que tiene, intenta resolver los asuntos de cada uno de sus vecinos». Cuando hay algo que afecta a las dos administraciones», añade, «no suele haber ningún inconveniente para alcanzar un acuerdo. A nuestros recursos acuden todos los vecinos, independientemente de la zona en que estén». Aunque cree que el Valle «funcionaría mucho mejor mancomunando servicios», asegura que ese horizonte no está cercano. «Hemos recorrido la travesía del desierto. Hemos pagado la deuda y estamos intentando recuperar servicios básicos. Hemos rehabilitado ya 1.700 viviendas de las más de 4.000 que hay, estamos a punto de licitar las 62 de la cuarta fase y seguiremos con la parte alta».

Desde Las Palmas, el edil de Urbanismo y Vivienda Javier Doreste da por muerto el proyecto de autoridad única para mancomunar servicios. «Nunca cuajó porque no hubo voluntad política por parte de nadie, aunque Jinámar tiene entidad suficiente para crear una especie de gerencia. Ese es el futuro». Recuerda que este año se va a presentar un proyecto a los fondos europeos para llevar a cabo la rehabilitación integral de las 1.300 viviendas de Las Palmas y una reurbanización de toda la zona. También se ha encargado, subraya, un diagnóstico participado con los vecinos y admite que a los residentes les «sobran razones» para quejarse. El dirigente vecinal Blas García, uno de los que lideró las movilizaciones de los años 80, es de los que sigue pensando que la independencia es la «única solución» para resolver los problemas del Valle. «Las cosas han mejorado mucho, pero sigue habiendo problemas. Jinámar para salir de su actual estado o es independiente o tiene que haber una administración única en la que participen los dos municipios, el Cabildo y el Gobierno canario. Estamos desatendidos por todas estas administraciones y aunque Jinámar ha dado un paso de gigante, sigue estando marginada. Necesita, por ejemplo, un centro de especialidades y, sobre todo, políticas sociales y de empleo. Lo ideal es que los vecinos y los diferentes gobiernos se sienten a hablar. El potencial de Jinámar es muy grande si la gente se despierta», sostiene.

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